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Empresas Familiares: ‘ No pienso en el mañana, sino en el pasado mañana y más allá’

12/10/2010 22:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jaime Wakonigg (Madrid, 1957) siempre ha vivido entre telas. En ellas, podría pintarse toda su trayectoria como presidente, máximo ejecutivo y miembro de la familia fundadora de Gastón y Daniela, la firma textil de decoración que ha conseguido mantener su patrón durante más de 130 años.

Es la primera entrevista que concede y Wakonigg se muestra cauto, pero, poco a poco, mientras cose las puntadas de su vida, se dibuja su verdadero fondo: el de un empresario aferrado a un negocio tejido con muchos hilos de tradición en busca de modernidad.

En las telas de Wakonigg, hay colores brillantes, pero también existe el negro. Este empresario, formado en el Colegio Alemán de Madrid, licenciado en Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y con un máster en la London Business School, dirigía una empresa familiar del sector industrial cuando su hermano mayor, Guillermo, murió en un accidente de tráfico, en 2005.

"Yo era consejero de Gastón y Daniela, pero a raíz de aquello me responsabilicé, además, de la presidencia", cuenta Wakonigg, para quien, pese a todo, el cambio en el rumbo profesional de su vida no supuso ningún shock. "Cuando asumí el cargo, no me pilló de nuevas porque la empresa era algo con lo que había vivido toda mi vida. Era una posibilidad que siempre había existido", explica este empresario de rostro pálido y porte extranjero.

La evolución

Wakonigg es descendiente de Gastón Poirier (un francés afincado en el País Vasco) y Daniela Bolivar, los fundadores de Gastón y Daniela que abrieron la primera tienda de la compañía en el casco viejo de Bilbao, en 1876. No sabían entonces que estaban trazando la silueta de un grupo con 130 empleados, presente hoy en más de 40 países y que facturó 23 millones de euros en 2009.

"En los años cincuenta, la compañía abrió en Madrid y Barcelona.

Posteriormente, entramos en Valencia y Sevilla. Después, cogió las riendas mi tío Guillermo Wakonigg, más artista que empresario. Así, empezamos a colaborar con los pintores de la Escuela de Cuenca y nos expandimos por toda España", cuenta. "En nuestra familia, todos queremos ser artistas y empresarios, las dos cosas, aunque yo soy más empresario", reconoce Wakonigg.

En los años ochenta, Gastón y Daniela dio el salto diferencial y empezó a mirar al exterior, que ya supone el 20% de un negocio con el que el grupo empapela desde Estados Unidos a Europa, desde Oriente Medio a Lejano Oriente. Es también en los ochenta cuando la firma, que en España cuenta con más de ocho tiendas propias y veinticinco franquiciadas, inicia la diversificación del negocio y crea un departamento dirigido a la atención de grandes proyectos, con una decoración personalizada y singular.

"El textil es la base, pero nos hicimos administradores de soluciones decorativas", explica Wakonigg. "Contamos con editores internacionales y hacemos desde vanguardismo a reconstrucciones de telas históricas. Hemos reconstruido una parte importante del Palacio Real y hemos trabajado en proyectos como la rehabilitación del Parador de Alcalá de Henares, pero también hemos hecho corbatas para el Museo del Prado", explica el presidente de una compañía que es capaz de convertir dibujos en realidades.

Como miembro de la cuarta generación, Wakonigg parece tener claras las dificultades que supone para una empresa familiar mantenerse en la historia, pero el directivo no parece excesivamente partidario de códigos que encorseten. "No tenemos un código familiar como tal; nos regimos por un protocolo sin escribir que funciona", explica sin necesidad de autojustificar un modelo de gestión muy particular. Gastón y Daniela cuenta con más de treinta accionistas, de los que sólo cuatro miembros de la familia, incluido él mismo, trabajan en la empresa "por sus características profesionales", aclara el directivo.

Pasado y futuro

Wakonigg parece conocer el corte perfecto para que la compañía no pierda el hilo. "No pensamos en mañana, sino en pasado mañana y más allá", explica un directivo para el que el ayer es clave en el mañana de Gastón y Daniela. "Siempre que aporten algo, estamos abiertos a la entrada de socios o al capital riesgo, pero queremos seguir siendo lo que somos: el referente de la decoración en España. Siempre pensamos a largo plazo, nunca a corto. Pero nunca digas de este agua no beberé", resume el ejecutivo.

Wakonigg tampoco cierra la puerta a la bolsa. "No está en nuestros planes, pero ¿quién nos iba a decir hace treinta años que íbamos a vender en Estados Unidos?", recuerda. De la misma manera, la compañía también podría plantearse compras, pero "nunca creceremos por crecer, ni compraremos por comprar", dice un convencido Wakonigg.

