Donación de órganos
Si nos parásemos a pensar cuánto sentido tiene, para la vida de muchas personas, el simple hech o de que nosotros seamos donantes de órganos, pronto nos daríamos cuenta de que sencilla y llanamente tiene un significado crucial, pues gracias a nosotros pueden seguir viviendo. Pero, si admitimos esto, ¿por qué no somos donantes?
Muchas veces nos aproximamos de forma ligera al tema de las donaciones de órganos en el marco de la salud pública o de los datos sociológicos que atañen a número de donantes y al número de donaciones en nuestro país y en el mundo. Pero pocas veces, consideramos el tema como algo propio y nos paramos a pensar desde un punto de vista personal y de conciencia moral individual ¿por qué no me hago donante de órganos?
Esta claro que es un tema complejo, que requiere un análisis serio y amplio en todos sus ámbitos, pero que hay que intentar llevarlo al plano de lo personal y, por añadidura, al terreno de lo ético. En este sentido, constatamos que existen unos peculiares miedos, muchos de ellos irracionales o falsamente infundados, a que se manipule indebidamente nuestro organismo, a que se nos acelere la muerte en caso de accidente o enfermedad grave para extraer rápidamente nuestros órganos si se diera el caso, a que nos quiten estos antes del tiempo debido o sin los controles médicos y jurídicos pertinentes, a que?. Infinitos temores que no hacen más que alejarnos de un gran ideal de solidaridad humana: ser donantes de vida. Pero no sólo hay miedos, sino también muchas dudas y reticencias que nos invitan a seguir eludiendo o a no implicarnos demasiado sobre este asunto.
al donar nuestros órganos, nos donamos y dejamos así, parte de nuestro legado en la vida de otro y en la historia de todos.
Por otra parte, hay quien piensa que el cuerpo es una propiedad privada que sólo al individuo que lo posee le compete su custodia y cuidado, y que no debe ser objeto de merma alguna, ni siquiera una vez que ya ha dejado de ser útil para vivir. Es aquí donde hay que exponer qué fundamentos éticos podemos ofrecer o proponer y qué camino, en el terreno de una ética de justicia y solidaridad interhumana, habría que seguir para plantear la legitimidad o no de ser donante con un suficiente peso racional y moral. Para ello hablaremos de la donación como acto libre y autónomo, como acto solidario y generoso y como acto humano y dignificador.
Así pues, no sólo es legitimo y meritorio, sino también éticamente loable y digno el hacerse y ser donante de órganos. Tan digno es el ser donante (se dignifica el donante), como la acción de donar (se dignifica el obrar), como el poder recibir el/los órganos de otra persona viva o muerta (se dignifica al receptor). Con estas tres formas de dignificar y valorar a las personas y las acciones que tienen que ver con la donación de órganos, podemos concluir apelando, a modo de opinión particular, a una sentencia final: al donar nuestros órganos, nos donamos y dejamos así, parte de nuestro legado en la vida de otro y en la historia de todos.
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Sobre esta noticia
Autor: Dra. Medina (3 noticias)
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