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Hemos entrado en el ENFRIAMIENTO GLOBAL, de la mano de las manchas solares

12/03/2010 20:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El calentamiento global causado mayormente por el hombre, habrá influido ya en la biodiversidad, y no hay que bajar la guardia. Sin embargo lo que nos viene es una era polar. Ignoramos sus consecuencias

Hace casi cinco años que Diáspora comenzó a hablar de una era polar que se nos venía encima cuando el calentamiento global estaba en auge. El trabajo causó impacto entre algunos científicos y usuarios que quizás miraran la cuestión climatológica a corto plazo. Nosotros la veíamos a través de los años y hasta a través de los siglos no refiriéndose exactamente a un recalentamiento o un enfriamiento sino al cambio. Aquí publicamos primero lo que entonces decíamos ilustrado con nuestro criterio de una era polar y también el título lo que contrastaba con gran parte de nuestro trabajo. Hoy lo reproducimos como referencia a nuestro escepticismo pero también la actualidad de la era casi polar en que estamos. Ahora la llamamos enfriamiento global. Lo referente a los reportajes anteriores, irá en el mismo tipo de letra, lo nuevo lo presentaremos en letra cursiva.

Londres (2005).- Extraños fenómenos migratorios observados en África, la desaparición desde hace quince o veinte años de murciélagos, anfibios, especies de aves, mariposas, etc..., tienen preocupados a los climatólogos del mundo, porque suponen un misterio al que ningún científico ha sabido dar una explicación convincente.

Desde luego el cambio climático tiene en gran parte su culpa. Ya en la XII Conferencia Internacional del Clima, celebrada en Nairobi (la primera vez en la África subsahariana) todos los delegados estaban consternados por la ola de calor y las sequías reincidentes, que según el economista Nicolás Stern podían costar al mundo siete trillones de euros. Algo hay que hacer; algo está cambiando.

Los anti-Kyoto, encabezados por George W. Bush, presidente del mayor país contaminante del planeta, no ratificarán el Protocolo de Kyoto y si alguien espera que un nuevo presidente norteamericano lo haga, puede esperar sentado, dormitando.

El 2004 se despedía con un tsunami en Indonesia que provocó 232.000 muertos. Unos días después, un temporal de lluvias en el norte de Europa causa 18 muertos y obliga a evacuar a miles de personas. En febrero el agua cobra de nuevo protagonismo, primero con intensas nevadas en Pakistán que originan la rotura de tres presas. Luego serán las lluvias torrenciales las que acaben con la vida de 630 pakistaníes. La tierra tiembla en Irán y se cobra la vida de 602 personas. Al mes siguiente una ola de frío sin precedentes deja un reguero de 500 muertos en Afganistán. Unos días después esa misma zona se ve invadida por el agua y mueren 200 personas. Vuelven las aguas a salirse de sus cauces provocando la muerte a 80 chinos y dejando sin hogar a más de dos millones.

Empieza julio y el país de la Gran Muralla sigue padeciendo fuertes lluvias torrenciales que causan el desbordamiento de varios ríos. Balance, 669 muertos y 167 desaparecidos. La India padece una de las mayores inundaciones de su historia y mueren por esta causa 891 personas. En septiembre los tifones Nabi, Talim y Khanun visitan Japón y China sembrando la muerte a su paso. A principios de octubre un seísmo de 7, 6 grados Richter rasga la tierra en la región de Cachemira, entre India y Pakistán, dejando sin hogar a más de tres millones de personas. Perdieron la vida 91.350. Como dato resumen hay que añadir que 2005 -según señalan los expertos- es el año más caluroso del que se tenga registro y que fotos tomadas este año vía satélite muestran que el hielo del Ártico se ha reducido en un 20% respecto de 1978. El dato más preocupante es la magnitud y velocidad de este deshielo que según comentan, carece de precedente.

