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Empresas familiares: caso de estudio Fernández-Zárate

10/11/2010 17:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Caso de estudioHoy les traigo un interesante caso de estudio que me envió Carlos Herreros de las Cuevas. La historia profundiza en los entresijos de una empresa familiar, un tipo de empresa extremadamente frecuente, en mi opinión poco estudiada aún, y con unas características y problemáticas muy diferentes de las que solemos encontrar en otro tipo de empresas. La historia comienza, como muchas otras, con un emprendedor de orígen humilde que a fuerza de trabajo hizo su fortuna; Íñigo Zárate.

Imagen: Sobrefotos.com

Íñigo Zárate tiene en la actualidad (otoño de 2010) 78 años; quizá porque le inspiro confianza, quizá porque cree que puedo resolverle algunos de sus problemas, me cuenta su vida.

Nacido y creado en Vizcaya, hijo mayor de una familia numerosa que provenía del campo, de pastores de la zona de Guernica, apenas adolescente decidió que no quería ser una carga para su familia; es más, que si encontraba en Bilbao un trabajo, y ahorraba mucho, sobre todo no gastando, podría ayudar a sus hermanos más pequeños que bien lo necesitaban porque el pastoreo y el cultivo de la huerta familiar apenas permitía subsistir sin pasar hambre; pero nada de alegrías, de ropa, de gastar algo en las romerías, mucho menos coger el tren para ir de fiesta a algún pueblo de la zona.

Así que en 1946, decide irse a Bilbao, apenas terminada la escuela primaria de la que no sacó mucho provecho, unas veces porque tenía que ayudar a su padre, otras porque había que buscar hongos en el campo para traer algo más de dinero a casa; o cortando leña para algún vecino, o… haciendo de todo.

El cura del pueblo le recomienda a otro de la zona de Ocharcoaga, donde empezaban a construirse grandes bloques de viviendas para la clase obrera -quien le ofrece cobijo en un local de la parroquia y enseguida le busca un puesto de "pinche" de albañilería en una de las promociones que se iniciaban en ese barrio. Comiendo bien pero sin ningún capricho y con alojamiento gratis, Íñigo puede ahorrar algunas pesetas cada mes que envía a la familia.

Un capataz de obra le dice un día: "oye chaval tú deberías aprender un poco más, eres muy trabajador, tienes interés, no seas toda la vida peón de albañil, aprende el oficio, yo sé dónde pueden enseñarte: acaban de abrir una escuela de oficios en Deusto".

Íñigo visita la escuela a finales de septiembre y dice que quiere aprender el oficio de albañil; le hacen unas cuantas preguntas y le dicen que empiece en la primera semana de octubre. La Escuela combina las enseñanzas de los oficios con las de gramática, caligrafía y ortografía, aritmética y religión.

Efectivamente, empieza en la fecha señalada en horario de seis media a nueve de la noche y le asignan a un maestro albañil que está retirado prematuramente por una enfermedad muy corriente en la época y para la que la penicilina será un remedio milagroso unos años después. Pero Íñigo no deja de fijarse en otros compañeros que están aprendiendo dibujo, siempre le atrajo el dibujo y ya en el pueblo le decían que tenía aptitudes para hacer buenos retratos y pintar paisajes, la ría de Guernica, los bosques cercanos de Urdaibai. Pasados unos meses, le dice a su maestro que querría combinar su formación de albañilería con la de dibujante; el primero le dice que no se haga pájaros en la cabeza, que eso de dibujante es mucho más complicado que alicatar bien, y que parece que se le da bien la plomada, hacer buenas masas, hacer paredes de ladrillo y solados de losetas. Pero Iñigo no ceja en su empeño y habla con el director de la Escuela quien le dice que adelante, que dentro de dos meses preguntará al profesor de dibujo y que si éste confirma que Íñigo tiene facultades, le encantará que aprenda dibujo; pero que si el informe del profesor es negativo, volverá a aprender albañilería. Además, ¿qué tiene de malo o de inferior ser un buen maestro albañil?.

Sigue progresando en la Escuela y en su trabajo ya le encargan tareas de oficial de tercera, pero un día todo se trunca. El cura le envía un telegrama que dice: "vuelve a casa cuanto antes, tu padre está enfermo". A las pocas horas llega al pueblo y se encuentra con su padre muerto. Ya cuando salió del pueblo, su padre, Mikel, tenía una tosecilla, un catarro no curado bien decía, pero la realidad es que estaba empezando a incubar la enfermedad que le llevaría a la tumba, la tuberculosis. A sus cuatro hermanos más pequeños los habían acogido otras familias del pueblo para evitar el contagio. Allí, velando el cadáver estaban su madre y dos tías maternas.

Mikel se ganaba la vida como pastor por cuenta ajena (cobraba algún dinero y algunas crías que luego se incorporaban al rebaño) y de algunas ovejas propias, su mujer cultivando la tierra, y entre los dos criando tres vacas, gallinas, conejos, dos cerdos cada año, que proporcionaban comida. Pero el único dinero que entraba era el que le pagaban los propietarios de las ovejas.

