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El naufragio de Sandokán

28/04/2011 11:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Escribió cien novelas, enseñó a leer a generaciones enteras y fue el autor más vendido del mundo. Pero se suicidó a los 49 años, acosado por la pobreza y las deudas. Esta es su historia

Vida tragica. Seis días antes de matarse al estilo japonés en un bosque de Turín, su esposa fallecía en un manicomio. Como un signo trágico familiar que se repite, su padre y sus dos hijos también fueron suicidas.

El 25 de abril de 1911, en un bosque de Turín, a los 49 años, el escritor italiano Emilio Salgari se suicida sangrientamente dándose una cuchillada en el vientre, en el abdomen y la garganta, al estilo seppuku o harakiri, con una navaja de afeitar. Por entonces ha publicado una cantidad estremecedora de novelas (alrededor de cien), un centenar de relatos y cuentos, e innumerables crónicas y artículos. Seis días antes de quitarse la vida, su mujer Ida Peruzzi (“Aída” para él, como la heroína de la ópera de Verdi) es internada en el manicomio de Collegno, cerca de Turín, donde muere. Al parecer, este hecho, la precariedad económica y un grave aneurisma, desencadenan la última crisis. Salgari intenta suicidarse del mismo modo en 1910, a semejanza del rito japonés, pero aplicándose una puñalada en el corazón. En 1889 también se suicida su padre y luego lo hacen sus hijos (Romero, en 1931, y Omar, en 1963), sellando la impronta trágica de la familia. En Emilio Salgari, el suicidio pone fin a una situación en la que se conjugan los repetidos problemas psiquiátricos y la muerte final de su esposa (de joven, actriz aficionada de una filodramática), las permanentes privaciones económicas, las fatigas y presiones del escritor profesional y una imaginación (por decir lo menos) tan desbordante como asfixiada por los géneros editoriales.

De hecho, Salgari inventa en su autobiografía, publicada después de su muerte, una vida ajustada a las novelas de piratas y corsarios que lo hacen en su momento uno de los autores más vendidos en Europa y América. Según relata, entre los 18 y los 23 años viaja como tripulante de distintos barcos por los mares del mundo y conoce a marineros y bucaneros en los que se basan sus personajes más populares. Bajo el mando del excesivo capitán Valak, se desempeña en el primer viaje como segundo capitán a bordo de un barco que navega el Adriático. En esta aventura, colmada de temibles tormentas y peligros, Salgari se enfrenta con un gigantesco tiburón sobre la cubierta de la goleta y lo mata, evitando que devore la pierna del capitán. Luego, se embarca en un velero de tres palos y al llegar a Bombay conoce a un rajá (al que en sus historias llama Sandokán), quien le ofrece convertirse en capitán de uno de los barcos pirata de su flota. De regreso a Verona, su ciudad natal, con una fiebre tropical que le impide trabajos pesados, se dedica al periodismo y a escribir narraciones sobre sus experiencias en el mar para subsistir.

Vivir su vida. En la realidad, Salgari inicia estudios en 1878 en el instituto técnico y naval Paolo Sarpi de Venecia, con el propósito de instruirse como capitán de cabotaje, pero no los termina. En ese período sus experiencias en el mar se restringen a excursiones en un navío escuela. Luego, viaja como pasajero durante tres meses en un barco mercante a lo largo de las costas del Adriático. En 1882 regresa a Verona y se dedica al periodismo. Sus primeros trabajos literarios fueron pequeñas piezas líricas y relatos breves, como Los salvajes de la Papúa (I selvaggi della Papuasia), traducido también como Los amores de un salvaje, publicado en 1883 en el periódico milanés La valigia. También en 1883 el periódico veronés Nuova arena (donde es primero redactor de crónicas y luego editor) publica por entregas Tay-See, editada en 1897 en libro con el título de La Rosa del Dong-Giang. Desde el 16 de octubre de 1883 hasta el 13 de marzo de 1884, en el mismo periódico, se publica en 150 entregas El tigre de la Malasia, primera versión de la extensa saga de Sandokán, que se edita en 1896 en forma de libro con el título de Los tigres de Mompracem (también conocido como Los tigres de la Malasia). De este modo, influido por Eugène Sue, Jules Verne y Alexandre Dumas (y quizá por Fenimore Cooper), se inicia como escritor de novelas de piratas y narraciones juveniles.

