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El golpe de los soberbios

24/02/2011 01:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

23F, la verdad… o casi toda la verdad (y III)

El golpe de los soberbios

El general Armada, gracias a la influencia de la Zarzuela, regresa a Madrid desde su destierro en Lérida. Logra que bajo el mando del general Milans del Bosch se agrupen todos los posibles movimientos militares en contra del sistema, incluido Tejero. Y empuja la solución política de un gobierno de concentración presidido por un militar, él mismo. Pero de repente lo que era una operación política se va al traste, y para hacer viable el “gobierno de concentración” pasa a ser necesario un detonante… La Operación Armada pasa a ser Operación De Gaulle.

Y quien provoca que fracase la operación política, la Operación Armada, es el propio Adolfo Suárez, que dimite como presidente. Consciente de los contactos que están teniendo las fuerzas políticas, en los que juega el papel primordial y motor precisamente gente de su propio partido, UCD, y del calado que tiene el regreso de Armada, Suárez pide verse con el Rey. El encuentro resulta tormentoso y el presidente no logra paralizar la vuelta de Armada. El fin de semana siguiente se lo toma para reflexionar y decide dimitir. Aparece en televisión y anuncia su fin incluyendo la famosa frase “ yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España” . De esa forma Suárez acaba con la justificación principal de quienes están en la Operación Armada.

La operación ya no puede ser sólo política

Pero Suárez no sólo se va, además deja un sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, que impone a su partido, en especial al entorno de Miguel Herrero de Miñón. Curiosamente no elige a alguien de especial relevancia. La explicación, para todos, es que elige a un hombre de escaso calado porque lo que quiere es dar un paso al lado por un tiempo y regresar en las siguientes elecciones como cabeza de cartel. Para alguno de quienes han estado tras la Operación Armada, la salida no resulta aceptable. Los problemas, piensan, siguen ahí: el paro, el terrorismo, las autonomías sin un techo de competencias, el problema militar… Y, ellos que creen saber lo que más conviene a España, deciden ir un paso más allá: van a crear un detonante que fuerce la creación de ese gobierno de concentración.

Para ello deciden aprovecharse de que Milans sigue empeñado, como diría a un amigo suyo militar, en que “ no hay más remedio que el Rey tome el mando, lo ejerza con los líderes de los partidos políticos y acabe gobernando” . Y también de que Tejero sigue moviéndose con sus capitanes obsesionado por la toma del Congreso. En la mente de Armada y de algún otro la solución es crear una situación parecida a la que llevó al general De Gaulle a ser proclamado presidente de la República para evitar un golpe militar que amenazaban con dar los viejos compañeros del propio De Gaulle. Es decir, piensan Armada y su entorno que ya no basta con hablar del susto, hay que dar el susto.

Armada habla con el Rey varias veces en febrero

Pero de todas esas charlas, resulta la más significativa una conversación que sostienen el Rey y su antiguo tutor el día 13 de febrero. En ella Armada reconoce que “ le dije al Rey que se estaba preparando un golpe, un asalto al Congreso” . El general reconoce que entonces ya sabía incluso que Tejero había comprado los camiones necesarios para llevar a las tropas. El Rey pide a Armada que hable con Gutiérrez Mellado, al que vuelve a contarle lo que se prepara. Quien entonces es vicepresidente del Gobierno, le ordena que no vuelva a hablar con el Rey sin su permiso.

Tejero, después de varios intentos, logra mientras tanto que “ sus capitanes” se sumen a su plan. Uno de estos capitanes es mano derecha de José Luis Cortina en el CESID y pone a los dos hombres en contacto. Cortina, don Pepe según su nombre en clave en el servicio de espionaje, saldría absuelto en el juicio, pero según Tejero es quien reúne por primera y única vez, al general Armada y a Tejero. General y Teniente coronel se ponen de acuerdo: la toma del Congreso se hará el día 23, durante la toma de posesión de Calvo Sotelo. Ese día el Gobierno estará en pleno en el hemiciclo y podrán “ secuestrar” al tiempo a los poderes legislativo y ejecutivo. Cada uno por su lado, los dos comunican la nueva situación a Milans. Se cierra el círculo.

