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El hijo de la leyenda

03/10/2010 10:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

lEer escuchando "of he goes" de pearl jam(toca vedder, toca esa linda guitarra!)

¿Accidentes? ¿el universo nace de una explosión, el sistema solar era un remolino de polvo y el magnífico milagro de la vida es una coincidencia de carbonos? ahhhh la frustrada megalomanía de la ciencia que comulga con la malicia, y produce misas de anestésico para las masas reverenciadas y reverentes. La desiludida curiosidad del mago que se convierte en poco menos que un truco de cartas. Me niego rotundamente a creer que los accidentes existan. Soy el único responsable de todos mis Tsunamis.

Jaques Villeneuve  siempre fué un campeón sin brillo en el olimpo de mis héroes. No es ni un poco simpático, no tiene la escandinava distancia de Keke Rosberg, ni la estadística asombrosa de Michael Schumacher, Ni la espontánea juventud de Fernando Alonso, ni la impaciente sonrisa de Emerson Fittipaldi. Era un piloto poco, poco de todo, lo suficiente para estar allí pero no para ser odiado por ello. No era ni siquiera un rostro, era el cadaver de un rostro muy amado por las massas del pasado.  Lo detestaba: estaba allí porque su padre debió estar algún tiempo más antes de abandonarnos en la persecución infinita de su genial locura. Él sabía que no era el preferido, que no habrían multitudes corriendo atrás de sus pasos. No estaría allí por mucho tiempo, ni sería reconocido por los jóvenes fans en algún evento.

Y sin embargo no se iba.

Hace tres noches, navegando ocioso a la busqueda de una fotografía ingrata que decorase un texto sobre el nuevo equipo que insiste en poner en la fila de promesas, me lo encontré varias veces, los ojos llenos mirando al cielo, casi al borde del carro pero sin subirse, feliz, lleno de ignorancia y desconcierto, pero contento de estar al lado de su padre: un niño de poco más de seis años que posaba siempre al lado del superhéroe que le leía todas las noches, que declaraba a quien quisiese ponerle un micrófono al frente que ser padre era el podio más glorioso, la espuma más dulce, el ajuste más preciso que su vida tenía.  Antes de 1982 la vida era un valle de amor para Jaques el inocente; se acostaba soñando con el título que juntos ganarían, se levantaba queriendo entender aquellas discusiones que espiaba, era el hijo de la leyenda.  Un dia, algo horrible que no podía entender ocurrió, y Jacques tuvo que seguir en solitario. De repente nadie quería verlo subido en un kart o levantando una llanta.

No puedo evitar pensar en ese doloroso instante, el milisegundo en medio del champagne del título, en el que Jaques tuvo que pensar en su padre. Aquel título 15 años atrasado, debe haber sido entregado como un todo a una pira de sacrificio, a un recanto ritual de su psique todavia en luto. Era mía tu victoria, ahora puedes tener la mía.

Soy el dueño absoluto de todos mis Tsunamis. pero algunos que no me pertenecen, también los tomo. Él era el hijo de la leyenda, el silencioso druida de la gloria heredada. el inevitable coronador de su ídolo de infancia.

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Sobre esta noticia

Autor:
Zeptem (399 noticias)
Fuente:
zeptem.com
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2555
Tipo:
Reportaje
Licencia:
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