‘ En nuestra familia, todos queremos ser artistas y empresarios; yo soy más empresario’

Entre las tonalidades más oscuras de la cadena, la crisis debería ocupar un lugar destacado. El directivo, que asumió las funciones ejecutivas de Gastón y Daniela hace algo más de un año, justo en medio del huracán, se ha visto obligado a meter tijera en el grupo textil "para adaptarnos a un mercado más pobre", pero en ningún momento aparenta estar desbordado.

"En chino, la crisis significa confusión, pero también oportunidad. No hemos parado por la crisis; nos hemos adecuado a las circunstancias, pero siempre en constante cambio, haciendo cosas nuevas y a la vanguardia de lo que más se vende". Y Wakonigg, un apasionado del mar, no puede evitar la metáfora náutica. "En 2008 y 2009, hemos adaptado las velas del barco al viento que soplaba. De hecho, 2009 fue un año horroroso". Y, en todo caso, recuerda que "en más de 130 años de historia, hemos pasado muchas crisis".

La recesión mundial supuso un recorte del negocio del 35%, pero el ejecutivo considera que la situación se ha estabilizado y confía en que la facturación en 2010 ronde los 24 millones de euros, sin caídas respecto al ejercicio anterior. "Los años de crisis han sido duros, pero nuestro esfuerzo es seguir proponiendo cosas nuevas", explica Wakonigg, que dice que, ahora, la gente es más consciente del precio, pero, "sobre todo, de la relación calidad-precio. Nunca vamos a ser los más baratos del mercado, porque vendemos telas y confección hecha, pero también un servicio. Y, hoy, el servicio se valora mucho".

El presidente del grupo textil es tan consciente del valor de la estética y de la fuerza de la decoración que asegura que "puede cambiar hasta nuestro carácter según cómo sea nuestra casa".

La imagen

La imagen de Gastón y Daniela ha sido siempre la de un loro, que refleja el color, la elegancia y el exotismo de la empresa y que ha cambiado infinidad de veces durante todos estos años, aunque de manera casi imperceptible para el público. Tal vez, ésa sea la verdadera esencia de Gastón y Daniela, una empresa que cambia pero que es la misma. "Queremos mantener nuestra historia, pero estando siempre en el año en el que estamos", resume Wakonigg.

El ejecutivo, casado y padre de dos hijos –"que también viven rodeados de telas"–, es, además, un experto de lo universal envuelto en sabor local. "En decoración, hay tendencias que se recogen por todo el mundo, pero, cada vez más, hay un gusto universal, aunque las tradiciones locales hacen que no sea todo igual", explica.

Adelantarse a tendencias

En su aspiración por hacer confortable la vida del cliente, Gastón y Daniela, con cuarenta mil referencias de telas, se adelanta, en ocasiones, a la moda. "A menudo, lanzamos colecciones que se empiezan a vender a los dos o tres años, porque hay que esperar a que el mercado absorba lo que después llega a ser tendencia. Estamos siempre pensando en qué necesita la base de nuestros clientes, aunque, en este negocio, las tendencias no son tan rápidas como en la moda".

El primer ejecutivo concluye confesando la romántica obsesión de su empresa: la búsqueda de "texturas, calidades, diseños y tipos de telas allí donde mejor se adaptan a lo que buscamos", señala Wakonigg, que lamenta que "apenas se estampen telas ya en España, sólo algo en Cataluña y en la Comunidad Valenciana".

De la vivienda de un loro al 'showroom' corporativo

Aunque se define más como empresario que como artista, el presidente de Gastón y Daniela tiene mucho de creador. "Uno vive de lo que hace. Lo que hago yo tiene mucho que ver con crear. No sólo crear telas, sino también equipos, objetivos e ilusiones. Y todo lo que ves te sirve o para crear o para tu tranquilidad intelectual", cuenta el Wakonigg más cosmopolita y soñador, que viaja mucho, pero al que le gustaría viajar más. "Se aprende muchísimo viendo lo que pasa por el mundo", declara el directivo, también amante del deporte y que conserva la gallardía de sus antepasados de Bilbao.

"He nacido en Madrid, pero soy de Bilbao, porque los de Bilbao podemos nacer donde queramos", bromea risueño, mientras se relaja en un sofá rojo, muy rojo, en un despacho donde los libros son telas y donde el color está muy alejado del negro. Su despacho se ubica en la sede corporativa y showroom de la compañía, situado a escasos metros de una de sus tiendas estrella: la de la calle Velázquez, en Madrid, en la que hasta hace unos años vivía –igual que en las otras tiendas del grupo– un loro, emblema de la compañía. "La regulación ya no permite tener un loro en las tiendas", matiza el ejecutivo, que se autodefine: "Al final, somos tenderos y hablamos como tenderos a los que nos ha afectado la crisis económica".

Autores C. Ruiz de Gauna / M. Fernández

http://www.expansion.com/2010/09/21/empresas/distribucion/1285102340.html?a=ALT54c1b37a528c45beb46969082c4953c0& t=1285366299

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