Los científicos como Michel Jarraud, secretario general de la Organización Metereológica Mundial alertan de que el impacto del cambio climático es mucho más rápido de lo que hace tiempo se pronosticaba. Nos encontramos ante un período impredecible de la historia que no cuenta con antecedentes

Respecto a las olas de calor y las sequías, algunos alegaron que ninguna de las actuales puede compararse con la sequía de 1976, en aquel dramático verano en que el Norte y África se vieron azotados por la sequía del siglo.

Según Michael Knobelsdorf, célebre meteorólogo alemán, Europa ?desde que existen registros (1870)- jamás había conocido un periodo seco tan prolongado.

Una máquina natural rige el tiempo atmosférico ?una máquina de aire, agua y hielo, movidos por la luz del sol. O por ‘ El Niño’ . O por los tsunamis. ¿Pero es que el hombre conoce su funcionamiento? he ahí el quid del problema.

El hombre no alcanza a conocerlo, esa es la realidad

El que en Europa haga sol o nieve depende en gran parte de lo que ha sucedido en Terranova hace unos días, en los océanos tropicales durante las semanas pasadas y en el Ártico a lo largo de todo el año. También depende ?para las regiones mediterráneas y costa cantábrica de la península ibérica- de la Corriente del Golfo de México, que templa algunas zonas del viejo continente. Luego nos referiremos a eso.

A causa de estas interconexiones el tiempo hay que estudiarlo globalmente y es por eso que se suele hacer lo que se llama Experimento Atmosférico Global, en que se movilizan muchos elementos. Las 9.500 estaciones atmosféricas a lo largo del globo y cientos de globos atmosféricos y boyas, las observaciones de los satélites meteorológicos, etc, permiten un estudio en profundidad del tema que tratamos. Y aún así...

Mirando a los climas del pasado en relación con el de hoy, se puede leer el libro de bitácora de los viejos marinos o medir los círculos paralelos de los árboles centenarios... si quedan. En cuanto a las opiniones de los climatólogos a veces alarmantes y con frecuencia contradictorias, las posiciones se pueden resumir o encajar en tres grandes pronósticos en cuanto al tiempo que reinará del 2010 en adelante.

Los climatólogos alertaban ya en 1950 que el hemisferio norte se estaba enfriando

El tiempo está empeorando. Algunos climatólogos piensan que el hemisferio norte se está enfriando claramente desde 1950 y que la estación apta para recolectar las cosechas es más corta de lo que solía ser hace cuarenta años. En este aspecto 1940 representa el clímax, en calor, a partir del cual vamos a un clima frío similar al del siglo XIX. Quizá a una ‘ breve era glaciar’ parecida a la que experimentó el hemisferio norte del siglo XV al XIX.

Shakespeare (1564-l6l6) solía decir con frecuencia cuando hacía frío en Inglaterra: ‘ Hoy también ha llegado la leche completamente helada a casa’ . Pero más de dos siglos después, el gracioso personaje de Dickens, Mr. Pickwick, se la pasaba jugando sobre el Támesis helado. Hubert Lamb, un pionero de la investigación climática moderna, director hasta fecha reciente de la Estación de la Investigación Climatológica de Norwich, opina que vamos hacia un período de estaciones más frías y más variables, que probablemente se parecerán a las de la Inglaterra de esos días...

¿Cuál puede ser la explicación de esta ‘ breve era glaciar?’ , que se parecerá a la comprendida exactamente entre 1430 y 1850. Tom Wingley, sucesor de Lamb, dice que está causada por fenómenos solares.

Los registros astronómicos muestran una extraordinaria escasez de manchas solares de 1645 a 1715, con lo que se produjo un período de mucho frío. John Eddy, del Centro Nacional Atmosférico de los Estados Unidos, dice que la intensidad solar cambia en ciclos de 2500 años. Si eso es cierto la leyenda germánica de hace más de un millar de años referida a Islandia en la que se lee: ‘ El fin del mundo empieza con un verano que no es verano’ ?parece una lúgubre profecía. ¿Es que en 1998 hubo realmente un verano-verano?

