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En la tierra de mercia

15/06/2011 23:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Flanqueada por  sus dos famosas y reconocidas obras musicales, "The red shoes" y "The tales of Hoffman", Michael Powell y Emeric Pressburger rodaron tres de sus más sugerentes y sin embargo poco conocidas películas, "The small back room", "Gone to Earth" y "The elusive Pimpernel", que  han tenido una    repetida e injusta  reputación de  menores,   redundantes de  otros de sus grandes logros. Se ha alabado tanto el acabado visual de sus tres obras maestras ("A matter of life and death", "Black narcissus" y, quién lo hubiese imaginado, la más influyente, "The red shoes") fotografiadas por Jack Cardiff - hasta otorgando una  parte de los méritos al gran operador,   quien a su vez  increíblemente empezó a perderlos tras trabajar con Hitchcock en  la sublime "Under Capricorn", seguramente su  mejor trabajo junto al que hizo en  la  segunda de  las citadas  -  que a veces parece que se olvide que la cualidad fundamental del cine de esta singular pareja fue siempre su versátil, atrevida, original puesta en escena, la menos académica imaginable.imageEn los  trece años que limitan espacialmente con  dos obras de ambiente  más o menos  bélico  como son  la impresionante  "The life and death of Colonel Blimp", en mi opinión la primera ya preferible  como su obra máxima - y antes en solitario Powell ya había firmado las magníficas "49th parallel / The invaders" y "The spy in black" -, hasta  la mucho menos famosa pero igualmente espléndida  "The Battle of the River Plate"  no veo bajones, ni encuentro decepciones ni distracciones  y sí una exultante variedad y amplitud de registros.No quedó terreno por cubrir: del siglo  de Churchill al de Chaucer, ambientando sus historias en las islas de la vecina Escocia y en  las cumbres del  remoto Himalaya, versando sobre lo terrenal y sobre  lo celestial,   impresionando sus  imágenes en el más puro blanco y negro y en el más esplendoroso technicolor, apoyándose en sus propios argumentos  o inspirándose en  Hans Christian Andersen, Offenbach, Rumer Godden o Goethe.En estos últimos años por fin se han editado en óptimas condiciones "The small back room" y "Gone to Earth" y falta aún repescar a "The elusive Pimpernel".

Debía haber sido otro musical en toda regla y esa parece que fue la idea inicial pero lo cierto es que a pesar de la muy querida novela de Emma Orczy, un muy adecuado  y relajado David Niven y los paisajes del Valle del Loira y Mont St. Michel,   "The elusive Pimpernel" fue fugazmente célebre  sólo por haber sido rechazada  por la entonces pujante Merle Oberon (que ya protagonizó la versión de Harold Young en 1935 junto a Leslie Howard; inferior en todo, más estándar y "de productor", sin tomar un riesgo) en lugar de haber sido reconocido por su vibrante, sentida,   divertida peripecia.

"The small back room" por su parte, ha recorrido un camino paralelo al de "They were expendable" de Ford,   con la que tiene  importantes puntos en común, una parecida infravaloración congénita  y hasta un  explícito y deprimente  título. Son desde luego dos grandes películas complementarias (abarcando situaciones durante y después de la Segunda Guerra Mundial, pero hubiesen servido para cualquier otra) sobre la inacción, la espera y esa frustración  tantas veces confundida con un latente heroísmo de pacotilla (o un bobo patriotismo) y  que, antes bien, versan sobre el  menosprecio e impotencia que se  experimentan cuando  alguien sabe que  tiene las habilidades, la entrega y el compromiso y es dejado en segundo plano como si no sirviera o no fuera suficientemente bueno para hacer lo que los demás.

Mucho más amarga, lógicamente en retrospectiva y con un mayor carácter de odisea personal que "They were expendable" - no mejor, apenas habrá una docena en toda la década a  la altura de ese Ford - "The small back room" es además una de las grandes películas que se han hecho sobre el alcoholismo.