En 1892, después de casarse, Salgari se muda a Turín, donde trabaja para la editorial Speirane, especializada en ficciones juveniles, y ya escribe varias novelas, una tras otra, entre ellas La cimitarra de Buda (1892), Los pescadores de ballenas (1894), El tesoro del presidente del Paraguay (1894), El continente misterioso (1894), Un drama en el Océano Pacífico (1895), El rey de la montaña (1895) y Los misterios de la jungla negra (1895). Tras dos años en el barrio genovés de Sampierdarena, donde conoce los ambientes del mar de Liguria para obtener ideas para sus libros, regresa a Turín y comienza a escribir los ciclos de los piratas de Malasia (cuyo protagonista principal es Sandokán) y del Caribe (protagonizada por el Corsario Negro).

En 1897 el rey Humberto I le concede el título honorífico de Caballero de la Corona de Italia por sus novelas. En 1898, por solicitud de Donath Editore, se traslada a Génova. En 1900 regresa a Turín. En ese mismo año se publica Los tigres de Mompracem bajo el sello Donath, que le fija un magro sueldo anual por escribir tres novelas al año. Forzado por las circunstancias, Salgari escribe además novelas con varios seudónimos (Guy Altieri entre los más reconocidos), para otras editoriales. En esta etapa escribe para Donath, aparte de unas cuantas novelas más, gran parte de los grandes ciclos narrativos de los piratas de la Malasia y los corsarios del Caribe. En la primera –compuesta de varios volúmenes– se destacan (además de Los tigres de Mompracem y Los misterios de la jungla negra), Los dos tigres (1904), El rey del mar (1906), y La venganza de Sandokán (1907), y en la segunda, El Corsario Negro (1899), La Reina del Caribe (1901) y Yolanda, la hija del Corsario Negro (1905). En 1907, al cesar el contrato con Donath, comienza trabajar para la editorial Bemporad, para la cual escribe, hasta 1911, 19 novelas. De todas maneras, no todas las obras firmadas con su nombre son suyas, ya que surgieron pronto imitadores, así como tampoco se conocen todos los seudónimos por medios de los cuales se imita a sí mismo.

Por otra parte, Salgari no sólo escribe novelas de piratas (o bucaneros y filibusteros como sinónimos de óstos sólo para la zona del Caribe) o corsarios (piratas autorizados legalmente por un Estado para atacar barcos o puertos enemigos, como el corsario inglés sir Francis Drake), sino también novelas de aventuras en general y ambientadas en el Far West, al modo de Fenimore Cooper. De estas historias de vaqueros se conocen Aventuras entre los pieles rojas (1900), En las fronteras del Far-West (1908), La Scotennatrice (1909) y Le Selve Ardenti (1910). En cuanto a las novelas de aventuras, los títulos se amontonan copiosamente. Algunas se inscriben en el subgénero de relatos de exploradores, otras (remedando a Rider Haggard) en el de descubrimiento de “mundos perdidos”, otras narran peripecias en el mar, otras episodios históricos fabulados (por ejemplo la novela extraviada de Salgari, Il leone del Trasvaal, sobre la guerra de los Boers de 1899 a 1902), otras largas aventuras inspiradas en Verne. Entre éstas figuran varias novelas tempranas de Salgari –Dos mil leguas por debajo de América (1888, conocida también como El tesoro de los incas), Viaje al Polo Austral en velocípedo (1895) y A través del Atlántico en globo (1896)–, Los hijos del aire (1904), El rey del aire (1907) –libros que narran un viaje hasta las montañas del Himalaya en un dirigible impulsado por alas y tripulado por un misterioso capitán y su mecánico– y Las maravillas del 2000 (1907), una novela precursora de la ciencia ficción del siglo XX. En ella, el doctor Toby descubre en una flor egipcia una sustancia que, mediante la hibernación, permite suspender la vida de cualquier sujeto humano y reanimarlo en el futuro.

