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El cliente es mío, sólo mío

16/09/2010 06:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No quisiera parecer frívolo, pero el hilo argumental que voy a manejar es el mismo de la violencia contra muchas mujeres: el sentido de posesión. Cuando algo te pertenece quiere decir que eres dueño. Y ser dueño es ser el amo. Y ser el amo es disponer de las personas u objetos poseídos. Todavía recuerdo una preciosa exposición que vi hace ya un tiempo en Barcelona acerca de las colonias industriales catalanas. Allí, en aquellos poblados nacidos junto a las centrales hidroeléctricas, un edificio sobresalía sobre los demás: la ‘ torre del amo’ . Palabras suficientes para comprender una relación entre personas.

Pues bien, me temo que muchas empresas de consultoría -y de otros sectores, por supuesto- quieren ‘ poseer’ a sus clientes. Y despliegan actividades para que así sea. Desde poner a caldo a cualquier competidor a establecer cláusulas en contratos con proveedores. Todo para luchar porque ese cliente sea mío. En otro nivel es la misma mierda que ofrecen las grandes operadoras de telecomunicaciones con sus contratos de permanencia. Algo parecido a estar en la cárcel. Durante 18 meses no podrás salir. Bonitas prácticas empresariales de relación cliente-proveedor.

El sentido de posesión sobre el cliente tiene, además, otra connotación: me permite fardar de ‘ mis clientes’ . Nada de comprender una dinámica más amplia de sector y sentirse parte de ella. No, eso queda bien en los pobrepoints de las charlas de autobombo. Pero cuando hay que presentar de verdad la empresa, entonces, ‘ he aquí nuestro tesoro, nuestros clientes’ . Míos, míos para siempre. Que nadie me los toque.

Este sentido de escasez -nada de compartir algo que escasea- obliga también a no compartir ni agua con el mercado. Lo que hago con mi cliente es un asunto absolutamente privado, que queda entre él y yo. ¿Es que no te has leído las cláusulas de deontología profesional donde se especifica que allí quedarán sepultados los secretos para siempre? Confianza = confidencialidad. Pues ya lo siento, pero no lo veo. No por defecto. Hay otras formas.

Si el cliente es sólo mío y no quiero que aparezca por allí ningún competidor, suele suceder otro hecho lamentable. Sea cual sea el servicio que hay que ofrecerle, tengo que hacerlo bajo mi férreo control. Subcontrataré a quien sea, pero con mucho cuidado de que no pueda trabajar para ese cliente por su cuenta. ¡Qué se había creído! Mis clientes son míos y lo suyo me ha costado conseguirlos como para que ahora venga un mindundi a estropear el asunto.

Este sentido de la posesión de clientes me parece ruin y mezquino. Ya sé que un cliente es un cliente, pero eso de colocar comisiones y prohibir futuras relaciones profesionales habla mal de quien quiere ofrecer el mejor servicio posible. Las grandes empresas de consultoría -y las no tan grandes- caen en este tipo de prácticas día sí y día también. Es más, creo que es su norma: el cliente no me lo toques. Pues que les vaya bonito, ¿no? No creo que la consultoría artesana deba entrar en ese juego.

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La imagen en Flickr es de familymwr.


Sobre esta noticia

Autor:
Consultorartesano (1396 noticias)
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blog.consultorartesano.com
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