El caso de las sandalias
Nos trasladamos hasta Indonesia, el archipiélago con más de 17.000 islas, aunque sólo 6.000 habitadas por los más de 230 millones de habitantes. En una de sus provincias, la de Sulawesi Central, muy cerca de la capital, Palu, transcurre el suceso, en donde, al parecer, la policía arrestó a un chico de 15 años acusado robar unas sandalias.
Así es, se le ocurrió al muchacho agenciarse un par de sandalias viejas que no eran suyas y que pretenciosamente se encontraban frente a un edificio, una pensión usada por la Policía, al norte del país, y todo ello con la perversa intención, suponemos, de ponérselas en los pies. Regresaba junto a otros de la escuela pero no pudo alejarse mucho, ya que allí cerca le calló encima la autoridad: tres agentes que le interrogaron y que, tras descubrirle con los pies en la masa, le rodearon y quisieron darle un escarmiento a golpes.
Aunque, en este caso, el escarmiento se haya vuelto burocrático: hoy mismo comparece ante la corte en Palu, dando comienzo la segunda audiencia del juicio. Éste comenzó ya el mes pasado, con intenciones bien claras, ya que de ser declarado culpable, el chico sería condenado a cinco años de cárcel. Castigo aplicable a las penas que sufren muchos terroristas, traficantes o violadores en ese país.
Cabe recordar que, con una historia de dictaduras y represión, Indonesia consiguió derrocar al dictador Suharto, aunque no llegó a instaurar la democracia hasta el 2004, cuando salió elegido el actual presidente, Susilo Bambang Yudhoyono. Desde entonces se han hecho reformas a niveles políticos y gubernamentales, transformando el poder ejecutivo, legislativo y judicial. Y es en el último de los poderes donde reside su flaqueza, en el estamento judicial.
Miembro del G-20 y la economía más grande del sudeste asiático, Indonesia se enfrenta ahora a la indignación de sus ciudadanos. Desde que comenzó el juicio, el símbolo de la sandalia ha saltado a las redes sociales, alcanzando titulares de periódico, no dejando indiferente a nadie.
De esta manera, no dejando que las islas les aíslen, los indonesios han reaccionado al unísono: a los pies de las estaciones de policía, por todo el archipiélago, depositan cientos de sandalias viejas. Sandalias baratas, como su justicia. Y entre el despliegue de indignación, surge una iniciativa: en “compensación” por lo robado, quieren entregarle a Ahmad Rusdi Harahap, el dueño del calzado robado, mil pares de sandalias que se han recaudado para tal donación.
Ahora está por ver si el dueño aceptaría el soborno, siendo como es también sargento de la policía.
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Indonesio (07-01-2012 17:14)
Sobre esta noticia
Autor: Enrique Madrazo (64 noticias)
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Tipo: Opinión
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