1859, la primera tormenta solar con manchas: la fulguración de Carrington

En el año 1859 se produjo una gran fulguración solar. La tormenta solar de 1859 fue la más potente tormenta solar registrada en la historia. A partir del 28 de agosto, se observaron auroras que llegaban al sur hasta el Caribe. El pico de intensidad fue el 1 y 2 de septiembre, y causó el fracaso de los sistemas de telégrafo en toda Europa y América del Norte. Parece que estos tipos de situación sólo se producen cada unos 500 años aproximadamente, según los estudios de muestras de hielo. Los primeros indicios se detectaron a partir del 28 de agosto de 1859 cuando por toda Norte América se vieron auroras boreales. Se vieron intensas cortinas de luz, desde Maine hasta Florida. Aún en Cuba los capitanes de barcos registraron a los cuadernos de bitácora la aparición de luces cobrizas cerca del zenit. En aquella época los cables del telégrafo, invento que había empezado a funcionar el 1843 en los Estados Unidos, sufrieron cortes y cortocircuitos que provocaron numerosos incendios, tanto en Europa y en Norteamérica. Se observaron auroras en zonas de baja latitud, como Roma, Madrid, La Habana y las islas Hawai, entre otras. En las Islas Baleares encontramos una referencia en el Diario de Menorca.

Fue la interacción más violenta que nunca se ha registrado entre la actividad solar y la Tierra. La acción del viento solar sobre la Tierra el año 1859 fue, de mucho, la más intensa de la qué se tiene constancia. El día 28 de agosto aparecieron numerosas manchas solares, y entre los días 28 de agosto y 2 de septiembre se declararon numerosas áreas con fulguraciones.

A veces, se habla de la fulguración de Carrington debido a que este científico hacía unos bocetos de un grupo de manchas solares se dio cuenta de un intenso estallido de luz blanca que parecía salir de dos puntos del grupo de manchas. Quiso compartir el espectáculo con alguien pero no había nadie más en el observatorio. Imagen del Sol donde pueden verse en la parte inferior unas manchas solares.

Si la tormenta de Carrington no tuvo consecuencias brutales fue debido a que nuestra civilización tecnológica todavía estaba al principio. Según los registros obtenidos de las muestras de hielo una fulguración solar de esta magnitud no se ha producido en los últimos 500 años, aunque se producen tormentas solares relativamente fuertes cada cincuenta años, la última el 13 de noviembre de 1960.

La aparición de manchas solares, la actividad magnética, y otros datos relacionados con estos fenómenos siguen un ciclo que dura 11 años. El ciclo actual empezó el mes de enero de 2008, tras la pausa actual, llevarán unos cinco años la actividad solar será cada vez mayor. En los últimos 11 años han explotado en la superficie del Sol unas 13.000 nubes de plasma y unas 21.000 fulguraciones solares.

Nadie vivo hoy ha experimentado una tormenta de estas proporciones, pero Kenneth G. McCracken de la Universidad de Maryland descubrió en los núcleos de muestras de hielo de la Antártida y Groenlandia aumentos bruscos de nitratos, que ya se conocía que correspondían a intensas ráfagas de viento solar. La anomalía de nitratos de 1859 es la mayor en 500 años y equivale a la suma de episodios más importantes en los últimos 40

La gran tormenta de 1859 fue precedida de la aparición, en el Sol, de un grupo numeroso de manchas solares cercanas al ecuador solar, casi en el momento de máxima actividad del ciclo solar, de una magnitud tan grande que se podían ver a simple vista, con una protección adecuada.

Una tormenta solar de esta magnitud tendría graves consecuencias para la civilización actual. Los rayos cósmicos erosionan los paneles solares de los satélites artificiales y reducen su capacidad para generar electricidad. Muchos satélites de comunicaciones, por ejemplo la ANIK E1 y la E2 en 1994 y Telstar 401 de 1997 han resultado dañados por este motivo. Un caso un poco diferente se debe a la expansión de la atmósfera por los rayos X que produjo daños al Asko japonés el 14 de julio de 2000.