imageSe lleva la palma  en cuanto a    vida azarosa no obstante la segunda  del trío en cuestión,   "Gone to Earth".Tras ser salomónicamente divididos en dos partes sus derechos,   fue retomada en USA por David O. Selznick,   empeñado en controlar todo lo que rodaba su mujer, Jennifer Jones y -  con la  ayuda de Rouben Mamoulian, que se cubrió de gloria  - remontada, nuevamente rodadas algunas escenas, retitulada como "The wild heart"  y reestrenada dos años más tarde,   mutilando casi un tercio de metraje para, supongo, recoger las migajas del éxito de "The tales of Hoffman" que aún quedaban bajo las alfombras.Tuvieron que pasar treinta y cinco años para que se restituyera la copia original,   cincuenta  para que se editase en DVD y no sé cuántos más habrá que esperar para que  salga del furgón de cola  crítico de las obras del dúo de los arqueros.Pero si "Gone to Earth" merece la pena ser restituída no  es por el maltrato sufrido o  la proverbial inaccesibilidad a su versión íntegra - podía haber sido un horror discretamente sepultado que no hubo más remedio que rehacer -  sino precisamente por ser uno  de  los films más  románticos y hermosos de Powell y Pressburger.

Es cierto que quizá llegaba tarde, que los ensoñadores años 30 donde hubiese tenido mejor ubicación quedaban lejos, que nueve años antes uno de los pocos films de su estirpe, "Smilin' through" de Borzage  - no muy acertada me parece la conexión que podria establecerse con "Ryan's daughter" de David Lean, que sí triunfó veinte años después  - ya había visto fruncir los ceños de quienes pensaban que con la guerra no era momento  de cuentos ni de fantasmagorías y sí de "esfuerzos" - mucho más escapistas en el fondo - tipo "Stage door canteen"  y que el éxito de varios emblemáticos Dieterle  y  el último  Lubitsch en la década  que terminaba  protagonizados por  una Jennifer Jones tan aniñada, inocente y  crédula, no garantizaban el éxito y sí era un arma de doble filo, más cortante cuanto más años cumpliese ella.Poca atención debían prestar Powell y Pressburger a tales consideraciones tácticas y "de mercado" cuando reincidieron en 1955 con el musical  aún menos visto y  olvidado por la providencia  "Oh Rosalinda!", ya con la explosión provocada por la moderna "On the town" de Donen & Kelly más que consumada.

"Gone to Earth" cuenta una sencilla y nada pretenciosa historia pero es tal la intensidad creadora aplicada a cada detalle del decorado, cada composición o desplazamiento, cada acción ejecutada por los  actores y actrices, que resulta un film  denso,   misterioso, imprevisible y uno de los mejores ejemplos de adecuación de  banda sonora  e imágenes de toda su carrera.Si en otras películas del dúo se  intuye la fina pluma de Pressburger, en "Gone to Earth", uno de sus films más "de cámara", triunfa el talento  de Powell,   verdadero alma mater  cinematográfico sin el que probablemente ni esta ni cualquier otra de las películas que firmaron juntos, en  nada se  hubiese diferenciado de    las producciones de  los hermanos  Korda.Así, lo más impresionante del film es su autenticidad rural, cómo capta la  belleza de la frontera entre Inglaterra y Gales, intemporalmente, haciendo creíble lo que acontece a una  muchacha  asilvestrada que se comunica con animales, una hazaña comparable a la  que poco después alcanzaría Charles Walters  con Leslie Caron en la mágica e igualmente subvalorada "Lili" y más perdurablemente que en los bucólicos melodramas - alguno de ellos excelente - rodados en los precedentes quince años por John Cromwell.

imageTiene el film una  discreta pero firme  idealización de lo que el  pasado tenía de bueno y se perdió y un elemento "pro-telúrico" - ella es ajena al mundo construído a su alrededor: la familia, los hombres, las pasiones o el dinero, sólo pertenece al campo y al cielo raso -, una  conmovedora defensa de  otra forma de ver la vida a través de los ojos de alguien capaz de sublevarse - aliada con las fuerzas mismas de la naturaleza, que son su credo, pero que como tal, no domina y le terminarán fallando  -  contra lo que aborrece; alguien para quien lo raro, lo anormal  es  lo que nos rodea sin que nos inmutemos: gente estúpida que parasita todo, aprovechados que no conocen el honor, individuos que  sólo sirven para criticar todo lo que hacen los demás.Tal vez hace mucho tiempo, cuando el público era más tolerante y receptivo, estaba acostumbrado a tener respeto por cualquier opción estética o ética, por muy alejadas que estuviesen de  sus preferencias, pudo servir de algo reivindicar un film como este.

Desde hace unos años para acá, parece una empresa condenada al fracaso.


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postcefalu.blogspot.com
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