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Disfruta del Ecoturismo en Cancún y se el Tarzán del siglo XXi

19/05/2010 07:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Realizar caminatas en plena jungla, deslizarse por una tirolesa o contemplar estrellas de mar en su hábitat natural son algunas de las opciones que ofrece esta forma de divertirse, que conjuga deportes extremos y respeto por el medio ambiente. Cancún es un buen lugar para practicarlo

Repentinamente, la camioneta se detiene.

Pedro, el guía, abandona el volante y se apea del vehículo. Para quienes viajamos en la caja, aquello representa un descanso en medio de los temblores que ofrecieron los varios kilómetros de terracería que separan el área de El Corchal, un ecosistema ubicado en el Pueblo de Solferino, en el municipio de Lázaro Cárdenas, en Quintana Roo.

—Miren –nos invita nuestro Virgilio a través de los encantos de la jungla. Nos encontramos muy cerca del área de protección de flora y fauna Yum Balam, que en maya significa Señor Jaguar.

Los ocho que nos apilábamos como naipes en la parte trasera de la pick-up nos ponemos poco a poco de pie y saltamos a la tierra. Nos agachamos para contemplar con mayor cuidado lo que Pedro nos señala en medio de la tierra mojada.

—Son huellas de jaguar.

Veinte minutos después, nos encontramos en el punto de inicio de nuestra aventura en la jungla. Hace mucho que la radio de la camioneta dejó de funcionar y en vez de música, nos hemos llenado los oídos de los sonidos de la naturaleza: aves de todo tipo, insectos y hasta el susurro incesante del viento.

—¿Has visto jaguares? –le pregunta a Pedro una de las muchachas.

—Sí —responde él —, dos veces. La última fue la más impresionante. Me quedé a dormir en la selva y en medio de la noche lo escuché rugir. Es un ruido impresionante.

El guía intenta imitarlo. Nos tiene atónitos, escuchándolo. Parte de su encanto radica en su habilidad para teatralizar los acontecimientos.

—Lo que sí te puedo decir es que cuando ruge el jaguar, el resto de la selva se queda en silencio.

Al momento, uno de sus hijos, que igualmente sirve de guía en la expedición, nos muestra algunas fotografías de jaguares. Fueron tomadas por la cámara nocturna instalada al pie de uno de los árboles del campamento a la entrada de El Corchal, donde nos ubicamos. El calor tropical provoca una especie de borrachera relajante, que nos sitúa aún más lejos de la gran ciudad de la que provenimos, donde el jaguar se ha convertido en una criatura fantástica y los automóviles, las únicas bestias salvajes de quienes debemos cuidarnos las espaldas.

El Corchal, al mismo tiempo, es una empresa familiar dedicada a ofrecer servicios de ecoturismo. Junto a sus hijos, Pedro brinda a los turistas la oportunidad de convertirse, por unas cuantas horas, en Daktari, Tarzán o Robinson Crusoe: cualquiera de los personajes que la televisión, el cine o la literatura nos presentaron como los dueños y señores de la selva.

En esta reserva uno puede realizar canopy (tirolesa), rapel, kayak, caminatas nocturnas o diurnas en busca de especies animales y florales, así como la experiencia inolvidable de acampar a muchos kilómetros de cualquier asentamiento humano y, por qué no, tal vez escuchar el rugido del jaguar. Todo, con el respeto a la ecología como primordial punto a considerar. A futuro, planean instalar incluso baños ecológicos, también conocidos como aboneros secos.

De la boca de Pedro no cesan de brotar historias que aderezan la caminata, desde el punto donde estamos, hasta el lago donde abordaremos los kayaks.

El ecoturismo es primo hermano de los deportes extremos, pero no entendidos éstos como aquellos donde se pone en riesgo la vida, sino las actividades que permiten a sus aficionados entrar en contacto con la naturaleza hasta los extremos más emocionantes.

Montados los catorce miembros del grupo en las lanchas, comenzamos a explorar el lago. Resulta divertido cómo remar es mucho más complicado de lo que parece en las películas. Nada que ver con conducir un auto. Somos igual que niños aprendiendo a andar en bicicleta, incapaces de controlar nuestras pequeñas embarcaciones a voluntad. Muertos de risa, reconocemos la ineptitud de nuestras manos urbanas acostumbradas sólo a teclear computadoras y llamar por teléfono celular.

Al final de la experiencia, observamos el vasto territorio desde una torre de madera de más de 30 metros, desde la que sentimos las violentas sacudidas del aire.