En el año 1859, el invento del telégrafo se había producido 15 años atrás y la infraestructura eléctrica estaba realmente en su infancia. La tormenta solar de 1994 causó errores en dos satélites de comunicaciones, afectando a los periódicos, las redes de televisión y el servicio de radio en Canadá. Otras tormentas han afectado sistemas desde servicios móviles y señales de TV hasta sistemas GPS y redes de electricidad. En marzo de 1989, una tormenta solar mucho menos intensa que la perfecta tormenta espacial de 1859, provocó que la planta hidroeléctrica de Quebec (Canadá) se detuviera durante más de nueve horas; los daños y la pérdida de ingresos resultantes fueron gigantescos, pero la lección de Carrington la aprendieron todos los científicos y sus manchas solares tuvieron el carácter de una profecía.

Los mayas lo sabían muy bien. Y así lo dejaron apuntado. Las manchas solares estaban indisolublemente vinculadas con ciertas catástrofes sobre la tierra.

Para el año 2005 se esperaba que no hubiera grandes influencias con el ciclo de las manchas solares. Era un año mínimo (no un máximo como se espera para 2012) y nada estaba fuera de los planes de los científicos. Hasta que apareció una mancha solar 715 clase X2 y muchas otras que le siguieron de gran poder solar.

¿Qué son las manchas solares? Son tormentas magnéticas de un tamaño más grande que la Tierra que suceden en el Sol, y dejan su impronta siendo algo más oscuras que el resto. Son 1500 grados más frías, lo que las hace más oscuras en contraste con el resto del Sol de calor promedio 5800 grados. Las manchas solares tienen ciclos. En el actual, llegó a su mínimo en el año 2006. El ciclo que ahora cruzamos, el vigésimo cuarto, llegará a su punto máximo en 2012.

Las explosiones solares crecen cuanto aumentan el número de manchas solares.

‘ Hay una correspondencia de 96 por ciento entre las manchas del Sol y otras actividades solares’ , indica Harry Van Loon, físico del Instituto de Investigación Colorado Research Associates, y el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas.

‘ El año 2005 fue el último y el más espectacular de una serie de recientes y perturbadoras excepciones a la regla de los ciclos de las manchas solares. Ese año se produjo más o menos la cantidad esperada de manchas solares, pero la actividad solar general fue la más elevada de todas las registradas para un año mínimo, y según algunas mediciones fue muy superior a la actividad de un año máximo típico.’ , indicó Lawrence Joseph, periodista científico que escribió Apocalipsis 2012.

Ahora bien, en el año 2005, amén de estos registros de manchas solares y estallidos del sol, se produjeron varios hechos significativos que merecen ser tomados en consideración. Me refiero al Volcán Llamatepec de El Salvador que entró en erupción dejando 2 personas muertas y miles que tuvieron que huir, el huracán asesino Stan que creó un infierno durante 5 días lanzando cantidades de lluvia sin precedentes en El Salvador, Guatemala y el sur de México, y el terremoto, en seguidilla, de 5.8 en la escala de Ritcher que golpeó Guatemala y El Salvador, provocando deslizamientos de la tierra, además de destruir todo tipo de cosas. Estos hechos sucedieron luego del publicitado Huracán Rita y el Wilma hicieran destrozos en lo que fue la mayor tormenta del año.

Desde hace años, extraños fenómenos observados en los animales hacían preveer un cambio de clima o un apocalipsis para el 2020. ¿Dónde estamos ahora?

Ciertamente no hay evidencias que las manchas solares hayan sido las causantes de tales catástrofes. Al menos las que piden los científicos. No obstante, creo que el calentamiento global podría causar tales estragos catastróficos y es algo ya a estas alturas inevitable.

Calentamiento que hoy vemos fundir a la Antártida haciendo que la plataforma de hielo Wilkins, del tamaño de Jamaica, en la península antártica se desprendiera.

El director de la investigación, Eric Steig indica: "Suele decirse que la Antártida está aumentando su congelamiento, pero no es así, de hecho, en su totalidad el continente se está recalentando" Y en la misma magnitud que el resto de la Tierra.

No hay duda de que el calentamiento en el golfo de México abasteció de más energía a aquellos huracanes. Así lo afirman también en un articulo ‘ ¿Estamos empeorando los huracanes?’ que la revista Time publicó con la opinión de varios científicos.