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Al final todos van al golpe a ciegas, impulsados por su soberbia

La idea que tienen es que Tejero tome el Congreso. Después, Milans se hará con el control de Valencia y a través de gente afín a él, sacarán las fuerzas de la División Acorazada Brunete para tomar Madrid. Entonces será el momento de que Armada, como había hecho De Gaulle en Francia, aparezca en el Congreso y ante la situación de fuerza, ofrezca la formación de un gobierno de concentración comandado por un militar: él. Y así, en conversaciones personales y telefónicas entre el 21 y el 22, apuran la chapuza que han cocinado entre ellos.

En su soberbia, los que han organizado el golpe han dejado sueltos detalles que piensan que se cerrarán solos… pero que fatalmente para ellos no se desarrollarán como habían planeado. Tejero cree que con la toma del Congreso puede secuestrar el régimen y forzar un cambio. Milans piensa que, por su solo prestigio, tan pronto él se ponga en marcha, y a su llamada, los demás Capitanes Generales de las otras Regiones militares le seguirán. Armada cree que retorciendo así la situación, los que le escucharon cuando hablaba de una operación política, aún fuera rayana en la ilegitimidad, sino en la ilegalidad, también le seguirían.

Lo que Tejero da, Tejero quita

Pero es que además entre los protagonistas se han contado solo medias verdades..., sino abiertas mentiras. Armada ha hecho creer a Milans que el Rey apoyaría ciegamente cualquier movimiento que hicieran por tener ese gobierno de concentración. Milans ha dado a entender a Tejero y los demás que se han agrupado en torno a él, que el golpe va a llevar no a un gobierno de concentración, sino a un gobierno de ultraderecha con fuerte presencia militar. Y ahí comienza su fracaso definitivo.

La noche del 23 de febrero, Armada acude al Congreso y habla con Tejero. Éste, casi de casualidad, le pregunta qué puesto va a ocupar Milans en ese gobierno que va a proponer a los políticos. Armada le descubre por fin que no, que ese gobierno tendrá algún militar, pero será un gobierno de concentración con mayoría de los políticos que mantiene secuestrados. Y Tejero entonces le niega el paso: “ Yo no había arriesgado mi porvenir y el de mis hombres – diría en el juicio- para darle el poder al “ rojerío” ” . De esa forma, lo que Tejero había ofrecido, la coartada para repetir la Operación de Gaulle, Tejero quitaba.

Todos se mintieron unos a otros

Al día siguiente del golpe, el 24, se celebró una reunión de la Junta de Defensa Nacional. La presidió el Rey. En ella se escucharon las cintas de las llamadas que se habían realizado desde el Congreso. Uno de los presentes, el general Quintana, contaría aquella tarde a su ayudante, el general Sáenz de Tejada, cómo habían oído una de las conversaciones entre Armada y el Rey. Armada decía a quien había sido su pupilo: “ Pero esto es de lo que hemos venido hablando señor, esta es la ocasión de poner en práctica lo que hemos hablado” . Y al Rey, cada vez más irritado, contestarle: “ ¡Cómo me puedes decir eso Alfonso!.. ¡Esto no es… , así no, así no… !” .

Cada uno convencido de que tenía la solución para España, los que habían preparado la Operación Armada, y los que después buscaron el desencadenante de la Operación de Gaulle, se habían mentido entre ellos. Eso había hecho imposible que el golpe de vodevil, cerrado en apenas unas horas, tuviera ni el más mínimo éxito desde su gestación. Un ayudante de Gutiérrez Mellado contaba que el general, que se había convertido en uno de los héroes de la asonada cuando se vio cómo hizo frente a los asaltantes que los zarandearon sin lograr tumbarle, había definido el 23F como “ el golpe de los soberbios” .

Francisco Medina es director adjunto de ELPLURAL.COM y autor del libro 23F, la verdad


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