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El dramaturgo, consideraciones sobre el oficio

19/06/2009 03:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Especulaciones en torno a lalabor del drmaturgo contemporáneo, su materia y material de trabajo y su posible busqueda

Empezaré este breve escrito dejando entrever desde qué punto de vista intento vislumbrar y opinar sobre la profesión del dramaturgo. Habiendo sido mi formación en las artes escénicas enfocada hacia el trabajo de la dirección, es decir de la puesta en el escenario de textos escritos, creo más conveniente permitir que este sea este el punto de vista que deba visitar en el momento del acto creativo de la obra escrita. Más que intentar encriptar en una “forma correcta” la manera de escribir un texto, pienso que lo que todo escritor actual de teatro debe tener presente es la forma en que su obra será visitada por el director, los actores y en última instancia por el público, lo que algunos teóricos llaman el devenir escénico de la obra escrita.

Pero, ¿Es necesario que el dramaturgo se preocupe por estas operaciones que se realizan a posteriori? ¿No basta dentro de su proceso creativo con dejar plasmada, impresa su obra en el papel y permitir que los demás miembros de este complicado arte asuman el reto de la representación? La respuesta a la primera pregunta es un SÍ con mayúsculas. En lo referente a la segunda inquietud, debo detenerme un poco más en especular sobre sus posibles respuestas.

Retomando los dos sentidos o interpretaciones dados a la palabra dramaturgia por Joseph Danan, el primero: “el arte de la composición de las obras”, en su definición tradicional; y el segundo: “la que piensa las condiciones del paso al escenario de un texto de teatro”, definición acuñada en el teatro alemán de acuerdo a las normas establecidas en la Dramaturgia de Hamburgo de Leesing. Descartaría la posibilidad de acercar el oficio del dramaturgo a un solo lugar, una única acepción. En su lugar, supondría que la clave de la nueva dramaturgia está en la posible hibridación de los dos sentidos; esto es, escribir la obra de teatro acercándonos y participando del momento-evento de la representación, el momento de su totalidad y su verdad funcional. En ninguna circunstancia este acercamiento necesario implicaría subyugarse a la posible artificialidad del hecho teatral, cambiar el contenido por la forma, preocuparse por el continente y no por el contenido. Por el contrario, significaría un verdadero encuentro del dramaturgo con su obra al permitir que estos elementos, forma y contenido coexistan y se retroalimenten en una relación dialéctica.

El teatro de nuestros días insiste en reclamar un dramaturgo que conozca, maneje y participe en todo el dispositivo teatral, un dramaturgo que se levante en múltiples ocasiones del escritorio en donde origina sus ideas y visite con obstinación y espíritu de descubrimiento el espacio de la representación. Representación de su presentación. Que busque la “realidad” de su escena, no solo en su fecunda imaginación, sino en aquel espacio sagrado y profanado que es el teatro, origen y fin de su angustiante tarea, en el hecho teatral. No solamente basta con que establezca y consigne una hipótesis -obra escrita-; sino que debe conocer, manifestar y participar en el hecho teatral desde y con la materia base y fin de su creación -puesta en escena-.

Como director teatral no concibo otra forma de acercarme al oficio de escribir, quizás no deba ser necesario ni imprescindible en todos los casos, pero en el mío, es ineludible esta correspondencia. Siempre escribo dirigiendo –y tal vez actuando- y siempre dirijo re-escribiendo. Algunos llaman a esto utilizar el texto como principio, yo lo llamaría explotar todas las potencialidades escénicas de un texto, deconstruirlo en busca de sus gestos más ínfimos.

Me detendré ahora a discurrir un poco sobre la situación del dramaturgo en la actualidad, sobre las posibilidades y recursos de su escritura, sobre el material o la materia con la que conforma y da vida a su obra; todo esto a sabiendas de lo peligroso e inexorable del terreno en el que se tiene que mover.

El dramaturgo o escritor de ficciones escénicas es un ser que tiende a desaparecer del ámbito teatral, pero claro está, si lo aceptamos desde una definición pasiva y meramente operacional. Es decir; concebirlo como un inventor de fábulas vistas como un encadenamiento de eventos apoyados en una técnica que apunta a prestar a cada acción una peripecia, un desvío de dirección y de tensiones. Pero sabemos que la nueva dramaturgia va más allá de esto, se preocupa por indagar sobre nuevos aspectos y requerimientos importantes para la contemporaneidad.

