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El gran carnaval del mundo

06/03/2011 00:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ver, oír y gritar

El gran carnaval del mundo

Los disfraces, las mascaradas, los desfiles y las fiestas callejeras son los ingredientes que protagonizan la celebración pública del carnaval. El descontrol se adueña de la realidad durante unos días. Triunfa don Carnal sobre Doña Cuaresma, en tiempos de crisis, y el reelegido presidente de la Conferencia Episcopal, Rouco Varela, con sus atuendos de arzobispo, esgrime la bandera de una sexualidad basada en la continencia y exclusivamente en el matrimonio, justamente lo contrario de lo que propone la mayoría de psicólogos y de especialistas de la salud.

El gran carnaval, como el gran teatro del mundo, funciona hoy y en cualquier ocasión. Uno de los dibujos de El Roto mostraba a un perro agresivo con los labios pintados. Un maquillaje carnavalesco para dulcificar la fiereza de unas fauces bien afiladas. Todo un símbolo. El dios del capital, responsable de la divina recesión, lo conforman los ricos y los especuladores. Ellos quieren sacarnos del túnel negro para volver a situarnos en la ruta gris o mediocre de siempre.

Estos poderes financieros se disfrazan de faraones o de sultanes, aunque los disfraces de vampiros tampoco les van mal. Las comparsas carnavalescas bullen a su aire. Angela Merkel viste de policía sexy con la porra europea y un programa de ajustes contra el Estado social. El presidente Zapatero, prisionero de los mercados, lleva un pijama de rayas, y Rajoy, con su Código de Malas Prácticas y un disfraz de clérigo, reza “ mas líbranos, Señor, del paro. Amén” .

Rubalcaba, de Cupido, lanza sus flechas del amor para seducir al desconcertado club de simpatizantes socialistas. La ciudadanía asume pacientemente el papel del patito feo y recibe recetas, reformas, pinchazos y supositorios, por parte de los doctores de la cosa económica, con la intención de superar el trance y ser más guapa.

Cayo Lara y Gaspar Llamazares interpretan a Caperucita roja en este carnaval. En los cestos llevan tortas para el Ejecutivo y los poderosos, así como medidas de izquierda con el fin de neutralizar al lobo feroz de la crisis. Enfrente tenemos a Aznar, el “ mosqueperro” de las libertades de los magnates o de los mangantes. Uno de esos Robin Hood que pueden quitar el dinero a los pobres para dárselo a los fuertes. O el Napoleón de la nueva ola con la mano derecha, por supuesto, en su cartera.

En todo el jolgorio no falta González Pons, el rey del pop genovés. Quiere cantar como un angelito pero simplemente ruge y desafina por intereses electorales. Habrá que llegar hasta el fondo de los presuntos ERE irregulares de la Junta de Andalucía. Muy bien. Otro asunto es “ el circo permanente” , según COOO, que se está produciendo en torno a esta situación.

El tal Pons habla de dinero destinado a los “ amigos y amiguetes” del PSOE. Y lo cuenta un importante miembro del PP, el partido de la “ regeneración” vinculado supuestamente a la trama Gürtel o al caso Brugal. Es decir, blanqueo de capitales, fraude fiscal, cohecho, soborno, extorsión, tráfico de influencias…

El honorable Francisco Camps firma un manifiesto contra la corrupción y juega a ser Alicia en la Generalitat de las maravillas. Es el fantasma de la presidencia, el señor de los trajes y algo más. Defiende su honradez y su orgullo. La diablesa Cospedal pincha en hueso con su tridente a Zapatero. Luego se transforma en Julieta y declara su incondicional amor al jefe del Consell, un Romeo apolillado con ansias de seguir en el sillón tras las próximas elecciones.

Pepe Blanco luce un mandil, un gorro de chef y guisa el AVE en la cocina de Fomento. Mientras, Zapatero torea con el capote, toma espinacas y no le funcionan. Los cuernos de la crisis le golpean por todas partes. Hay que ahorrar consumo eléctrico y levanta la nueva señal de los 110 kilómetros por hora en aras del ahorro petrolífero y de reducir las emisiones de C02. Insuficiente para frenar el cambio climático, aunque vendible como medida ecológica. ¿Ahorrar 2.300 millones invirtiendo 1.100? No salen las cuentas.

La austeridad de los populares pretende reducir gastos en la Administración con su varita de hada madrina. Vale. De todos modos, es la población quien va desnuda en el carnaval del mundo, con un tonel tapando las vergüenzas.

Artur Mas se coloca ropajes de verdugo y recorta gastos sanitarios. A propósito, la Sanidad española se nutre estos días carnavaleros con enfermeras eróticas, lo que no impide que las listas de espera sean un lastre inadmisible que abusa del sufrido paciente.

El carnaval llega a cualquier rincón del mapa pese a que la ONU no esté para lanzar confeti ni serpentinas. Lanza cohetes contra los crímenes de guerra del pirata Gadafi, uno de los estrambóticos personajes de opereta en el gran teatro de la política. Las ganas de cambio en el mundo árabe deben ser atendidas dignamente. Los derechos humanos, eso sí, aun salvando las distancias, también flojean en Occidente.

Los cuatreros utilizan España como paraíso fiscal dentro de una legalidad absoluta. Al igual que otras muchas multinacionales, ExxonMobil Spain es una filial española del gigante del petróleo, pero sólo es utilizada para ahorrar impuestos. Y con un simple empleado. En dos años es capaz de obtener 9.907 millones de beneficio neto. Las entidades de tenencia de valores extranjeros no defraudan en principio. ¡Viva la juerga!

Un guateque donde los demás hacen el indio con algunas plumas en el coco. Recuerden El mago de Oz. El hombre de hojalata busca un corazón, el león quiere valentía y el espantapájaros desea un cerebro, tres cosas imprescindibles si queremos estar ahí.

Ellas sí estarán el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, exigiendo más igualdad, derechos sociales y laborales en una situación regresiva y sin marcha atrás. La propuesta de una huelga de sexo en Bélgica, hasta que el país tenga Gobierno, trae a colación una pieza de teatro. En Lisístrata, de Aristófanes, las mujeres practican la castidad para obligar a los hombres a terminar la guerra entre Atenas y Esparta. En fin. A los reyes de las finanzas y de la recesión habría que hacerles jaque mate en el tablero de la crisis.

Marc Llorente es periodista y crítico de espectáculos


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