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El Chafaníos

12/01/2012 19:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Reflexión en tono de humor sobre los aguafiestas, bocaza y destructores de ilusiones ajenas

No me acuerdo bien de la primera vez que me lo dijeron: “macho, eres un chafaníos”. La verdad es que no lo sentí como un insulto. Por regla general se usa de forma cariñosa y familiar. Por ejemplo, mi padre tenía un tono de voz especial, entre airado y risueño, para pronunciarlo. Lo fue perfeccionando desde mi niñez más temprana y en mi edad adulta le salía de manera instintiva, casi sin pensar, hasta se olvidaba de acompañar su exabrupto melódico del tradicional capón leve en mi cocorota. Mi mujer también lo va adquiriendo poco a poco, aunque la música me suena distinta pues jamás golpea el timbal de mi cabeza. No me importa demasiado. Lo que sí me preocupa es que dos personas, aunque me temo que hay unas cuantas más, coincidan en su apreciación y que algún despistado no sepa todavía qué significa ser un chafaníos y si se nace siéndolo o nos vamos volviendo así a medida que crecemos. A continuación, se estudiará el asunto desde una perspectiva filológica y un tanto cómica, pero sin herniarnos mucho por el peso de la erudición ni tampoco ahogarnos de la risa.

A modo de inicio, es preciso indicar que el vocablo en cuestión no aparece en el diccionario. No encontramos ni el término chafanidos ni la vulgarización del mismo, que es la que se ha impuesto en el habla común. Los académicos de la lengua, entre los que seguro habrá más de un chafaníos disconforme con su carácter, nos inducen a creer que se trata de un epíteto con una particular relación de sinonimia con la palabra cruel, como si hiciera referencia a alguien que con maldad se dedica a destruir nidos de pájaros. Nada más lejos de la realidad. Se le llama chafaníos a quien ejerce de aguafiestas o se afana en quebrantar ilusiones con pretextos que no están del todo justificados, por despiste o por simple y llana gilipollez. Veamos.

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Es un chafaníos de primera clase con distintivo blanco y tres estrellas, aunque haya quien lo considere un cabrón sin condecoraciones, el amigo que en la época juvenil se cachondea de tu ebriedad y reducidas exigencias estéticas con relación a las chicas y te avisa que la tía que quieres ligarte y se muestra bastante receptiva contigo es la más cateta y fea de la discoteca y que encima es la novia presunta del portero mazas y la hija cierta de uno de tus odiados profesores de la Universidad. En el reverso de la moneda, es decir, en la edad adulta y macoca, algunos cenutrios se obstinan en preguntarte a grito pelado en un pub al lado de unas cuarentonas interesantes por tus nietos o por si te está afectando la disfunción eréctil. De la misma calaña y categoría es el hijoputica que la víspera del día de Navidad o de Reyes revela a sus sobrinicos y a otros zagalicos pequeños e ingenuos la verdadera identidad de quien les pone los regalos y, en caso de saberlo, cuáles son éstos en concreto. Merece igual reprobación el indiscreto que por ser un bocazas de tomo y lomo e irse de la lengua con el menos indicado se carga una sorpresa que llevas preparando una semana. Por desgracia, los cuatro individuos citados suelen librarse del justo castigo, que no es otro que el abofeteamiento en plaza pública o, mejor todavía, en vista de que estamos a dos velas, una multa de 500 €, como poco, al que los tenga, o sea, a casi nadie.

Convendría indicar que el arquetipo del chafaníos no se agota con los supuestos que comenté antes, ya que es multidisciplinar, polifacético y heterogéneo. Unos son listos y otros tontos perdidos. Unos cometen sus fechorías de forma oral o, si me permitís decirlo, rectal, porque quedan como el culo. Otros, los menos, lo hacen por escrito, ya sea en prensa como en un boletín oficial, pues también hay chafaníos institucionales. En conclusión, que está presente en todos los órdenes de la vida. Tanto es así, que finiquito estas líneas y os vais a perder unas reflexiones de mucha enjundia porque estoy escribiendo en un bar y ya se me ha acercado tres veces el camarero para decirme que no puedo pasarme toda la mañana sentado en la mesa si consumo sólo un café. Vaya un chafaníos.


Sobre esta noticia

Autor:
Alfonso Martínez Pretel (199 noticias)
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590
Tipo:
Opinión
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