La dramaturgia no es solamente un gesto literario ni tampoco se encierra en el manejo del lenguaje-palabra. Se reconocen otros factores y elementos que maneja e indaga la dramaturgia, como son: construcción del movimiento en el espacio, utilización de tecnologías, lenguajes narrativos creados a partir de la percepción de los sentidos, dramaturgia de imágenes, eventos sin texto convencional u organizado cronológicamente en las dimensiones espacios- temporales, etc.

¿Esto qué significa? ¡Qué los intentos de matarlo han sido en vano! Al contrario de lo que se esperaba, de los ademanes criminales del director y el actor por enterrar en sagrada tierra al dramaturgo, este ha sabido sobreponerse –no en todos los casos- al peso de tan fuertes rivales. Casi en un gesto ingenuo, el director y el actor son quienes le han dado la materia con la que realizar su obra. En el mejor -¿O peor?- de los casos, han sido ellos quienes han abierto las puertas de una nueva dramaturgia. ¿De dónde surgió el teatro épico sino de la terquedad de un director de no querer aceptar la ilusión de la representación? ¿Cómo escapar al odio que emanaba Artaud ante la tiranía del dramaturgo? Ellos y muchos tantos fueron quienes crearon las bases de las nuevas dramaturgias en un intento desmedido por desprenderse de la tradición.

Hoy en día, los autores teatrales se acercan de forma más directa al acontecer escénico, reconociendo en este la potencialidad de su arte, gesto, vibración; o como quiera llamársele. El intentar introducir algo novedoso no se toma simplemente por un esnobismo, es en últimas instancias una reclamación que realiza la obra frente a su propuesta escénica, una necesidad, una orden o una consecuencia. Así como se han operado transformaciones en el orden social e histórico de la humanidad, asimismo el arte y en este caso la dramaturgia han tenido que abrir el espectro a las herramientas que se utilizan en su profesión.

Crear nacientes estrategias discursivas se vislumbra en la desaparición del discurso como un fin, ni siquiera se toma como un medio, es un querer y hacer propio de cada dramaturgo; buscar desaparecer el rasgo mimético de la representación no es un simple capricho, es la búsqueda incesante de la presentación del yo en el ahora; ya no le interesa el público ajeno y distante que se entrega a la mentira de la representación. Ya no busca encontrar motivaciones psicológicas a sus personajes, los enfrenta a una condición arbitraria y los ausculta en busca de reacciones inesperadas, incalculadas.

En la búsqueda del dramaturgo contemporáneo, se siente muy fuerte el deseo de romper con los modelos que los han precedido durante muchos años, la lógica irreductible de la obra teatral. No en vano la noción de tiempo y espacio se desvanece en el aire dejando entrever nuevas posibilidades de recreación de las mismas, esto producido sin duda por los avances en las matemáticas y en la física, de los cuales se sirve el arte. Si durante mucho tiempo la ciencia se nutría de la literatura para establecer nuevas leyes, hoy las artes se sirven de la ciencia para establecer nuevos modelos de creación artística y esto lo han sabido entender prontamente gran cantidad de dramaturgos.

Durante el transcurso del Seminario de Profundización I de Dramaturgia de la Maestría en Escrituras creativas de la Universidad Nacional de Colombia, tuve la oportunidad de estudiar diferentes puntos de vista enfocados al estudio de la profesión del dramaturgo, los diferentes cambios de perspectiva de la concepción del dramaturgo, especialmente a partir del siglo XIX; la relación de este con el hecho de la representación, el acercamiento de este con los demás actuantes del hecho escénico, etc. Lo más importante de este seminario fue la aproximación a diferentes puntos de vista sobre la labor del dramaturgo y de manera excepcional, la posibilidad de confrontación y destrucción de ideas preestablecidas y en las que generalmente suele caer todo escritor novel. No olvidemos que la primera tentación –ya sea por desconocimiento, ya por terquedad- es sumarse a la tradición o continuidad de las formas. En esta medida, el seminario más allá de pretender conceptualizar y teorizar sobre la dramaturgia en un campo científico, buscó encaminarnos hacia una crisis en nuestra manera de enfrentarnos al trabajo de la escritura teatral. Crisis, en el mejor sentido del término, este es en el descubrimiento de nuevas formas de escritura y el aprovechamiento de las mismas.

Más que una certeza, cosa no aconsejable para un escritor, intentaré plantear algunas especulaciones sobre la manera en que asumo la escritura teatral; a la luz de las nuevas tendencias teatrales e influencias de diversos campos del arte y de la ciencia. Todo queda en una suerte de impresiones no hilvanadas, quizás como una forma de fragmentos inacabados.

*

BARTEMISA

Junio de 2009


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Autor:
Bartemisa (1 noticias)
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Opinión
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