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Emérita's party

18/03/2011 22:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cómo era una fiesta en Hispania

Toda la ciudad de Emérita Augusta tiene un plan. Se van todos a la fiesta que organiza Antonio Claudio Quintiliano y a nosotros nos han invitado. Al atardecer llegamos a su villa vestidos con nuestras mejores galas. Nada más entrar unas esclavas nos recogen las togas para estar más cómodos y nos perfuman. Otra esclava nos guía hasta el atrio donde nuestro anfitrión y su esposa nos dan la bienvenida a su casa. Nos invitan a pasar al jardín adonde llegamos siguiendo al resto de los invitados. Al fondo del jardín se encuentra un grupo de músicos (flautistas, arpistas...) que tocarán durante toda la velada acompañados de bailarinas que atraen las miradas de todos los presentes.

En el centro del jardín vemos una fuente decorada con figuras de tritones y a su alrededor la gente pasea y charla alegremente. Las mujeres llaman mucho la atención. Van vestidas con vaporosas sedas, con tules, con túnicas de todos los colores: dorado, plateado, azul, verde... Sus peinados son muy elaborados, con gruesas trenzas que forman moños o diademas, con cintas entrelazadas en el pelo, etc. Sus joyas son muy caras, todas de oro y piedras preciosas, como el lapislázuli, la amatista, los rubíes... Y tienen forma de pulseras, collares, pendientes, diademas, fíbulas. Todas van maquilladas, desde los labios hasta los ojos. Son muy hermosas.

Tenemos hambre y nos dirigimos hacia las mesas llenas de comida. Empezamos con un pequeño tentempié. Después pasamos al primer plato, más tarde al segundo plato y al final acabamos con el plato fuerte de la noche: carne de cabra, tradicional en Roma. Todo esto acompañado de todo tipo de caldos y vinos que los esclavos se encargan de servir a lo largo de la fiesta. De postre fruta y, para terminar, largas bandejas de dulces ligeros, para no indigestar más a unos ya completamente saciados invitados. Estamos a punto de reventar.

Tras una cena más que repleta, los anfitriones nos distraen con unos espectáculos de lucha entre gladiadores, donde nos demuestran su fuerza, agilidad y habilidad con las armas y sus cuerpos. Algo impresionante que ha gustado a todo el mundo. Aplaudimos con fuerza.

La velada ha sido larga y estamos cansados y con los estómagos llenos. Decidimos volver a casa. Nos despedimos de nuestro anfitrión y pedimos una litera para marchar.


Sobre esta noticia

Autor:
David Burgos (2 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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