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EMOTIVISMO. Publicado en Levante 4 de mayo de 2010

29/12/2010 11:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

EMOTIVISMO

Estos días asistimos al debate sobre la fiesta taurina. No es un asunto que me preocupe especialmente. Hay tantos y más importantes... Pero me sirve para introducir algo que se ha señalado con acierto: vivimos en una sociedad emotivista. El emotivismo o sentimentalismo es la actitud de constante apelación a lo impresionable, a las emociones, a lo irracional como argumentación definitiva. Unos insisten en lo sangriento del espectáculo, con sus comparaciones equívocas y desafortunadas a la ablación femenina, o al «sufrimiento» del morlaco bravío. Otros, a la cultura inexpresable, a la belleza del toreo con el lance mortal: habitualmente para el toro, excepcionalmente para el torero. Me parece una discusión de políticos que, como dice un paisano mío, tienen excesivas pocas cosas que hacer (sic); o que tienen falta de ignorancia (sic); o las dos cosas. Holgazanes indocumentados. Cuando el diablo no tiene nada que hacer con el rabo mata moscas.

En el fondo, es la máscara del carnaval actual: la emotividad como fundamento ético de las personas. Hay un grave error de apreciación. Me siento antitaurino. Si no hay gente que acuda a las corridas, los toros terminarán por morir (nunca mejor dicho); y, en cualquier caso, no resulta oportuno, de momento, prohibiral tropel que acuda a la fiesta por antonomasia. Al fin y al cabo, no debía de ser muy distinto cuando el hombre primitivo cazaba, en la piel de toro –Hispania– la res brava con lanzas y flechas: primum vivere deinde philosophare (primero vivir, luego filosofar). Con el tiempo, y ganada la pitanza, se hizo cultura. Vamos a ir más al fondo.

Recuerdo la preocupación de mi madre por la salud de sus hijos: que estuviéramos sanos (y también que fuéramos buenos). Un cierto día, le espeté sin más: mira, tienes once hijos; y si uno fallece, te quedan una decena, como en la nana de los diez perritos. Así que no tienes por qué preocuparte. Se quedó fija, clavados sus ojos en los míos; y nos echamos a reír un buen rato con cierta complicidad. Luego, me susurró: sois irrepetibles. El dolor que yo sentiría por cada uno sería igual –ni más, ni menos– al que sentiría cualquier otra madre que sólo hubiera tenido un hijo: eso sólo lo sabemos las madres.

Esto no es ningún descubrimiento, sino la fehaciente constatación de un argumento repleto de sentido común y lleno de sensibilidad. La emotividad es plenamente humana cuando está injertada en la persona como algo armónicamente entrelazado con la libertad y la racionalidad. Si no, la propia vida se convierte en un trasteo desilusionante para los que, por compadrear con su emotividad, tienden a sustituir el pensamiento y la voluntad por el mero sentimiento. Los afectos sólo se deben –y en exclusividad– a las personas. Por analogía, a los animales: sería estulticia celebrar pompas fúnebres por un gato. Las cosas inanimadas no pueden excitar nuestro cariño. Otra cosa sería sacar los pies del tiesto.Pedro López. BiólogoGrupo de Estudios de Actualidad


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Autor:
Biologiayantropologia (161 noticias)
Fuente:
biologiayantropologia.blogspot.com
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