Realidad y ficción. En gran medida, los personajes y héroes de Salgari viven en un universo autónomo, romántico y simple, siempre concebidos según paradigmas morales (el bien, el mal, la codicia, la generosidad, el coraje, la amistad, el amor, el honor, la venganza) y en función de la rapidez de la acción (de ritmo un poco embrollado y repentino saltos en el tiempo y el espacio), con lo que se renueva finalmente la literatura juvenil y de aventuras de la época. En la obra de Salgari, como en su autobiografía, se mezclan realidad y ficción (por lo común, las fechas de las ficciones son precisas) a partir de una formidable capacidad de imaginación de escenarios históricos y de geografías y regiones que conoce sólo a través de relatos de otros o de enciclopedias. La proliferación de detalles sobre las particularidades de la flora, fauna y costumbres de los ambientes donde se desarrolla la acción constituye un rasgo de sus novelas. El uso hábil del léxico marino, que aprende en los estudios abandonados para capitán de cabotaje, logra imprimir una extraordinaria credibilidad a las muchas batallas navales que describe. Con Salgari, la novela de aventuras ingresa en un mundo elemental y primitivo, convulsionado de peligros y huracanes, de animales salvajes y pasajes exóticos, de fuertes pasiones y personajes indóciles y nobles. Su estilo directo, urgente y muy expresivo, y los diálogos breves y elípticos, influyen sin duda en la cultura de masas del cine y la novela de acción, en los seriales televisivos y en el relato visual del comic.

Era una década prebélica en la que los intrépidos exploradores y los grandes novelistas relataban el mundo no conocido por los occidentales

Por supuesto, las novelas de piratas comprenden las más logradas y más populares y, entre ellas, las del ciclo de los piratas de la Malasia protagonizado por Sandokán. Comienza con Los misterios de la jungla negra donde, en India, los bengalíes Kamamuri y Tremal-Naik combaten a los invasores británicos. Estas aventuras transcurren en el Sudeste de Asia (principalmente en Borneo, Malasia y la India) a mediados del siglo XIX, cuando la piratería se expande en la zona como forma de lucha anticolonialista. Sandokán es un príncipe de Borneo, conocido como el Tigre de la Malasia, y, junto con su heterogénea tripulación (malayos, siameses, indios, negros, etc.), lucha como pirata contra el imperialismo británico que lo ha desposeído de su trono y asesinado a su familia. Sus aliados son el portugués Yáñez de Gomera, Tremal-Naik, Kammammuri, Sanbigliong y Ada Corishant, con quienes se refugia en isla de Mompracem. En Los tigres de Mompracem, Sandokán tiene la mala suerte de enamorarse de “la perla de Labuán”, lady Mariana, la sobrina de Lord Guillonk, su enemigo, el comandante de la flota británica en el archipiélago malayo. Las andanzas de Sandokán y sus Tigres por la zona consisten en atacar navíos, guarniciones y poblados bajo dominio británico. La novela está atiborrada de incidentes en los que descuella la valentía y la astucia de Sandokán, quien a veces lucha frontalmente y otras se disfraza para vencer a sus enemigos.

Si la gran creación de la literatura industrial de Salgari es este pirata justiciero que, injustamente ofendido por poderosos, se hace a la mar con bandera propia (roja con la cabeza de un tigre en el centro) para vengarse, no se trata del único. El protagonista de El Corsario Negro, Emilio di Roccabruna, señor de Ventimiglia, noble italiano que se convierte en bucanero para vengarse del asesino de sus hermanos, el gobernador de Maracaibo, Wan Guld, luce también como un tipo bastante logrado. En El Corsario Negro, primera de la serie de los piratas del Caribe español con este personaje, Roccabruna se entera por dos náufragos del asesinato de uno de sus hermanos y navega a Maracaibo para recuperar el cuerpo. Otros dos hermanos que lo acompañan, el Corsario Verde y el Corsario Rojo (título de una novela anterior de Fenimore Cooper), también caen muertos por obra del gobernador, por lo que el Corsario Negro decide aniquilar a toda su familia. Días después de esto hace prisionera a una bella dama, Honorata, de la que se enamora, y que resulta ser (de forma similar al enamoramiento de Sandokán) la hija de su enemigo, Wan Guld. Luego de numerosas peripecias, Roccabruna se dirige rumbo a la isla Tortuga (al norte de la costa de Haití, en Las Antillas, desde el siglo XVI refugio de piratas franceses, ingleses y holandeses que se enfrentan a la flota española), a donde llega tras atravesar un sinfín de aventuras. En suma, una obra al estilo Salgari: atestada de piratas y corsarios, abordajes, secuestros, huidas, combates y periplos en el mar y pasiones enardecidas.

