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Elogio de la Desobediencia

15/08/2011 14:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tú, eres el factor decisivo

En un colegio de muy buena reputación se redactó, entre otras cosas, un código de conducta para los alumnos y profesores de todo el establecimiento. El código decía: ‘ Todo alumno y todo profesor debe utilizar un gorro de forma obligatoria, con la finalidad de observar la antigua costumbre de los ancestros para quienes llevar un gorro significaba autoridad e inteligencia’ . Dicho código fue acatado fielmente por algunos años con mucha eficiencia.

Pero, un día, hubo un muchacho que se cansó de llevar siempre el gorro y decidió quitárselo. Un profesor se le acercó inmediatamente diciendo:

-¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?

El alumno contestó:

-Sí, perfectamente. Llevar siempre una gorra, donde sea, hasta en el colegio, cansa. Por eso decidí no llevarla más.

El profesor, no pudiendo digerir, insistió:

-¿Eres o no consciente de que el gorro es obligatorio?

El muchacho contestó:

-Algo como llevar siempre el gorro no puede ser obligatorio. Algo como llevar siempre un gorro en la cabeza o no ¿cómo puede ser obligatorio? La cabeza es obligatoria, pero el gorro no. Traigo mi cabeza porque es esencial, pero el gorro no lo es y, por eso, lo dejé.

El profesor dijo:

-¿Qué no te has enterado? En el código de conducta está escrito que ningún estudiante puede entrar al colegio sin gorro.

El alumno respondió:

-Entonces hay que cambiar el código. Está escrito por seres humanos, no por Dios; y los seres humanos comenten errores.

El profesor no podía creérselo. Luego interrogó:

-¿Qué problema tienes? ¿No puedes simplemente ponerte el gorro? ¿Algo tan sencillo? ¡No te estoy pidiendo gran cosa!

El muchacho argumentó:

-El problema no es llevar siempre o no el gorro. Lo que quiero es averiguar por qué ?como llevar siempre un gorro? es obligatorio. ¿Cuáles son las razones? Si hay razones ¿cuáles son los resultados? Si no eres capaz de darme una respuesta, podemos ir donde el director y discutir sobre el asunto.

Así que, no había opción. El muchacho fue conducido a la presencia del director y comenzó la discusión. El alumno presentó su argumento al director:

-Señor director: hay gente que no usa gorro y es inteligente; y hay gente que lo usa, pero son menos inteligente. El gorro no hace la inteligencia. ¿Un gorro tiene algo que ver con la inteligencia? Si nuestros ancestros lo usaban como señal de autoridad e inteligencia ?como dice el código de conducta? para nosotros puede no serlo.

El director escuchó su argumento y dijo:

-Lo que dice este alumno tiene sentido. Nunca lo había pensado, es verdad. Podemos hacer que esta norma de conducta no sea obligatoria. El que quiera llevar gorro puede hacerlo; y el que no, no tiene por qué llevar; porque, finalmente, esto no tiene nada que ver con aprender o enseñar, tampoco con la autoridad o con la inteligencia.

El educador no podía creérselo que el muchacho se salga con la suya. Así que mientras volvían a clase, dijo al alumno:

-¿Qué has hecho?

El escolar contestó:

-No he hecho nada, simplemente he explicado la situa­ción. No estoy enfadado ni contento, es más, estoy dispuesto a llevar un gorro. Pero, eso sí, tienes que demostrármelo de cómo llevar un gorro ayuda a la inteligencia ?como lo hacían supuestamente los ancestros?. Si esto fuera así ¿por qué llevar sólo uno? ¡Puedo llevar dos, tres, una sobre otra, siempre que favorezcan la inteligencia...!

Afirmar tu inteligencia, tu individualidad, es tomar responsabilidad de tu propio ser, según lo que tú sientes, según el dictamen de tu propio corazón. Esa es la Desobediencia Suprema

El profesor, no pudiendo hacer nada, dijo:

-Tendrás proble­mas toda tu vida. No encajarás en ninguna parte.

El colegial razonó:

-Encajar en todas partes es de idiotas, yo no soy un idiota. Prefiero ser un inadaptado, pero inteligen­te, para eso he venido al colegio, para ser un ‘ inadaptado inteligente’ . Por favor no vuelvas a intentar anular mi individualidad y convertirme en un engranaje de la maquinaria, te lo suplico.

Al día siguiente se reunió todo el plantel de educadores ?convocado por su directorio? para aprobar la nueva norma donde el uso de gorros dejó de ser obligatorio. Al otro día los gorros desaparecieron. Nadie traía, ni siquiera el director, excepto el profesor en cuestión, fue el único que trajo el gorro puesto.

Entonces el muchacho se acercó para decirle:

-Aún estás a tiempo, puedes quitártela y ponerlo en el bolsillo.

El profesor dijo:

-¿Vas a seguir?

El escolar contestó:

-No es eso, sino que ahora pareces el único idiota que lleva gorro.

El educador contestó:

-Está bien. Si todo el mundo está en contra del gorro; yo simplemente obedecía la norma, aunque me había acostumbrado.

Dicho esto, se sacó el gorro y lo puso en el bolsillo.

Y el muchacho concluyó:

-La norma la hacemos nosotros. La hacemos, pero podemos equivocarnos. Entonces podemos cambiarla, cuando sea necesario, sin ira ni resentimientos. ¿No podemos discutir con inteligencia a cerca de todas las cosas que nos competen?

Normalmente, se suele decir que: cuando el factor decisivo de las acciones de tu vida eres tú, eres desobediente. Evidentemente, todos los diccionarios, pueden corroborar a ello porque, en ellos, obediencia es igual a sumisión ciega a un patrón escrito, a una autoridad investida de poder, a una norma establecida. De ahí que desobediencia sería ir en contra de la obediencia, en contra de una multitud que obedece a un cierto paradigma acordado previamente o a una autoridad.

Pero la desobediencia, en este caso, no es otra cosa que esto: todo depende de ti, que tú eres el factor decisivo en todo lo que hagas. Desobediencia es afirmar tu inteligencia, tu individualidad; no dejarse absorber por la multitud es desobediencia, una desobediencia que está por encima de la obediencia y de la desobediencia que prescriben los diccionarios.

Afirmar tu inteligencia, tu individualidad, es tomar responsabilidad de tu propio ser, según lo que tú sientes, según el dictamen de tu propio corazón. Esa es la Desobediencia Suprema. Y eso da una fuerza tremenda para averiguar por ti mismo lo que está bien y lo que debe hacerse porque, hagas lo que hagas, lo haces por una razón, por cuenta y riesgo propio. Esa es la única manera de ser supremamente responsable de tu propio ‘ ser’ y ‘ hacer’ . Es decir: si algo va mal, es culpa mía; si algo va bien, es para gloria mía. Y no tengo que condenar a nadie porque me haya dicho lo que tengo que hacer. ¡Desobedece a la multitud, no tienes nada que perder!

Ohslho


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Ocho (8 noticias)
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