Ahora bien, las tormentas solares no sólo pueden provocar alteraciones en nuestro Planeta, de formas que tal vez ni sospechamos, sino que nos envían protones de una forma realmente intensa, como sucedió en 2005. ‘ La tormenta de protones más intensa en varias décadas’ , escribió la NASA en un informe.

"Hemos sido golpeados por intensas tormentas de protones con anterioridad, pero nunca con tanta rapidez", dice el físico solar Robert Lin de la UC en Berkeley. "Las tormentas de protones normalmente se desarrollan horas o incluso días después de una erupción".

Los hallazgos que hemos descrito fueron publicados en la prestigiosa revista Geophysical Review Letters. Y analizan, como digo, que el próximo ciclo solar que se inició en 2007 será entre un 30 y 50% más poderoso, produciendo todo un record en las estadísticas, cuyo clímax será en el 2012.

Influencia en el clima de las manchas y de los ciclos solares

Las manchas solares son zonas oscuras y relativamente más frías de la superficie del Sol. Corresponden a zonas en que fuertes campos magnéticos retienen temporalmente el calor que fluye del interior del Sol hacia la fotosfera. Emiten menos energía de la normal, pero las áreas que las rodean, las fáculas solares, aparecen, por el contrario, más brillantes. De esta forma, resulta que, en su conjunto, el Sol emite más energía cuantas más manchas solares haya en un momento determinado.

Algunas manchas solares alcanzan gran tamaño y duran varios meses. Otras no pasan de algunos centenares de kilómetros y desaparecen a los pocos días.

El número de manchas solares varía en ciclos de aproximadamente 11 años. Las primeras manchas de un ciclo aparecen junto a los polos. En los años siguientes surgen otras, cada vez más cercanas al ecuador solar, hasta completar el denominado ‘ máximo solar’ . Después van desapareciendo otra vez.

Existe una clara relación entre el número variable de manchas solares y la intensidad del flujo de radiación solar que incide en la Tierra. En la actualidad ese flujo es de unos 1.370 W/m2 en un plano de intercepción perpendicular llamada tradicionalmente ‘ constante solar’ . Y oscila aproximadamente en 1, 2 W/m2 entre el máximo y el mínimo del ciclo.

La radiación solar incidente en la Tierra ha cambiado ligeramente a lo largo del último milenio. Según la evolución del número de manchas solares y de la actividad solar, deducida de la concentración del carbono-14 en la madera de los anillos de árboles y del berilio-10 en los sondeos de los hielos, han existido diversos períodos excepcionales de debilidad. Son los períodos de Wolf (hacia el año 1300), Sporer (hacia el año 1500), Maunder (entre 1645 y 1715) y Dalton (hacia 1800). Probablemente fueron precedidos por un período de máxima actividad solar, el Máximo Solar Medieval (entre el 1100 y el 1250), semejante para algunos autores a un Máximo Solar Contemporáneo.

De los períodos citados, el más anómalo y mejor conocido es el ocurrido entre 1645 y 1715, llamado Mínimo de Maunder. Durante su transcurso las manchas casi desaparecieron por completo. J. Picard, del Observatorio de París, escribía un día de 1671 que le hacía feliz haber descubierto una mancha ya que llevaba diez años auscultando el Sol cuidadosamente sin haber visto ninguna.

Aquellos años coincidieron, por lo menos en Europa, con algunos inviernos muy crudos, como el de 1694-1695, durante el cual, según tres diferentes escritores de diarios particulares, el Támesis permaneció helado durante varias semanas.

Se ha calculado que la ‘ constante solar’ durante el Mínimo de Maunder era unos 3, 5 W/m2 menor que la actual, es decir, un 0, 24 % más baja. El enfriamiento global provocado por esta disminución de insolación, sería en la superficie terrestre de entre 0, 2 y 0, 6 ºC. Pero en algunas regiones el enfriamiento parece que fue mayor: entre 1 ºC y 2 ºC.

