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El embarazo, una aventura llena de pruebas

10/10/2009 00:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La amniocentesis no es el único examen que sirve para detectar anomalías durante el embarazo, el triple screening y la ecografía en 4D cumplen la misma función y son menos invasivos

Las incógnitas que en el pasado podían llegar a angustiar a una mujer embarazada, hoy son secretos que pueden revelarse a tiempo con técnicas modernas. Las más habituales son el triple screening, que evita realizar otras pruebas más arriesgadas como la amniocentesis, y la ecografía en 4D, que capta imágenes detalladas y en movimiento del futuro bebé

Control clínico: una visita al mes

- Imagen: Bianca de Block

Las pruebas del embarazo están muy bien protocolizadas para que este proceso natural culmine de forma feliz, tanto para la madre como para el feto. Saltárselas conlleva riesgos innecesarios, ya que gracias a ellas se pueden detectar y prevenir numerosos problemas de salud materno-fetales. Todas las embarazadas, incluso las mujeres sanas, deberían someterse a estos exámenes de forma puntual en los distintos momentos que marcan los protocolos de seguimiento del embarazo.

¿Pero en qué consiste este estrecho seguimiento? En general se fundamenta en un triple control: clínico, que consiste en acudir a las visitas médicas; analítico, que implica someterse a varios análisis cada trimestre; y ecográfico, que comprende la realización de tres ecografías.

Toda embarazada debería iniciar el control de la gestación a partir de la semana siete u ocho. Este examen clínico incluye una visita mensual al médico, en la que se vigila el peso y la tensión arterial, y se estudian las proteínas de la orina. La detección de cifras de presión altas y niveles elevados de albúmina en la orina indicarían que la mujer puede haber desarrollado hipertensión gestacional, que sería necesario analizar en profundidad. El profesional también habla con la embarazada para sondear cómo se encuentra, practica una exploración abdominal, escucha los latidos del corazón fetal, mide la altura uterina y comprueba cómo está colocado el feto.

Primer trimestre: descartar infecciones y anomalías

En el primer trimestre, se realiza una analítica general para averiguar el grupo sanguíneo de la madre y su factor RH. Se le realiza un hemograma (recuento global y en porcentajes de los tres tipos básicos de células y su morfología, vistas con un microscopio para descartar problemas sanguíneos como la anemia), un análisis de orina para confirmar que no hay infección y serologías de enfermedades infecciosas que pueden ser relevantes para la buena evolución del embarazo y el desarrollo del feto, como la rubeola, el toxoplasma, la hepatitis B y C, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y la lúes o sífilis. Es fundamental detectar a tiempo si la gestante es portadora de estas infecciones.

El "Toxoplasma gondii" es el parásito causante de la toxoplasmosis, que se origina, sobre todo, por la ingestión de carne o de productos derivados, crudos o poco cocinados que contengan quistes del parásito. El agua, la tierra o los vegetales contaminados son la segunda fuente de infección, mientras que el contacto con los gatos domésticos se considera un factor de riesgo bajo. Su prevalencia en mujeres en edad fértil es muy variable, entre el 15% y el 77%.

Su detección es importante porque el 15% de los fetos infectados son sintomáticos al nacer por enfermedades contraídas antes de las 24 semanas. Pueden sufrir hidrocefalia, calcificaciones intracraneales, corioretinitis (que afecta al coroides, una membrana delgada de color pardo, más o menos oscuro, situada entre la esclerótica y la retina) y convulsiones, aunque sólo el 4% tienen secuelas neurológicas permanentes, muerte o ceguera bilateral.

Otros signos más inespecíficos son la erupción cutánea generalizada, la ictericia (color amarillento), el hígado, el bazo y el corazón agrandados, anemia, trombocitopenia (plaquetas bajas) y microftalmia (escaso desarrollo del globo ocular). No obstante, cuando estos signos se confirman al nacer, no siempre comportan un deterioro funcional. La ecografia puede detectar algunas afectaciones graves de aparición tardía, asevera Sandra Hernández, especialista en Ginecología y Obstetricia del Departamento de Medicina Materno-Fetal del Instituto Clínico de Ginecología, Obstetricia y Neonatología del Hospital Clínico de Barcelona.

Hepatitis B y C. La gestación es una buena oportunidad para hacer un cribado poblacional del virus de la hepatitis B (VHB), ya que la transmisión vertical (de la madre al bebé) es muy alta, de hasta un 80%, si el antígeno HBe es positivo. En los casos negativos, esta cifra se sitúa entre un 10% y un 25%. Para prevenirla, se administra un medicamento, las gammaglobulinas específicas, y se vacuna de forma inmediata a los recién nacidos. A pesar de todo, un 10% de los bebés de madres con antígeno HBe positivo pueden contagiarse. En cuanto a la infección crónica por VHC, el riesgo de transmisión vertical se acerca al 5%.