Hay que decidir qué se hace con los hermanos de Iñigo, la madre no tendrá recursos para atenderlos a todos, pero siempre hay familias dispuestas a acogerlos; pero son cuatro chicos que hay que vestir y calzar, enviar a la escuela y alimentar, y habrá que enviarlos a diferentes familias; ninguna podrá recoger a los cuatro juntos.

En el casi año y medio que Iñigo ha estado en Bilbao, lo más añorado ha sido la familia; menos él mismo, todos han seguido juntos en el pueblo y ahora sus cuatro hermanos tendrán que separarse. Decide que deja el trabajo de Bilbao y que él será ahora el pastor pero que la familia no se rompe. Vuelve a Bilbao a despedirse del trabajo y de la escuela; en los dos sitios le dicen que se lo piense bien, que va a destrozar su vida, efectivamente por algo muy loable pero que nunca se lo agradecerán. Él contesta que no se trata de lo que le agradezcan sino de lo que tiene que hacer como nuevo, y joven, cabeza de familia.

Los hermanos siguen juntos, Iñigo y su madre siguen con sus tareas, y todo parece ir bien para todos excepto para el hermano pequeño, Ander, como si la muerte de su padre lo hubiera extraviado. Hace novillos en la escuela, llega a casa cuando llega, siempre taciturno y rebelde. A los 14 años ya podría encontrar algún trabajo pero nada le gusta ni interesa e Íñigo, ahora el padre que no tienen, está dispuesto a hacer cualquier cosa para ocultar y ocultarse la realidad: Ander, el que parece descarriarse, es su preferido y lo será durante muchos años.

Pasados varios años, todos los hermanos, menos Ander, tienen trabajos precarios pero aportan algún dinero a la madre que sigue cuidando de los animales domésticos y de la huerta; viste con la ropa que le dan otras mujeres del pueblo y no gasta más que lo imprescindible. Ander zanganea, nadie le exige nada, Íñigo lo protege y además le da siempre algún dinero, que no le falten al niño tres pesetas en el bolsillo. Iñigo vuelve a Bilbao con el propósito de traerse a Ander con él. Vuelve a otra obra y a la misma escuela y continúa mejorando en dibujo cada día. Ander comparte habitación con él y dice que todos los días va al puerto a buscar trabajo. Y todos los días regresa sin tenerlo pero con unos kilos de hierro, o de carbón, o de algo que se "cae" de los barcos, tabaco, café, etc., y siempre tiene tres pesetas en el bolsillo. De nada sirven los sermones de Iñigo porque ni él mismo se lo cree: es el hermano débil al que hay que ayudar, siempre, siempre que lo necesite, toda la vida si es necesario.

A los veinte años, Iñigo entra a trabajar como delineante en un estudio de ingeniería de Bilbao; enseguida es el favorito del jefe y éste le encarga los dibujos más difíciles: "habrías sido un gran ingeniero, le dice un día. Porque además de dibujar bien, tienes un don especial para calcular estructuras. Contigo estoy tranquilo".

Llega el servicio militar pero Iñigo se libra porque alega que tiene que cuidar de su madre y sigue trabajando sin parar un momento. Empieza a tener dinero para ir al baile los domingos y salir con chicas. Ander sigue creándole dolores de cabeza; la policía le ha interrogado alguna vez sobre el origen del tabaco que vende por los bares.

A los 23 años conoce a una chica estupenda, Amaya, ayudante de enfermería del hospital de Basurto y al año siguiente se casan.

El padre de Amaya es un pequeño contratista que hace obras para ayuntamientos, traídas de agua, saneamientos, pequeños puentes, etc. Todos los domingos el joven matrimonio va a comer a casa de los padres de Amaya y algunos días los dos hombres van luego juntos a San Mamés. Uno de esos domingos, el padre de Amaya, Antonio, enseña a Iñigo el proyecto de una traída de aguas, una obra que saca a concurso el Ayuntamiento de Llodio. Iñigo ve los números, los cálculos de su suegro y le dice que se la puede adjudicar si utiliza unos elementos de hormigón pre-tensado que él sabe cómo diseñar. Le lleva varias horas convencer a su suegro pero al final éste finaliza la oferta con una rebaja de casi un 30% sobre el precio de concurso y, aún así, con un gran beneficio. Le adjudican la obra, empieza a realizarla y el ingeniero del Ayuntamiento, en una visita de control, ve esos elementos de hormigón que había diseñado Iñigo: "espero que esto te funcione bien Antonio porque de no ser así esta obra puede ser tu ruina; no estoy dispuesto a certificártela si tiene graves fallos estructurales que es lo que me estoy temiendo al ver esto; pero ¿por qué demonios te metes en este lío?; dile a tu yerno que los experimentos con gaseosa". Lo cierto es que la obra se termina antes del plazo, con los costes previstos y a plena satisfacción del técnico municipal. Antonio le propone a Iñigo que deje el estudio y que se venga a trabajar con él. Iñigo le responde que prefiere seguir con su ingeniero; además, ¿qué iban a pensar los dos hermanos de Amaya?, que el hijo político les quitaba el puesto, y quizá la empresa a ellos. Antonio le responde que los hijos no tienen ningún interés por la empresa, ya son adultos y uno está estudiando en Sarriko y el otro es representante de confección. Amaya, ya embarazada de su primer hijo, le dice a Iñigo que ahora van a tener más gastos y que seguramente ganará más incorporándose a la empresa de su padre que siguiendo con el ingeniero que le valora mucho, le quiere más, pero el sueldo está prácticamente congelado desde hace dos años.

