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El alimento del alma

15/01/2011 12:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si lo que buscas es un sitio donde recordar o crear nuevos recuerdos, aquí descubrirás los restaurantes, cafeterías u otros lugares desconocidos que te están esperando

Hace poco, iba paseando por la calle y observe como unos amigos se estaban despidiendo efusivamente. Después de decirse todos los tópicos graciosos que se usan en esas ocasiones, uno de ellos dijo: “disfruta la vida, porque la vida pasa y tú con ella”.

Esa frase, “la vida pasa y tú con ella”, me hizo pensar en la fragilidad y la rapidez con lo que todo pasa. Gandhi dijo acertadamente: “sabiendo que cada minuto es irrepetible, ¿Cómo podemos malgastar tanto tiempo?”. Con el paso de los años, una de las cosas que pasa con rapidez son las amistades, un bien muy preciado que si no lo cuidas, lo pierdes, y sin darte cuenta un día te levantas y estas solo.

Así, con ese miedo de perder a amigos con los que hemos reído y llorado, hemos sido vecinos e incluso hemos compartido el comienzo de una nueva vida, nos prometimos juntarnos como mínimo una vez al mes para conservar ese vinculo especial. Ahora, la cuestión era donde juntarse para recordar esos viejos tiempos y hacer nuevos recuerdos. Decidimos salir a descubrir los Restaurantes, las Cafeterías o los sitios que pueden llegar a ser mágicos o legendarios de Madrid, Barcelona o en cualquier otro lugar de este mundo y que contribuyan a fortalecer nuestros lazos de amistad.

Pero, en estos tiempos difíciles en los que nos ha tocado vivir, también hemos recibido la visita de ese amigo inoportuno y comodón, que no tiene intención de irse. Su nombre: CRISIS.

Pero, no nos engañemos. A pesar de ese amigo, hay dos cosas fundamentales de las que me doy cuenta que no podemos renunciar; de reír y de alimentarse bien. Y ese es el propósito de este blog, ayudaros a encontrar esos lugares únicos, donde el comer sea una experiencia inolvidable, compartida con vuestros seres queridos y que al pagar sea lo más justo posible y adecuado a la experiencia disfrutada.

Quizás os preguntéis quien soy yo para aconsejaros, si soy el más indicado o si entiendo de la relación que puede existir entre una buena comida y un momento eterno.

Por eso después de más de una década dedicada al mundo de los fogones; controlando el orden en la cocina de un hotel o experimentando el bullicio de un catering; mimando la preparación singular de cada plato en un restaurante o haciendo frente a la pluralidad de un comedor colectivo; dando rienda suelta a la imaginación en cenas o luchando con 350 niños para que coman esas cosas verdes en un colegio; con dos premios de cocteleria en mis espaldas; ahora puedo decir que empiezo a entender el mundo del saber comer bien y me siento preparado para compartir lo vivido con otros.

Y quisiera empezar con una recomendación.

El sábado pasado, reservamos mesa y menú en el Restaurante KORGUI, en el madrileño barrio de la Latina.

Reservamos un menú por 25 euros en fin de semana y 19€ entre semana. Yo no estaba muy convencido pero hay que ser consecuentes con las decisiones que se toman y a las 9 de la noche allí estábamos.

El acceso al restaurante me recordó a las calles con escalinata de Italia, con la terraza en uno de sus peldaños, con mesas iluminadas con pequeñas velas y una suave y dulce música de fondo. ¡¡¡¡Que paz y serenidad transmitía!!!!

Los camareros, aunque no eran unos grandes profesionales, su amabilidad y simpatía suplían todas sus carencias y hacían que te sintieras relajado y cómodo. El ambiente era muy acogedor. Luces tenues, música bien escogida y las siempre bienvenidas velas en cada una de las mesas.

El menú sencillo pero completo. El paté de avestruz muy suave e intenso, para abrir apetito hasta que llegaran las croquetas, los langostinos en tempura y un rollito muy original pero muy sabroso. La brocheta de carne y el bacalao no rompiera la hegemonía y sencillez de la velada.

El postre, una tarta de chocolate que aunque a primera vista parecía una porción pequeña, con el paso de las cucharadas entendías por qué no era más grande.

En resumen, un menú adecuado para su precio. No eran cosas innovadoras ni destructuradas como les gusta llamarlas ahora, pero todo en su conjunto, ambiente y comida, hizo que el objetivo que nos reunió allí se cumpliera, el reír y unir los lazos de la amistad en una velada simplemente perfecta.

El punto a trabajar que yo le pondría seria la carta de vinos. Una bonita variedad aunque quizás faltaran vinos más asequibles por el precio especial del menú y como buen catalán, unas pocas marcas más de cavas, pues una quizás sea justa.

En fin ese es mi consejo, la vida pasa y nosotros con ella, por eso, alimentad el alma, pero sobre todo alimentad y bien vuestro cuerpo.


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