El que espera…
¡No me lo puede creer! Estoy sentado esperando mi turno pero parece que va para largo. Hay otras siete personas en la sala de espera. Todos con una revista en la mano. Cuando se abre la puerta, una doctora que parece haber terminado la carrera antes de cumplir la mayoría de edad, aparece con un papel en la mano, nos mira a todos como en trance y solo entonces se atreve a mencionar un nombre. A mí, que se me ha quedado justo en el trasero el impulso de levantarme, no se me ocurre otra salida que disimular, así que encorvo la espalda, hacia los pies; las manos, en busca de unos cordones que atar. Pero, milagro del mínimo esfuerzo, resulta que tan solo son zapatos, así que trago saliva y, como quien silva mirando al techo, froto con los dedos la puntera del calzado y con rapidez suprahumana me incorporo y vuelvo a seguir esperando sobre el asiento. En ese momento, tan solo seis personas me miran casi con perplejidad. La séptima se encuentra junto a la doctora. Ambas echando un vistazo, por supuesto. Como si nunca hubieran visto a nadie hacer flexiones sentado.
Mi reacción es ejemplar: denotando la mayor arrogancia posible, recojo la revista que acaba de dejar la paciente que ha entrado a la consulta y, sacudiéndola a modo de termómetro, me la sitúo frente a los ojos. Frente a los míos. Bien abierta. Quien desee mirar, que atraviese antes la portada de la revista. ¡Habrase visto! Yo a lo mío. Hojeo por unos instantes las páginas centrales, con fotografías de mujeres sufriendo y llorando mientras se desangran. Cierro de golpe. Con mucha tranquilidad, dejo el ejemplar “Embarazo sano” en su sitio. Con delicadeza, apuntando a la mujer embarazada que mira y me sonríe. Yo devuelvo la sonrisa e intento salir del apuro con una nueva elección. Esta vez es una revista de cine, Fotogramas. La mujer parece haberlo entendido porque recoge la revista que yo he dejado y la abre exactamente por el medio, seguramente en el mismo lugar donde lo había abandonado yo. Con la respiración en vilo, intento vislumbrar su reacción de mujer sensible. La mujer embarazada sonríe, envuelta en luz de ángel. Observa las páginas y sonríe. Yo levanto el cuello. Giro un poco la cabeza. Nada. Me es imposible contemplar qué narices está leyendo. Aunque deben de ser otras páginas sin fotos. Tal vez la sección de chistes. Y deben ser graciosos porque no le desaparece la sonrisa de la cara.
Vuelve a abrirse la puerta. La adolescente de la bata suelta otro nombre que no es el mío. Ésta vez ando prevenido y, aunque me pilla a traición, enseguida vuelvo al asiento. No queda otra que esperar. Abro por el medio la revista y leo por encima. Las noticias son recientes. ¡Vaya, como que es de este mes! Así que hojeo rápido, buscando qué sé yo. Hasta que freno ante el título de un artículo. “Cómo adaptar el mayor best seller de amor (vampírico)”. Y en foto enorme, los dos enamorados protagonistas de la película Crepúsculo, devorándose con ojos caníbales, impregnados por el deseo de una mirada que sólo podría provenir únicamente de dos seres enamorados, aunque también se hayan dado casos de actores y actrices que los interpretan convincentemente. Me llama la atención la sinopsis que hay bajo la foto. Me incita a leer. “Ser joven, es querer siempre ser el primero” “Es querer vivirlo todo intensamente” “Es pensar que está todo por hacer” “Es creer que no existen reglas…”. Luego, cuando termino, vuelvo a la fotografía de arriba. Sí, son jóvenes, pero tanto para decir que para ellos no existen las reglas… Uy, perdón, que dice “creer que no existen reglas”. O sea, que las reglas existen, pero no para los jóvenes. Bueno, no sé qué clase de publicidad están haciendo de la película. En fin, es una simple frase.
Paso a la página siguiente con la misma rapidez con que se salta al siguiente párrafo y ahí sí encuentro el reportaje. Una entrevista con Melissa Rosenberg, la guionista de toda la saga de Crepúsculo. Cuenta más o menos lo de siempre, aunque resulta interesante. Las dos páginas están adornadas por algunos fotogramas sacados de la película en cuestión. Todo parejas jóvenes. Y, además, guapos. En la parte inferior derecha, al igual que en la página anterior, hay también una sinopsis. “Ser joven es querer ser como ellos”. Y al lado están los tres protagonistas. Mirando fijamente. Dejando bien claro que ellos son “ellos”. Pues qué bien. Paso página.
El reportaje sigue y acaba ahí. Y resulta que les queda espacio para poner algo de publicidad. Que sospechosamente enlaza con las dos páginas anteriores. Así que aprovechan dos pájaros de un tiro y plantan el cartel bien grande de la película, “Amanecer, parte I”. En la parte central queda la fotografía de nuevo con los tres protagonistas, que siguen mirando fijamente, sin pestañear. Como si no fueran de este mundo. Y, para rematar, el eslogan del anuncio: “Porque ser joven es querer tenerlo todo, descubre Bankia joven.”
Levanto la mirada y recojo la mandíbula que se me ha caído al pecho. Difícilmente puedo parpadear. Menos mal que la doctora aparece y se le ocurre por fin pronunciar mi nombre. En medio de la taquicardia, de camino a la consulta, me pregunto cuántos jóvenes habrán hecho cola para entrar en la sucursal. Tan sólo habrán tenido que acercarse a la ventanilla, ladear un poco el cuello y decirles, vengo a que me saquen la sangre. Y tengan por seguro que hincarán el diente.
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Autor: Enrique Madrazo (64 noticias)
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Tipo: Opinión
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