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La ejemplaridad como motor de la recuperación política

16/02/2011 00:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Zumbido

La ejemplaridad como motor de la recuperación política

En el mundo civilizado resulta difícil de explicar que un político, presidente de una comunidad autónoma, a punto de ser procesado por un delito de cohecho impropio, se obstine en presentarse a la reelección, sobre todo cuando la jornada electoral puede llegar a coincidir con un acto de vista oral con el candidato en el banquillo.

Pero hay algunas reflexiones más que conviene hacer sin exaltaciones emocionales. Según casi todas las encuestas, si el señor Camps, que de él estamos hablando, se presentara a las elecciones en el día de hoy, sacaría más del sesenta por ciento de los votos de los ciudadanos del País Valenciano. Su contrincante, el PSOE del País Valenciano, apenas alcanzaría el treinta por ciento de los sufragios emitidos.

No es fácil analizar lo que esta situación define. Es demasiado determinista y elemental afirmar que una mayoría tan abultada de valencianos son corruptos o apoyan la corrupción. Y como colorarlo, resulta muy difícil de explicar como un partido con tanta tradición en el País Valenciano como el socialista, no encuentra manera de afearle la conducta al Partido Popular ni mejorar las expectativas de voto. ¿Tan incapaces son los socialistas valencianos? También es demasiado fácil sacar esa conclusión. ¿Tienen tan limpias las manos los socialistas valencianos para tener credibilidad en sus denuncias del PP? ¿Puede tener algo que ver episodios inexplicables como la moción de censura en el ayuntamiento de Benidorm? Son preguntas que dejo en el aire para satisfacción de los holigans que invalidaran este artículo, probablemente, por esa frase. Ya he dicho repetidas veces de lo que pienso de los perdonavidas. Así les va defendiendo lo indefendible camino de abismo.

Sería inútil establecer una discusión sobre el hit parade de la corrupción política en España. Sólo el caso Gürtel hace que el PP gane por goleada. Pero no sólo hay casos de corrupción en el PP. En Cataluña apenas se habla ya del escándalo del Palau de la Música, ni del caso Pretoria. En Andalucía acaba de estallar un caso que apesta y toca de lleno en la línea de flotación de la Junta de Andalucía. Y en todos los casos – es verdad que en unos más que en otros- las reacciones no son ni mucho menos fulminantes.

¿Tendrá que ver todo esto con el alejamiento de los ciudadanos de la política y que lleguen a considerar a los políticos como el tercer gran problema de España?

Estoy convencido de que sí. En la Italia anterior a Berlusconi se desató una caza de brujas que acabó con la Democracia Cristiana, con el Partito Comunista Italiano y con el Partito Socialista. Muchos jueces se hicieron héroes. Habían acabado con la corrupción política.

Nunca me creí que aquellas acciones espectaculares de los jueces no tuvieran una motivación muy diferente de la que tuvieron en aquella obscena alianza José María Aznar, Baltasar Garzón y Pedro J. Ramírez. El objetivo no fue la justicia con asepsia sino la utilización de un simulacro de justicia para tratar de meter en la cárcel al presidente constitucional de España, Felipe González. Y en Italia acabaron con el sistema de partidos que todavía no se ha recuperado. Las culpas, a repartir entre los políticos y quienes les juzgaron cuyas conexiones con la mafia nunca se han podido determinar.

En una Italia con una enorme tradición política, sólo quedó un solar que ha ocupado Silvio Berlusconi, del que dentro de unos días conoceremos si finalmente la Justicia puede aplicar una mínima parte de la medicina que le permitió llegar al poder. Lo cierto es que la desafección, la corrupción, y el descrédito de la política sólo puede generar caudillos.

Y los dirigentes políticos tienen demasiado reparo en coger la tijera de podar para hacer escarnio en quien se queda con lo ajeno, y más siendo dinero público.

Mariano Rajoy puede consagrar a Francisco Camps como candidato a la presidencia del País Valenciano y si no se produce un milagro, saldrá investido. El PSOE puede tratar de minimizar el escándalo enorme de los ERE en Andalucía, y hasta es posible que a pesar de eso vuelva a ganar las elecciones.

Pero lo que se nos está escapando entre los dedos es mucho más importante que el poder. Es la confianza de los ciudadanos. Y ahora que las revueltas 2.com se producen en donde no podíamos imaginarnos, que nadie descarte que la desafección se convierta en rebeldía contra el sistema de partidos.

La izquierda siempre tiene que ser más exigente consigo mismo porque se le supone un plus de integridad. Hay algo establecido por la propia dinámica de la historia que determina que la honradez para la derecha es un valor secundario. Y eso hace que para mí, inexplicablemente, las derechas sean más permisivas con la corrupción.

Pero para levantar la bandera de la ejemplaridad resulta que hay que ser ejemplar. Y se ejemplar es ser honrado, transparente y demostrarlo cada día. Y cuando crece una mala hierba, la izquierda tiene la obligación de arrancarla de cuajo y sin miramientos, sin detenerse a ver a qué especie o a qué familia pertenece. Con la corrupción no puede haber piedad. Y si el PSOE no ha aprendido la lección de que para poder echar en cara al PP sus inmensas bolsas de corrupción, tiene que ser ejemplar, no ha aprendido nada.

Carlos Carnicero es periodista y analista político

Blog de Carlos Carnicero: http://www.ccarnicero.com/


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