Ecos de Utoeya: ¿Qué terrorismo actuó en Noruega?
Ya que hemos tenido 16 años para reflexionar desde el atentado de Oklahoma City, deberíamos habernos vuelto un poco más refinados en nuestros diagnósticos de respuesta rápida cuando se trata de asesinatos masivos de civiles. Más que hacerla más difícil, el número de características contrastantes en el caso de Noruega de hecho hace que esta tarea sea ligeramente más fácil.
La multitud de murciélagos y duendes del escenario de la reciente catástrofe, enriquecida con personajes de Stieg Larsson y Henning Mankell, permite una visión más amplia de los diversos campos de fuego, así como mayor variedad de motivos debatibles para el análisis.
He aquí una socialdemocracia secular escandinava, que actualmente aporta fuerzas para las campañas militares occidentales en Afganistán y Libia. Esta consideración fue lo que originalmente hizo que algunos conservadores muy ortodoxos percibieran una "vinculación". (Aun cuando, por ejemplo, no está claro que los grupos yihadistas de Noruega se identifiquen con Muamar Khadafi o con sus recientes llamados a lanzar ataques suicidas contra la OTAN.) Aún más, los ataques letales se lanzaron contra el movimiento juvenil del partido gobernante de Noruega, ese firme bastión de buenos sentimientos multiculturalistas y de acercamiento con los inmigrantes musulmanes. Este podría no ser el primer objetivo de una facción terrorista que se esforzara por sacar a Noruega del tablero militar.
Además, el principal sospechoso en este pogromo, Anders Behring Breivik, parece venir con todo y su propia bibliografía a la Jared Loughner, así como con antecedentes de entusiasmo por el poder blanco nórdico. Me conmovió ver que sus coqueteos con la masonería hayan sido considerados como de "ala derecha" en algunos sectores. En los viejos tiempos, el fascismo católico odiaba a los masones casi tanto como a los judíos. (El presidente chileno Salvador Allende era masón, por ejemplo, en una tradición de anticlericalismo de izquierda que me da tristeza ver desaparecer.) Y por último -aunque en este laberinto de espejos probablemente nada sea lo último- Breivik aparentemente se declaró un apasionado del sionismo, así como enemigo jurado de todo tipo de islamización. Debemos de poner más atención a este último aspecto: las verdaderas pandillas "neonazis" de Europa tienen un violento antisemitismo en común con los islamistas, que evidentemente son sus enemigos mortales, mientras que los populistas que están en contra de la inmigración, de la calaña de Geert Wilders en los Países Bajos, buscan la respetabilidad defendiendo a Israel, muchas veces en contra de las críticas de la izquierda multiculturalista.
La Mala interpretación de éstos y otros indicadores similares ha provocado más caos intelectual que la cacería de brujas anti-islámica que siguió al atentado de Oklahoma City. Los conservadores españoles en el poder cometieron el error contrario y acusaron falsamente a un grupo de gánsteres ibéricos de haber cometido una de las acciones más letales, en lo político y en lo militar, de la yihad en suelo europeo: una "operación" que afectó el resultado de las elecciones generales en un país miembro de la OTAN y que también dañó gravemente a la coalición en Irak. Esa semana quizá haya constituido el punto culminante de la coordinación de un serio nexo del terrorismo en Europa a cargo de Osama Bin Laden.
Una manera de formular la pregunta es ésta: ¿Los yihadistas extremistas y sus opositores más virulentos tienen una relación simbiótica? En cintas y sermones de mezquitas en Londres y Hamburgo, podemos encontrar manifiestos enteros sobre la necesidad de mantener a las mujeres como objetos de posesión personal, de erradicar la enfermedad de la homosexualidad, de frustrar los designios judíos para apoderarse de las finanzas internacionales y otras fantasías de la mentalidad del Tercer Reich. Impulsado hacia su conclusión lógica o patológica, esto implicaría algo que estadounidenses y europeos jamás habían visto: un conflicto entre diferentes formas de fascismo a fin de ver qué ataque contra la democracia multiétnica es el más efectivo.
Hubo señales visibles de esta mentalidad inmediatamente después de los atentados de septiembre de 2001, cuando Jerry Falwell, Pat Robertson y otros demagogos vieron que se usaba a Bin Laden para rastrear el dedo de Dios. Y algunos de los fans descendientes de Timothy McVeigh, a través del medio de la "verdad del 11/9" y otros arcanos, también han tratado de confeccionar una teoría global del poder mundial ilegítimo, como fue expuesta y refutada ese día. Aquí también, empero, uno observa que la CIA y el Mossad se atrajeron la acolchonada tarea de elegir y preparar el objetivo y organizar la colusión y la coordinación, mientras dejaban que la tropa de menor graduación de Al Qaeda realizara las tareas menores de la detonación. Esta triste y autodestructiva visión del mundo se disuelve en la imagen congelada de la villa de Bin Laden en Abbottabad, en la que el huésped principal pulsa melancólicamente el control remoto y medita en los buenos tiempos del ayer, cuando él era "el caballo fuerte".
Esto también culmina con el lamentable espectáculo de los sitios Web yihadistas de Oslo, que se habían estado preparando con sus notas originales de alegría cuando ellos también pensaron que estaba involucrada su santa causa, pero que después desistieron al darse cuenta de que el perpetrador era un fracasado que tuvo razones muy diferentes para querer masacrar a una multitud de jóvenes ese día. Los redactores de los titulares de los noticieros debieron haber esperado antes de hacer cualquier pronunciamiento y de cometer así la indecencia de sugerir que los asesinos habían sido selectivos e incluso difíciles de contentar. Los llamados "expertos" deberían estar avergonzados de haber descifrado el motivo a partir del modus operandi, más bien como hiciera Steve Emerson en Oklahoma, cuando declaró que la magnificación de la violencia era un "rasgo del Medio Oriente". También hubiera podido decirse que un pálido jinete cristiano de la Última Tule, con un concepto personal del libro del Apocalipsis, estaba infectado con "rasgos del Medio Oriente" de una especie de las que ni el infierno se había jactado hasta entonces.
Entre tanto, las calles y plazas de Siria y los comités de la oposición cívica de Libia se llenan con gente ansiosa e impaciente que quiere saber si fue ingenua al colocar sus apuestas - en algunos casos, incluso al apostar su vida - en la transición democrática, en las tácticas pacíficas, en la asignación transparente de fondos anteriormente robados en una reconstrucción aplazada por mucho tiempo y en la eliminación de la casta parasitaria de policías y militares. Después de haberle suplicado por mucho tiempo a los levantinos que formularan sus exigencias de esa manera, nosotros nos ponemos todos titubeantes cuando ellos aceptan hacerlo. Este último mes de vacilaciones de Occidente y de Naciones Unidas ha sido uno de los interludios de la historia reciente más carente de principios, en el que incluso la pernocta de un embajador en la ciudad de Hama aparentemente está considerada como un blasón de valentía por parte nuestra. Si resulta que eso es lo más que podemos hacer, entonces las condenas deberán de ser feroces.
Slate Magazine
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Autor: El Mundo (4194 noticias)
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