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Dos ególatras para un reality asiático

14/03/2018 19:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Desde que Donald Trump llegó al poder las constantes vitales de la información relacionada con Corea del Norte han sido pura zozobra. Tanto el presidente estadounidense como el dictador Kim Jong-Un han estado asustando al planeta vía twitter durante el último año mientras vacilaban en público sobre cuál de los dos la tenía más larga (me refiero al alcance de sus misiles nucleares). Y así hemos pasado de la supuesta inminencia de un ataque nuclear norcoreano contra Hawai o Guam y las cábalas sobre cuántos muertos causaría un ataque preventivo estadounidense, a la felicidad intergaláctica al conocerse que los dos líderes más egocéntricos del siglo XXI se sentarán a dialogar a finales de mayo. El dónde, el cómo y el sobre qué hablarán nadie lo sabe de momento. Como todo en el planeta Trump, los detalles parecen superfluos.

"No hay nada más complejo que las negociaciones nucleares. Y no existe un lugar en el planeta más volátil que la península coreana. No podemos enfrentarnos a ellos como si se tratara de un reality show". Estos son los temores que expresaba la semana pasada al conocerse la noticia Ben Rhodes, ex asesor de seguridad de Barack Obama y uno de los principales alquimistas del acuerdo nuclear con Irán, que tardó varios años en cocinarse. Para cualquiera familiarizado con los modales y conocimientos de Trump, esos temores no parecen infundados: el exmagnate inmobiliario no sólo es imprevisible sino ignorante, como reconocen, con palabras más suaves, casi todos los que trabajan con él en el libro El fuego y la Furia, de Michael Wolff. Basta decir que desde que llegó a la presidencia se ha negado a escuchar las sesiones diarias de información clasificada de sus servicios de inteligencia.

Pero es que con Trump las reglas de gobierno 'de antes' ya no existen, por eso tampoco está nada claro que la reunión con el líder supremo norcoreano, que tras el sí de Estados Unidos Corea del Norte aún no ha confirmado, vaya a salir bien. Para complicar aún más las cosas el martes Trump decidió destituir por sorpresa a su secretario de Estado Rex Tillerson y sustituirlo por el hasta ahora jefe de la CIA Mike Pompeo. El responsable de la diplomacia estadounidense nunca se llevó bien con Trump, a quien el pasado verano definió en privado como un "estúpido". Estaba a favor del diálogo con Corea del Norte desde el principio, mientras Trump seguía su escalada de tuits y declaraciones agresivas contra el país con el que ahora planea negociar sin contemplaciones ni preparación previa. Además Tillerson estaba a favor de mantener el actual acuerdo nuclear con Irán, que está pendiente de un hilo ya que en mayo tendría que ratificarse y Trump se opone agresivamente a él. Pompeo, en cambio es un republicano del ultraconservador Tea Party, defensor de la tortura y extremadamente crítico con el acuerdo que alcanzó Obama con Irán ?que congelaba durante 15 años la nuclearización de ese país. El nuevo secretario de Estado y el presidente caminan por la misma senda, entre otras cosas porque Pompeo ha dicho públicamente que considera que Rusia no es sospechosa de haber interferido en las elecciones estadounidenses, una posición muy conveniente para un presidente cada vez más sospechoso de haber estado al tanto del asunto, pero comprometedora teniendo en cuenta que lo dijo siendo director de la CIA.

Cabe preguntarse qué pensará Kim Jong-un de este cambio súbito cuando apenas faltan dos meses para el supuesto encuentro. Pompeo es además conocido por sus fuertes declaraciones en contra del régimen de Kim Jong-un, nunca se ha expresado a favor del diálogo y además el año pasado calificó de auténtico peligro no al país sino a su líder.

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Aunque hace apenas tres meses el tono entre Trump y Kim Jong-un era más que beligerante, el presidente estadounidense aceptó la semana pasada sin pensárselo la invitación que le transmitió Chung Eui-yong, consejero de seguridad nacional surcoreano. Y es ese 'sin pensárselo' ? y sin consultar siquiera con su secretario de Estado, algo impensable en otra administración? lo que más preocupa en círculos diplomáticos porque conlleva múltiples riesgos. Lo que Trump sabe hacer mejor es convertir la política en espectáculo ?para muchos un espectáculo lamentable, pero espectáculo al fin y al cabo? pero en este caso, no hay certezas sobre cómo funcionará eso con un dictador como Kim Jong-un, acostumbrado a que tanto sus asesores como su país se arrodillen a su paso.

