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El síndrome de la indiferencia

22/06/2011 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lo peor que le puede ocurrir a una serie no es necesariamente volverse mala, mala. A veces hay suficiente con perder el mojo , que diría Austin Powers. Cuando piensas " pues vale " con cada giro, cuando sueltas un " pf " en el momento dramático y escuchas los chistes de los personajes con cara de póker. No es disgusto, ni es rechazo: solamente indiferencia. Y Anatomía de Grey estaba concebida para despertar cualquier cosa, pero no esto.

Grey's fue una serie diseñada básicamente para jugar con las emociones del espectador. Si algo ha demostrado Shonda Rimes en sus siete años en antena es que busca deshidratarnos, que nos encariñemos con los personajes, que riamos y lloremos con ellos, por insoportables que pudieran ser la mayoría de las veces. Por esto cuando sufres todos los síntomas descritos arriba, está claro que no vamos por buen camino. Incluso cuando la serie perdió el rumbo en la tercera temporada, tras dos años espléndidos, nos tenía enganchados.

Yo reconozco que en su momento fui un yonqui de los chicos del Seattle Grace. Me daba un chute de dramón y al día siguiente ya empezaba con el síndrome de abstinencia. Y daba igual que me hubieran timado en el último episodio, que odiara al camello y que lo hubieran cortado con azúcar. Cuando llegaba la semana siguiente ya estaba parando la mano como Bubbles en las casas bajas de Baltimore. Era superior a mis fuerzas y allí residía la clave de su éxito. Bueno, y a que sus dos primeras temporadas fueron excelentes (qué medida y sensible mezcla entre procedimental y culebrón), que la quinta tuvo el mejor cáncer de la televisión (Izzie Stevens me hizo reventar los lagrimales) y la sexta, aunque ya padeciera indeferencitis , se despidió por todo lo alto, con tiroteos, muertos (muy secundarios) y heridos.

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Hasta en los malos momentos en las temporadas olvidables, cuando se utilizaba el shondismo para las artes oscuras, había resquicios de algo porque por lo menos los odiábamos. Hubiera girado la cara a medio hospital, pero la cuestión es que quería hacerlo. Estaba implicado emocionalmente con algunos personajes. Ahora, sin embargo, la cosa es bastante distinta. Tocaba dejar respirar a los personajes que llevaban tanto tiempo llevando las riendas de la serie, como Derek, Meredith y hasta cierto punto Christina (que ha estado más activa), y los recambios no funcionaron como se esperaba.

Cada vez tengo más claro que el problema reside sobre todo en Shonda. Esta mujer es un one hit wonder que nos supo dar unos cuantos buenos personajes y a partir de allí su talento se agotó. Y aunque Callie cayera bien, también Arizona y también Sloane, ninguno de ellos ha tenido la fuerza suficiente como para llevar el Seattle Grace. Es más: estos tres han acabado quemados (suerte tiene Callie que The Story nos hizo perdonarla) y los que corrían por allí no han salido muy beneficiados (Lexie con poca personalidad y muy perra hortelana, Baley de mesa camilla y Teddy con un arco argumental que podía dar más de sí y no se atrevieron a atacar por miedo a que fuera demasiado Denny 2.0).

Para que me baje del carro, sin embargo, tendrá que terminar. De producto estrella de la noche ha pasado a pasatiempo para la hora de comer, pero aquí continúa en mi rutina semanal y yo sigo esperando la remontada (o, más que vaya a mejor, que sencillamente me importe). Por suerte hay algo de esperanza para los ilusos optimistas como yo: el descanso le ha sentado de maravilla a Meredith y ahora que hasta me cae simpática (sí, en serio) hasta puede que las aguas vuelvan a su cauce. Puede que una protagonista ejerciendo de protagonista sea el truco para todo esto ahora que se han quitado de encima todas sus neuras y esos no-creíbles instintos suicidas. Y fe, mucha fe por nuestra parte de que vuelva la vida y el tomate del bueno a los pasillos del hospital.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticoenserie (566 noticias)
Fuente:
criticoenserie.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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