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Educación e inmigración: la interculturalidad

03/06/2010 18:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las sociedades receptoras se plantean cómo educar a los hijos de los recién llegados

La llegada al país de gente venida de otros lugares, con culturas y tradiciones diferentes, plantea siempre una serie de retos que la sociedad de acogida tiene siempre que afrontar. Lo que está claro es que el proceso inmigratorio es un hecho estructural y no coyuntural, y que por lo tanto debe valorarse de una forma global y sistemática, teniendo siempre presente que trabajar por la integración es trabajar para el bien común. Podríamos hablar brevemente de las dificultades que se encuentran las personas inmigradas, especialmente aquellas cuya tradición cultural se encuentra muy alejada de la que hallan aquí; pero más que hablar de población inmigrante, sería más correcto hablar de individuos que emigran, porque cada caso tiene su circunstancia y porque no es lo mismo hablar de inmigrante regular que irregular, aunque en cada caso sus hijos tengan derecho a la educación como forma básica de integración social.

El derecho a la educación arranca de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 y se concreta en la Convención de los Derechos del Niño de 1989, que dispone la enseñanza obligatoria y gratuita para todos los niños. En España, la Constitución reconoce el principio de “igualdad formal”, que prohíbe la discriminación por raza, sexo, religión e ideología, y reconoce además la “igualdad social”, que obliga a los poderes públicos a eliminar los obstáculos económicos, culturales y sociales que impidan el desarrollo personal. En ese contexto, la enseñanza de los 6 a los 16 años es un derecho y un deber del niño inmigrante, incluso si los padres o los familiares se encuentran en situación irregular. No obstante, el proceso a través del cual accede a la educación no siempre es fácil, y supone (como decíamos) una serie de retos que tanto los gobiernos como los centros escolares deben afrontar. Uno de ellos es la distribución de los niños extranjeros, con la finalidad de que no se creen guetos cerrados que no permitan la adecuada integración e interrelación con niños autóctonos. Según estudios recientes, el número máximo de niños extranjeros por clase rondaría el 15 por ciento, sin embargo esta cifra muchas veces no llega a conseguirse, tanto por las carencias de la escuela como por la masiva llegada de población inmigrante que debe ser escolarizada con celeridad. Es aquí donde nos encontramos con una problemática, que tiene que ver con el origen social de una parte importante de la población inmigrante, habitualmente en situación más desfavorecida y con un apoyo socioeconómico más precario; de ahí que gran parte de los niños extranjeros acudan a la escuela pública y una parte de los niños autóctonos tiendan a desplazarse a la privada o a la concertada.

En todo caso, las escuelas deben dirigir sus pasos a potenciar la interculturalidad en las aulas, abriendo un debate sobre la ciudadanía entre sus alumnos en el que se ponga de manifiesto el derecho a la participación social y lo que significa vivir juntos, teniendo en cuenta diversos puntos. Uno de ellos es que todas las personas son iguales pero no idénticas y que cada una de ellas tiene sus circunstancias y sus ideas, sean o no del mismo pueblo o de la misma etnia. Eso permite no generar estereotipos culturales que afecten a la relación del alumno extranjero con sus compañeros autóctonos, sin olvidar, eso sí, que cada persona vive “a través” de su cultura, y que es ésta la que le permite entender la realidad que le rodea. Ese interculturalismo afecta tanto a la sociedad receptora como a la inmigrante.

El derecho a la educación arranca de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 y se concreta en la Convención de los Derechos del Niño de 1989

Por otra parte, hay que tener en cuenta que la cultura no es tan sólo el conjunto de prácticas y costumbres que heredamos del pasado, sino también aquello que creamos en el presente. La cultura, por lo tanto, es un concepto heterogéneo que se mueve y que cambia con el transcurso del tiempo; si tenemos en cuenta eso en el ámbito de la educación podremos detectar la injusticia cuando ésta se realiza apelando a la tradición. Y por último es que sin conflicto no existen avances sociales, y que no debemos negar los conflictos, sino adecuarlos a la sociedad para formar futuros ciudadanos.


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Detective Salvaje (61 noticias)
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