La amniocentesis, que se practica entre la semana 15 y 16, es una prueba invasiva en la que se extrae líquido amniótico del útero materno para analizar las células fetales

Lúes o sífilis es una infección sistémica producida por un microorganismo, el "Treponema pallidum", que tiene dos vías de transmisión: sexual y placentaria. En los últimos años se ha registrado un incremento importante de los casos de sífilis, por lo que su cribado gestacional se ha convertido en una medida fundamental. El riesgo de transmisión intrauterina aparece a partir de las 14 semanas de gestación y aumenta de manera progresiva. Si la gestante con sífilis no recibe tratamiento con penicilina y se produce la transmisión intrauterina, el resultado es de un 40% de abortos espontáneos o muertes perinatales y un 40% de niños que nacerán con sífilis congénita. Sólo el 20% restante no enfermará, precisa Hernández.

La rubeola es una infección de transmisión respiratoria, producida por el virus de la rubeola, de la familia "Togaviridae". El actual programa de vacunación en España se realiza a través de dos dosis de la vacuna triple vírica y ha proporcionado una inmunidad para toda la vida en el 95% de los casos. Por este motivo, su transmisión ha sido erradicada casi por completo, con casos de infección congénita descritos de forma excepcional, en general importados de países sin vacunación sistemática. La rubeola congénita es una infección crónica que comporta afectación y secuelas graves para el feto, de aparición tardía, entre las que figuran la cardiopatía, la oftalmopatía, la sordera y la microcefalia.

El VIH. En los últimos años, la transmisión vertical de este virus ha disminuido de forma importante y es inferior al 1% gracias a su detección en el embarazo. Aunque el virus puede atravesar la placenta en cualquier momento y contagiar al bebé, el mayor riesgo de transmisión ocurre en las semanas previas al parto y durante el mismo. Cuando la embarazada es seropositiva, durante las semanas previas al alumbramiento se le administra un fármaco antirretroviral, el AZT, para disminuir el riesgo de contagiar al bebé.

Segundo trimestre: tras la diabetes gestacional y el Rh

En el segundo trimestre (semanas 24-28), se realiza el Test de O'Sullivan para descartar la diabetes gestacional. Esta prueba analiza la sobrecarga de glucosa (azúcar) en sangre. Sólo si se encuentra alterada se realiza una curva de glucemia para descartar o confirmar el diagnóstico de la diabetes gestacional, que desaparece después del parto. Este problema afecta al 10% de las embarazadas. Detectarlo es importante porque el bebé podría aumentar su tamaño en una proporción mayor de lo habitual y obligar a practicar una cesárea, además de incrementar el riesgo de obesidad en su etapa adulta.

En este periodo se realiza también un nuevo hemograma. Si en la analítica anterior se ha confirmado que el RH es negativo, se practica el Test de Coombs Indirecto para comprobar que no existe incompatibilidad entre la sangre de la madre y la del feto, y que la madre no desarrolla anticuerpos contra ésta.

Tercer trimestre: factores de coagulación y streptoccocus

En la recta final del embarazo se repite el hemograma y la prueba para descartar la infección por VIH, el Test de Coombs Indirecto y, de cara al parto, se analizan los factores de coagulación de la sangre. Además, hacia las 35 ó 36 semanas se lleva a cabo un cultivo del fluido vaginal y rectal para asegurarse de que la madre sea portadora del Streptoccocus del grupo B. Este cultivo se obtiene a partir de una muestra de fluido que se toma con una torunda. No es una prueba dolorosa. El objetivo es evitar que el bebé se infecte con ese microorganismo al pasar por el canal del parto y prevenir la sepsis neonatal. Para ello, si se constata la presencia de este germen en la flora genital, que ocurre en el 25% de los cultivos, según Armengol, se le administra a la madre un antibiótico antes del parto.

DEL TRIPLE SCREENING A LA AMNIOCENTESIS

El primer trimestre es un momento crucial para averiguar si el futuro bebé sufre alguna anomalía cromosómica. Se efectúa un cribaje analítico-ecográfico de las alteraciones cromosómicas del feto que, en los últimos años, ha mejorado y se ha convertido en uno de los avances más destacables en este campo.

Este análisis incluye una prueba sencilla, denominada Triple Screening, que analiza la sangre materna para detectar tres hormonas: la alfafetoproteína (AFP), la gonadotropina coriónica (Gch) y el estriol no conjugado (iE). Así se puede calcular el riesgo de que el feto tenga la trisomía 21, causante del Síndrome de Down, o la tiromía 18, responsable del Síndrome de Edwards. Esta información hormonal se combina con otros datos, como la edad o el hecho de que la madre sea fumadora, y con la información aportada por la ecografía del primer trimestre. Este combinado analítico-ecográfico ha permitido afinar tanto el diagnóstico de las alteraciones cromosómicas del feto, de forma que en el 90% de los casos se evitan pruebas más invasivas, como la amniocentesis, con un riesgo de aborto espontáneo del 1%.

Ante resultados que apunten un riesgo de alteraciones cromosómicas alto, la embarazada debe someterse a una biopsia corial o a una amniocentesis para descartar o confirmar las anomalías. La biopsia corial consiste en extraer un fragmento de la placenta para estudiar el cariotipo (los cromosomas del feto) de manera precoz, entre las 11 y las 14 semanas de embarazo.

Es fundamental que la embarazada inicie el control de la gestación a partir de la semana siete u ocho


Sobre esta noticia

Autor:
Graciela Parra Chacon (714 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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