El pasado otoño China decidió por fin cumplir las sanciones de la ONU y cortarle a Pyongang el grifo del crédito, del gas, del petróleo, del hierro y los textiles. Acababa de realizar la sexta prueba nuclear del país y China, principal valedor de los norcoreanos hasta ese momento, también dijo basta. Sin duda la presión que le hizo Washington debió de pesar en su decisión de apretarle las tuercas a Pyongang y al cabo de seis meses perdiendo fuelle, el dictador se ha visto obligado a ceder. También ha ayudado el papel del primer ministro surcoreano Moon, quien desde su llegada al poder se impuso como prioridad rebajar la tensión en la península y buscar la desnuclearización de la zona.

El primer gran paso fueron las llamadas 'Olimpiadas de la Paz', adonde acudió Kim Yo-jong, la hermanísima de Kim Jong-Un, ofreciendo así sus primeras muestras de apertura hacia el diálogo. Y de esa visita nació algo sólido: el compromiso de reunión entre los dos líderes coreanos en abril. Ha sido en el ámbito de esas negociaciones donde Kim Jong-un ha hablado de su disponibilidad a reunirse también con Estados Unidos. Y a Trump le ha sonado a gloria. De ahí su rápida respuesta. Es más, según han explicado varios medios estadounidenses, su círculo más cercano tuvo que convencerle para retrasar la reunión a mayo ya que él la quería organizar cuanto antes. Sin embargo, las negociaciones nucleares son, según cuentan todos en el mundo diplomático, las más difíciles de dirigir y Trump tiene un departamento de Estado diezmado en el que faltan desde un embajador en Corea del Sur a un enviado especial para asuntos sobre Corea del Norte. Además hay múltiples vacantes de funcionarios de rango medio que suelen ser los que llevan el peso de cualquier negociación internacional.

En el mundo pre-Trump, antes de que dos líderes se entrevistaran, sus diplomáticos solían pasarse años discutiendo detalles, como ocurrió en el caso de Irán, y los presidentes acudían a ponerle el broche final a una negociación. En este caso todo tendrá que hacerse en muy pocas semanas y no hay ninguna garantía de que el diálogo fluya positivamente. "El único objetivo de Kim Jong-un es perpetuarse en el poder y esta cumbre podría ser simplemente una forma de ganar tiempo. Su única razón para desarrollar armas nucleares es evitar un cambio de régimen como el que sufrieron Sadam Hussein o Gaddafi, hombres fuertes sin la protección de un arsenal nuclear que asustara a sus enemigos". Es la opinión de Ian Bremmer, del Eurasia Group, quien afirma que si Corea del Norte entiende la voluntad de diálogo de Corea del Sur o Estados Unidos como una forma de respeto que se apoya en su tenencia de armas nucleares, hará todo lo posible para no entregarlas mientras continúa perfeccionándolas.

Además, si Trump desprecia el acuerdo alcanzado con Irán significa que tendrá que conseguir uno mucho mejor con Corea del Norte, si no sus críticas a ese acuerdo no tendrían sentido. Eso significaría exigirle a Pyongang no sólo la desnuclearización sino que cese la venta de armas químicas a Siria o que elimine la artillería convencional que apunta a Corea del Sur a lo largo de toda su frontera. Además, están todos los abusos de derechos humanos que perpetra el régimen, los gulags y demás horrores, ¿puede Trump limitarse a pedirle que abandone su programa de desarrollo de armas nucleares? ¿Y qué pedirá Kim Jong-un a cambio? ¿Y a qué precio? Y si todo sale mal, ¿qué pasará entonces? La perspectiva de una guerra es bastante más plausible si las negociaciones fracasan que en los últimos veinte años de relaciones entre ambos países. Poner a dos gallos de corral conocidos por su imprevisibilidad al frente de un asunto tan delicado parece un delirio. Pero así son los realities. Y en este caso, encima, no podremos apagar la televisión. Prepárense para lo peor. Por si acaso.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
ctxt.es
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Reportaje
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