Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Pensantekarma escriba una noticia?

"El eslabón perdido"

03/05/2010 16:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La imagen del "eslabón perdido", carente hoy de fundamento científico, subsiste en la fantasía del público y los medios, como lo indican las repercusiones de un importante descubrimiento paleontológico reciente

El concepto de "eslabón perdido" tiene una antigüedad considerable en la investigación de los restos fósiles.Casi coincide con los orígenes mismos del estudio científico del ser humano. Más concretamente, el eslabón perdido marcaría el pasaje de los monos a los seres humanos y figuró en un lugar prominente en los debates públicos sobre la teoría de la evolución. En términos más técnicos, su función consistiría en delatar la ausencia, a lo largo de la evolución biológica de formas intermedias entre otras conocidas que con frecuencia evidenciaban vacíos en una serie que, por lo menos de acuerdo con la teoría, debía ser un continum. De ahí que se pueda decir que cada generación es un eslabón y que tanto la investigación antropológica como la paleontológica, se enfrentan con mayor cantidad de eslabones perdidos que de eslabones hallados. Entonces ¿qué es en realidad un eslabón perdido?. El término se remonta a tiempos lejanos de los estudios paleoantropológicos, cuando se presumía la existencia de una relación lineal directa entre la evolución humana y la del resto de los primates y, en particular, de los hominoideos. Fue acuñado cuando se pensaba que el ser humano sería descendiente directo de los monos. De ahí la vieja fórmula de que el hombre desciende del mono. Así pensaba Ernst Haeckel (1834-1919). En sus reflexiones sobre la evolución, Haeckel aceptó la vieja idea de la descendencia directa de la especie humana desde los monos llamados superiores, y concluyó que debían existir formas fósiles intermedias entre el hombre y algunos de los grandes cuadrumanos conocidos, tradicionalmente agrupados en la familia Pongidae a la que pertenecen especies actuales como orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos. Pero esas formas fósiles no habían sido descubiertas. Ante ese hecho, Haeckel ideó una forma teórica que cumpliera con la función de eslabón. La denominóPithecanthropus (del giego pithecus, mono, y anthropos, hombre). El concepto de Haeckel era conciso y concreto: se trataba nada menos que de hallar al ser que uniría taxonómicamente ambas líneas evolutivas, esto es, el nexo que habría vinculado a póngidos con homínidos y permitiría, en consecuencia, seguir rastreando ambos linajes. No debemos perder de vista el hecho de que se trataba de un modelo teórico, muy diferente del modelo actual, cuya visión no es que la especie humana descienda de los monos, sino que ambos tienen un ancestro común. La relación de parentesco entre primates homínidos y monos antropomorfos sería, entonces de tipo transversal, como si dijéramos entre primos, más que longitudinal, o de generación tras generación. En otras palabras, los primeros nunca descendieron de los segundos. Formaron líneas evolutivas diferentes a partir de ese ancestro común. En la actualidad se ha avanzado mucho sobre el tema. De hecho, se ha encontrado un fósil con algunas de esas características, que permiten asumir una coherencia simio-humana de alta antigüedad (alrededor de siete millones de años). Se lo considera cercano a la divergencia que dió lugar a los póngidos por un lado y a los homínidos por el otro. Se le dió el nombre de Sahelanthropus tchadensis. En la imaginación del gran público, en cambio, subsisten "eslabones perdidos" a lo largo de toda la línea evolutiva que desemboca en los homínidos. Entre los avances recientes en la dirección de localizar al ancestro común de monos y humanos se cuenta el descubrimiento, realizado en 1983 en el sitio paleontológico de Messel, cerca de Francfort del Meno, del fósil de un primate que vivió en el período geológico conocido como Eoceno Medio, hace unos 47 millones de años. El ejemplar encontrado recibió el sobrenombre de Ida (por la hija de uno de los investigadores que lo estudió).Su especie de pertenencia recibió el nombre científico de Darwiinius masillae. El animal habría tenido una apariencia semejante a un moderno lemur y ocuparía un lugar importante en las etapas tempranas de la evolución de los primates. El lector podrá encontrar en internet, fotografías del esqueleto fósil casi completo de Ida, que Ciencia Hoy no está en condiciones de reproducir por carecer de los derechos correspondientes. Uno de los investigadores que estudiaron el hallazgo dijo: Este fósil probablemente aparecerá en todos los libros de texto por los próximos cien años. En ese antiguo escenario encontramos las raíces de los dos subórdenes de primates actuales: los estrepsirrinos (Strepsirhini) y los halporrinos (Haplorhini). Los primeros están representados actualmente por un centenar de lemures, gálagos, lorísidos, índridos y daubentónidos, entre otros. Todos son portadores de por lo menos dos características distintivas: el peine dental (incisivos y caninos inferiores dirigidos hacia adelante, en forma de peine para acicalamiento) y una garra en el segundo dedo del pie. Además, tienen naris húmeda y labio superior hendido, rasgos imposibles de comprobar en muchos fósiles. Esos caractéres comunes los unen a lo largo de su historia evolutiva. Hoy viven principalmente en Madagascar (donde no hay otros primates silvestres), pero también están presentes en el sudeste asiático y ciertas regiones de Äfrica. Los haplorrinos, en cambio, no poseen caractéres como los descriptos. Incluyen actualmente a los tarsios (varias especies de pequeños primates del género Tarsius, que habitan el sudeste asiático, los catarrinos o monos del Viejo Mundo, los grandes primates -chimpancés, bonobos (antes llamados chimpancés pigmeos), gorilas, orangutanes- y los seres humanos. En este esquema, los estrepsirrinos y el género Tarsius usualmente como prosimios, mientras que los haplorrinos son considerados simios o monos verdaderos.Los seres humanos ocupamos así los lugares más recientes de la evolución de los haplorrinos, que abarcan un trama substancial en la historia evolutiva de los primates. En este esquema, Ida es otro antiguo primate, protagonista de la evolución del grupo quizás en el momento clave de la divergencia entre estrepsirrinos y haplorrinos. No estaríamos, entonces, ante un eslabón perdido, sino, más bien, ante un eslabón recuperado, pero en vez de unir la especie humana con los monos, unió a un prosimio con otro prosimio, en un momento muy alejado de la línea que incluye al hombre y a los grandes monos antropomorfos.

Se trata con respecto al eslabón perido, que en realidad es un elabón recuperado, que une más que a los seres humanos con los monos, a los primates entre sí


Sobre esta noticia

Autor:
Pensantekarma (8 noticias)
Visitas:
24432
Tipo:
Suceso
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.