Un día llaman a Iñigo de la comisaría, que está Ander detenido. Le han cogido en la calle San Francisco con algo de grifa que le ha vendido -dice- un legionario destinado en Melilla y que está de permiso. Iñigo paga la fianza, Ander le da las gracias y le dice que no volverá a hacerlo.

Pasan algunos años más y Antonio decide dejar la empresa en manos de Iñigo; ya tienen 40 trabajadores y es muy rentable. Iñigo se compromete a pasar a sus suegros una renta sustancial; sigue creando innovaciones con el hormigón y el hierro; lástima que no pueda firmar proyectos porque no tiene la titulación. La empresa se llama "Túneles y Puentes, S.A."

Al primer hijo de Iñigo y Amaya, Mikel, siguen dos más: una chica, Carmen, y un chico que nace diez años más tarde que ella: Felipe.

La empresa continúa creciendo y los chicos también. Mikel decide estudiar arquitectura; por fin, piensa Iñigo, alguien de la familia podrá firmar proyectos y no tendré que depender de técnicos empleados. Carmen se casa con un ingeniero andaluz que se ha incorporado a la empresa recientemente; su nombre: José Antonio Fernández. Felipe es tan joven y tan débil que hay que apoyarlo para que no le pase como a Ander que está preso en Basauri, condenado a cinco años por tráfico.

Mikel termina la carrera y le dice a su padre que no quiere incorporarse a la empresa familiar, que vienen años buenos para abrir su propio estudio de arquitectura y que desde su profesión podrá desviar muchas obras a la empresa. Iñigo acepta lo que no tiene remedio pero duda de que Mikel vaya a ayudar lo más mínimo a la empresa; siempre ha considerado que su padre era un vulgar delineante y, aunque no se atreva a manifestarlo, se le nota que se avergüenza del padre que tiene.

Felipe no ha terminado el bachillerato, ya ha cumplido 18 años y tiene su primer coche: un Ford Mustang con el que ya empieza a participar en rallys. Cuando sus padres le dicen que tendrá que trabajar, que buscarse el sustento, contesta que ya tendrá tiempo, que le dejen vivir su juventud ya que ellos no la han tenido; ni ellos ni los antepasados de ambas ramas de la familia. Iñigo es condescendiente, Amaya más exigente, y el futuro de Felipe es la única cuestión sobre la que tienen diferencias. Por lo menos no tendrá que vender drogas para tener dinero en el bolsillo, piensa Iñigo.

Carmen había empezado a estudiar ingeniería y termina la carrera después de casarse. Su marido, José Antonio Fernández, ya lleva en la empresa varios años; quizá no sea tan creativo como él, piensa Iñigo, pero es un profesional excelente. Carmen se incorpora a la empresa para administrarla y también el patrimonio familiar que va creciendo, terrenos en Mallorca, pisos en Madrid, algo de bolsa; en conjunto un patrimonio muy considerable.

Pasan los años, Felipe ya ha cumplido 25, Carmen y José Antonio tienen dos hijos, un chico y una chica, y un tercero en camino. Felipe dice a su padre que ha llegado el momento de incorporarse a la empresa, que ya tiene "mundo" suficiente y que hoy en día las empresas no pueden estar dirigidas por técnicos, todos de mentalidad muy estrecha, sino por directivos que como él tienen muchas relaciones, son socios de varios clubes de golf y náuticos. A Iñigo no le queda más remedio que incorporarlo: "serás el director comercial", le dice a Felipe.

Felipe acepta y hace como si continuamente visitara y se reuniera con clientes, tanto del sector público como del privado; al menos los cargos en la tarjeta de crédito no paran de aumentar y Carmen, preocupada, le dice si no puede controlar el gasto que está disparado. Felipe le contesta a su hermana que los tiempos han cambiado, que ella y su marido son ingenieros, muy buenos, pero que carecen de las habilidades relacionales en las que él es un experto.

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La familia de origen la familia nuclear.

Carlos Herreros de las Cuevas

Octubre 2010

Ésta es la primera parte del caso. Si desean el caso completo, pueden ponerse en contacto con el autor mediante su blog Liderazgo y Estrategia.


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