Dan ganas de volver a ser una criatura de la selva. Un jaguar, por ejemplo, como el que es dueño y señor de este sitio.

Realizar caminatas en plena jungla, deslizarse por una tirolesa o contemplar estrellas de mar en su hábitat natural son algunas de las opciones que ofrece esta forma de divertirse, que conjuga deportes extremos y respeto por el medio ambiente. Cancún es un buen lugar para practicarlo.

Las aves y su pasión

Nuestra siguiente parada en el recorrido es Holbox, una pequeña isla situada al norte de la costa noroeste de la península de Yucatán. Su nombre en maya significa Hueco Negro y apenas pone uno un pie en su playa, después de hacer un recorrido de 15 minutos en lancha de motor, se percata de que la isla en sí misma es un espectáculo.

Mide 40 kilómetros de ancho y dos de largo. Se le puede recorrer completa en apenas dos horas. Los menos de dos mil personas que la habitan (y que cuentan con un servicio de ferry dos veces al día para entrar y salir) se dedican casi de lleno al turismo, con excepción de contadísimos negocios dirigidos a la misma población, como una papelería y un gimnasio.

Existen pequeños y exclusivos hoteles boutique por todo Holbox. En sus playas, es común observar a bellas mujeres europeas bronceándose sin la parte superior de su bikini. Los automóviles están prohibidos, aunque la policía y el servicio de recolección de basura poseen una camioneta cada uno. El resto de la gente se mueve en bicicleta o en carrito de golf.

Holbox ofrece muchas variantes de ecoturismo para sus visitantes: desde avistamiento de cocodrilos hasta de tiburones ballena.

En nuestro primer día, acudimos a realizar el tour de las tres islas. En lancha de motor, nos llevan hasta Morena, también conocida como la Isla de los Pájaros, un islote en donde decenas de criaturas aladas, por capricho de la naturaleza, han hecho sus nidos. Desde un mirador especial, la gente no se cansa de tomarles fotografías. Lo mejor es cerrar los ojos y llenarse los oídos de la escandalosa charla de las garzas blancas, morenas y tricolor, fragatas, pelícanos blancos y cafés, los ibis blancos, las espátulas rosas, los garzones cenizos, los patos silvestres y las gaviotas.

El segundo punto obligado es el Yalahau, un antiguo ojo de agua en el que los mayas realizaban ceremonias. Ahí se puede nadar y ver pequeñas especies de cocodrilos.

Finalmente está la Isla de la Pasión, que recibió su nombre porque era donde los primeros pobladores de Holbox solían celebrar las bodas hace muchos años. Al final de la fiesta, dejaban solos a los novios para que disfrutaran de su amor en total intimidad.

En ella, se pueden admirar pelícanos en estado natural. El espectáculo es inigualable. La naturaleza ofrece una cartelera de maravillas que hacen lucir a nuestros conciertos de rock y musicales como ridículas formas de perder el tiempo. De eso se trata el ecoturismo.

Y en Holbox, por si alguien quisiera ver otras “especies” más extravagantes que el tiburón ballena, de vez en cuando también se dejan ver...

—¿Famosos? ¡Claro! –me responde el chavo de rastas. Es de noche ya y he venido a tomar algo en una de las palapas de la playa –a John Travolta le fascina venir con su familia. Fue chistoso porque una vez llegó un circo a la isla y Travolta fue con sus hijos. Fue raro verlo ahí.

Igual que el jaguar, las celebridades también dejan su huella.

Darwin tenía razón

> De acuerdo con Charles Darwin, el hombre proviene del mono.

—¡Ahora! –grita el instructor –¡es tu turno!

Lo que queda es tomar el arnés que me une con la cuerda sujeta entre dos árboles y lanzarme vertiginosamente al vacío. Las copas de los árboles se ubican varios metros bajo mis pies. Voy a toda velocidad.

Selvática es un parque especializado que ofrece experiencias de ecoturismo, al que se llega por la carretera a Puerto Morelos.

Su principal atracción son las tirolesas. En ellas, el aventurero se balancea por más de una hora de árbol a árbol. El aire le pega en la cara. Recuerda que viene del mono y la adrenalina es su alimento.

Selvática también ofrece el nado en cenotes, el paseo en vehículos tipo safari y su personal se esfuerza por recrear un ambiente de jungla, poblado de especies naturales tanto de flora como de fauna.

—¿Y a los que no se atreven? –pregunto.

—¡Los aviento! –responde el guía –pero aquí nadie se queda con las ganas de ser un mono.


Sobre esta noticia

Autor:
Ariel (3890 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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