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El mejor del resto

03/12/2010 10:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para Nico Rosberg, era una temporada a muerte. O plantaba cara al Matusalén del Gran Circo, o quedaría como otro piloto resultón, otro de esos hombres de los que tanto discutimos si tienen una calidad medianamente buena o es que directamente no tienen calidad. Quedarse a una distancia prudente del heptacampeón que todo lo puede bastaría para salvarlo de la quema, pero lo cierto es que la pregunta flotaba en el paddock y en la red: ¿Hasta dónde llega el talento de Rosberg?

Su época con Williams fue muy sólida, pero no fue más allá. Un puñado de podios, sí, y de buenas oportunidades en Singapur, pero no hubo actuaciones deslumbrantes, de esas que marcan a los tíos a seguir en la próxima década. Por eso muchos seguíamos dándole vueltas a su verdadera talla. Nakajima no era un buen termómetro, pero Michael Schumacher...

Michael Schumacher, para ser francos, el Michael Schumacher de 41 años y un curso de reciclaje, tampoco lo es. Pero todos sabemos que el Mercedes W01 ha sufrido de lo lindo con el subviraje, la batalla corta y las gaitas. Y sin embargo ahí lo tenemos, acabando a dos puntos de Massa en el F10 -de forma fraudulenta, no lo olvidemos, pues el brasileño debe agradecer el sexto puesto a los comisarios del GP de Babia, perdón, de Bélgica, que le permitieron salir dos manzanas por delante de su posición de parrilla-.

Por otro lado, el rubiales resiste pero que muy bien la presión... Porque si no es presión lo que tuvo entre diciembre y marzo de 2010, que baje la antigua reencarnación de su compañero y lo vea. "Pobre Nico Rosberg", titulaban unos y otros medios. Lo titulaban tal cual, no es que sea mi resumen de la sensación general. Y sin embargo, ahí estuvo, haciendo su trabajo mejor que el Kaiser en Bahréin, y luego en Australia, y luego carrera tras carrera.

Nico Rosberg entró en la F1 con demasiado bombo, y creo que por eso, y por un contrato de larga duración para evitar que se les escapara a lo Button, ha pasado cuatro desapercibidos años en Williams, intentando hacer ver su calidad mientras peleaba con el Toyota/Toro Rosso/Force India de turno. De repente, un debutante que marcaba puntos y vuelta rápida en su GP de debut, y luego sufría más abandonos que carreras tuvo el año, era una decepción. Para Rosberg en 2006, un pequeño puñado de puntos era una especie de desmentido. Este no era el tío al que había que seguir. Vayámonos con el siguiente campeón de la GP2. Ese sí que es una estrella del mañana. Pero lo más triste de todo fue el círculo escéptico, que se permitió el lujo de decir: "¿Lo veis? Si es que cuando la cogéis con uno lo gafais... Hace un año decíais que iba a ser campeón del mundo, y ahora, mira...".

Hay un factor en la F1 que parece imposible que la gente tenga algún día en cuenta, y es el esfuerzo personal. La evolución vital, el trabajo en tus puntos débiles, el aprendizaje. Cojamos a Felipe Massa, por ejemplo. La postura actual -la media, no nos pongamos a discutir por esto- es que es el mejor piloto de los de segunda fila. Hace un par de años, era uno de los grandes. Y en Sauber, un piltrafilla. La historia recordará a Massa sólo por una de las tres cosas, siempre por la última, el sabor de boca que el piloto ha dejado. Pero no, Massa fue todas y cada una de ellas, cada una a su debido tiempo, y su cúmulo de decisiones, circunstancias y trabajo personal ha marcado dónde debía ser clasificado en cada año.

Pues eso, Nico Rosberg fue un piloto peleón con potencial hasta que se metió en un equipo grande y, una vez dentro, le enseñaron la boca que se lo tenía que merendar. Desde entonces, tras tapar la boca con un paño bañado en cloroformo, es uno de los tíos más capaces y con un coche menos acorde a su talento. Rosberg debería ser recordado por las dos cosas -y las que le vengan- cuando cuelgue el casco.

© Imágenes: cochesmas.com, telegraph.co.uk

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Sobre esta noticia

Autor:
Zeptem (399 noticias)
Fuente:
zeptem.com
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Tipo:
Reportaje
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