Al parecer, en su madurez, Salgari se hace llamar capitán de la marina mercante y no, como le corresponde, por su título de Caballero. Incluso, en cierta oportunidad se bate a duelo con un periodista que pone en duda sus proezas marinas. Realmente extraño. Como sea, Salgari deja tres significativas cartas de suicida. Una para sus hijos, en la que les explica que sin un céntimo y vencido, ya no tiene voluntad para vivir. Otra para los periódicos de Turín, donde se manifiesta quebrantado por las desgracias y la indigencia a pesar de sus cuantiosas novelas y relatos publicados y les pide que realicen una colecta para aliviar la pobreza de su familia. Y la última se destina a sus editores, a los que les reprocha su enriquecimiento a costa de su trabajo mal pago y de los cuales solamente espera un último gesto: que financien los gastos del entierro.

Una de piratas

Cuando Salgari comienza a escribir novelas de piratas, el subgénero ya tiene antecedentes no menores. Se considera a Vida aventuras y peripecias del Capitán Singleton (1720), de Daniel Defoe, la primera novela clásica de piratas. En ella se narran en primera persona las aventuras del personaje central a través del Caribe, Madagascar y las Indias Orientales, hasta que un médico cuáquero entre su tripulación lo persuade de abandonar la piratería. El corsario (1814), un poema épico de Lord Byron de gran éxito en su momento, establece (de ahí su importancia) el arquetipo romántico del pirata justiciero: Conrad, paladín de los piratas del Mediterráneo, encarna una especie de Robin Hood de los mares. Luego, en 1822, Walter Scott publica El pirata. Esta novela se basa en la vida del pirata John Gow mencionado por Defoe, y luego por Charles Johnson en su Historia general de los piratas (1724). En 1823, James Fenimore Cooper publica su primera novela de piratas: El piloto. Un Cuento del Mar. Más tarde, Eugène Sue –autor de célebres folletines publicados en periódicos– da a conocer Kernok el pirata (1830). Por su parte, Julio Verne escribe varias historias con piratas, pero quizá sólo el Capitán Nemo ha ganado un puesto como verdadero pirata en Veinte mil leguas de viaje submarino y La isla misteriosa. Sin embargo, las novelas lo presentan de modo diferente. En la primera (publicada por entregas entre 1868 y 1870) es un europeo y en la segunda (1874), el príncipe Dakkar, sobrino de un líder antibritánico y él mismo un rebelde. Finalmente, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, publicada en la revista Young Folks a fines de 1881, cierra la época pre-Salgari. El protagonista, Jim Hawkins, encuentra por azar un mapa que indica la ubicación del tesoro del Capitán Flint y decide ir a buscarlo. Curiosamente, el escritor argentino Vicente Fidel López –influido por Scott, Fenimore Cooper y Sué– publica la primera novela latinoamericana con temática de piratas: La novia del hereje o la Inquisición en Lima, publicada por primera vez en 1840.

Por Rubén H. Ríos

Fuente: Diario Perfil 24/4/2011

In Memoriam: Cien años sin Emilio Salgari.

El escritor italiano Emilio Salgari se suicidó justo hace 100 años. Aconteció un 25 de abril de 1911. Era una década prebélica en la que los intrépidos exploradores y los grandes novelistas relataban el mundo no conocido por los occidentales. Ese fatídico día, un hombre llamado Emilio Salgari ya había publicado Los mineros de Alaska, Los bandidos del Sahara, Sandokán, El tigre de la Malasia o El Corsario Negro. Tal día como aquel, moriría.

Salgari ya lo había intentado dos años antes, pero esta vez certificó su suicidio. Tomó un cuchillo afilado y se abrió el vientre. Siguió así el rito japonés del seppuku. En una carta escrita momentos antes, reprochaba a sus editores que se hubieran enriquecido con su obra literaria, mientras la familia Salgari bordeaba la penuria. El escritor suicida también les pidió a sus editores que tuvieran la decencia de pagar su funeral.

El escritor llevaba años soportando problemas psíquicos que se juntaron con la enfermedad mental de su mujer. Las dificultades económicas no hicieron más que agravar su sufrimiento.

“A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari”.

In Memoriam.

Fuente blog: Algún día en alguna parte


Sobre esta noticia

Autor:
Jaime Bel Ventura (52 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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