Las variaciones de radiación son cuantitativamente demasiado pequeñas para explicar por sí solas los cambios térmicos ocurridos en los últimos siglos. Ahora bien, durante la Pequeña Edad de Hielo, el enfriamiento invernal que afectó sobre todo al norte de Europa pudo amplificarse por un aumento de la frecuencia de los anticiclones de bloqueo en el Atlántico Norte o, lo que es casi lo mismo, por un índice NAO negativo y unos vientos del oeste menos zonales. A su vez, este cambio en la circulación troposférica estaría quizás ligado a una disminución del ozono estratosférico, provocado por la disminución de las radiaciones ultravioletas, creadoras de ozono. La disminución de ozono durante las épocas de debilidad solar, debido a la baja intensidad de las radiaciones ultravioletas, sería lo suficientemente importante como para enfriar la temperatura estratosférica y modificar directamente la circulación estratosférica e, indirectamente, la circulación troposférica.

Los pingüinos: del calentamiento global al enfriamiento.

Cuando se agudizaba el calentamiento global recogimos esta noticia muy pesimista:

mientras tiene lugar la Cumbre Mundial sobre Biodiversidad IUCN en Barcelona, Integrantes de un grupo de teatro de calle se manifiestan disfrazados de pingüinos, para denunciar la situación que sufre la Antártida ante el cambio climático.

El aumento global de la temperatura, que será dos grados centígrados, provocará que la población antártica de pingüinos adelia y emperador se vea reducida entre un 50% y un 75%, respectivamente, en 2042 en la zona continental de la Antártida, según el estudio ‘ Cambio Climático en la Antártida’ del grupo ecologista WWF/Adena presentado en el Congreso Mundial de la Naturaleza.

Por un lado en las zonas marítimas se produce un deshielo lo que reduce la superficie basal sobre la que se desarrolla el fitoplancton, y con la merma de plancton se reduce el Krill, base de la alimentación de ballenas y pingüinos.

Existen unos 5 millones de pingüinos en la actualidad y corren grave peligro de Extinción por ser una especie endémica de la Antártida, al ser los polos los más afectados por el cambio climático. Por eso WWF exige un Protocolo más ambicioso que el de Kyoto que reduzca las emisiones de CO2 en un 80% para el 2050.

Pero después de esa noticia tan pesimista una esperanza, el enfriamiento y el fin del deshielo da vida a los pingüinos

El hielo marítimo de la Antártida ha crecido en los últimos años durante el mes de septiembre, en pleno invierno austral, en un fenómeno que se repite desde los años 70.

Vaya, acostumbrados a ver noticias de la desaparición del Hielo Ártico con sus Osos Polares, del Perito Moreno que se derrite y del Calentamiento Global, sorprende ver una noticia que informa de un proceso de enfriamiento en la región más fría del planeta, justo cuando los pingüinos emperador se reúnen para combatir la gélida temperatura.

¿Será que todo esto del Calentamiento Global es una milonga? Los escépticos del Calentamiento Global afirman que la diferencia en la evolución del Hielo entre los dos polos es síntoma de que el alarmismo por el Calentamiento Global es exagerado.

Expertos climáticos como Ted Maksym argumentan que los modelos climáticos predijeron hace mucho tiempo que el Ártico se calentaría más rápido, y que la Antártida estaría estable durante un largo tiempo. El Panel del Clima de la ONU, IPCC, por su parte afirma que el crecimiento del hielo antártico puede ser un efecto colateral del Calentamiento Global por el cambio en los vientos, corrientes marinas o nevadas. Y que la estructura del hielo ártico es distinta al antártico, mientras el primero flota en el mar el segundo es un continente aislado que genera su propia congelación

El Cambio Climático es un proceso natural. Nuevas pruebas en torno al Pacífico

En un artículo publicado en la revista de la Geological Society of America, el Dr. Don Easterbrook, profesor de geología en la Western Washington University, presenta datos mostrando que el ciclo del calentamiento del planeta de 1977 a 1998 ha terminado y hemos entrado en un nuevo período de enfriamiento global que podrá prolongarse durante las tres próximas décadas. También sugiere que, dado que los modelos climáticos del IPCC se encuentran muy alejados de lo qué está sucediendo realmente, las proyecciones realizadas para esta década y el siglo se deben considerar altamente no fiables.

El Océano Pacífico tiene un modo de temperatura cálido y un modo frío y en el último siglo ha cambiado entre estos dos modos cada 25-30 años (es lo que se conoce como la oscilación decadal del Pacífico. En 1977 el Pacífico cambió precipitadamente desde su modo frío (donde había estado desde aprox. 1945) a su modo cálido, y fue ello lo que inició el calentamiento del planeta a partir de1977 hasta 1998. La correlación entre esa oscilación y el clima global está perfectamente demostrada y goza de amplio reconocimiento.

Tal y como se muestra en el patrón histórico de las Oscilaciones durante el último siglo y su correspondencia con los períodos de calentamiento y enfriamiento del planeta, asistimos a un fenómeno natural cíclico con una periodicidad de unos 25-30 años. La fase de enfriamiento global a partir de 1880 a 1910, caracterizado por el avance de glaciares por todo el mundo, fue seguida por un cambio a fase cálida de las oscilaciones durante 30 años, el calentamiento del planeta y la recesión rápida de los glaciares. La fase fría la oscilación volvió sobre el 1945 acompañada por enfriamiento global y el avance glacial durante 30 años. Un nuevo cambio a la fase cálida en 1977 inició el calentamiento del planeta y la recesión de los glaciares que persistieron hasta 1998. El establecimiento reciente de una nueva fase fría del la oscilación parece incuestionable y si se asume que su efecto será similar al de los últimos cien años, podemos esperar un enfriamiento del clima global durante los próximos 25-30 años.

El enfriamiento total, la tesis de Diáspora hace cinco años resulta la más realista

La segunda tesis es que vamos a una era glaciar total. Con esto determinados meteorólogos no se refieren a un cambio perceptible aunque no dramático de un año a otro sino a una Era Glaciar Total, como la que hace 12.000 años sumió en un desierto de hielo a Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, Escandinavia, Francia y parte del territorio europeo de la ex-URSS. Los estudios oceanográficos y ciertos depósitos de tierra peculiares hallados en Checoslovaquia por los investigadores, revelan que ha habido 20 eras glaciares en los últimos millones de años y el calor interglaciar nunca duró más de 10.000 años.

Durante largos años la llamada Era Milankovich ha sido mantenida por muchos climatólogos. Cambios calculables en la orientación del eje de la tierra y en la forma en que ésta orbita alrededor del sol, reducen la intensidad de la fuerza del sol necesaria para derretir las nieves del Norte. En l984 un estudio definitivo hecho por los norteamericanos James Hayes y John Imbrie y el inglés Nicholas Shackleton, apuntalaron la teoría de la Era Milankovich. Un descenso gradual ?dicen los mantenedores de esta teoría- comenzó hace unos 5.000 años y si la naturaleza no cambia su curso (lo cual es improbable), el mundo irá paradójicamente enfriando.

Por su parte el alemán Hermann Flohn incide en la discusión para decir que los fríos pasados estos últimos inviernos se deben a que el hielo del Antártico al derretirse se ha ‘ filtrado’ en el océano Atlántico, enfriando el mundo entero. Las consecuencias de tal hecho para un mundo de 4.500 millones de habitantes han sido catastróficas y eran previsibles además por las migraciones de las aves, totalmente anárquicas y la desaparición de los caracoles del norte de Alemania, las ranas en Europa, etc.

Las corrientes marinas llevan aguas cálidas del trópico a latitudes más elevadas, evitando así que estas zonas se congelen; en las zonas polares el agua se enfría y eso la empuja de nuevo hacia el sur. Se sabe que una de las funciones básicas que cumple esa corriente es calentar las latitudes más elevadas, por lo que si dejara de fluir estas se congelarían. Muchos climatólogos atribuyen las eras glaciares al mal funcionamiento de esas corrientes.


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