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Diputados virtuales y un planeta que se degrada ante mutaciones bacterianas

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30/01/2020 09:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La literatura y las ficciones son alimentadas por la experiencia y racionalidad

Fuente Literaria/ Relatos de Ciencia- Ficción.

Aterrice de una manera normal entre dos lagunetas y abajo, a unos cuantos metros observe un rebaño de cabras, me llamo la atención porque hay un grupo de diputados en un país llamado Venezuela, comprando cabras, quizás sean de este planeta.

—¿Dos rebaños de cabras?

Son días prodigiosos, como los que sólo se dan en San Esteban pueblo, en pleno mes de diciembre. Ningún anuncio de Martini ha alcanzado ni alcanzará jamás la esplendorosa condición de aquel instante, el lugar perfecto, el momento perfecto, el sol perfecto, generoso y compasivo, tierno, que le sacaba la lengua al invierno en la terraza del chinchorreo Los Ortivos. Estábamos haciendo tiempo hasta la hora de comer con una copa de manzanilla en la mano, y precisamente de dunas hablábamos.

Habíamos ido caminando desde la nave a casa, por la pasarela que las atraviesa, porque había espacios territoriales entre movedizas arenas y me había llamado la atención la cantidad de pinos que habían sido talados en otoño al otro lado del territorio y que observe descendiendo. Su ausencia casi dolía. Los tocones redondos, rodeados de arena, eran tan visibles como un rosario de cicatrices, aunque las copas de los árboles supervivientes seguían fundiéndose en una masa verde, un mar de pinos tan compacto como el azul del océano que se extiende más allá. Esas dunas, esos pinos, son muy importantes para mí, porque no veo otra cosa cuando voy a la playa, cuando camino en verano por la orilla del mar todas las tardes, cuando me canso de nadar, y me quedo un rato flotando en el agua, y calibro el extraordinario privilegio de no estar viendo torres de apartamentos, paseos marítimos, hoteles con tumbonas de colores, sólo dunas y árboles, un espacio protegido, un milagro. Pero la belleza encierra sus propios demonios, y la procesionaria no había tenido en cuenta mis placeres.

—Había tantos pinos —me contó Felipe— y estaban tan juntos que no había manera de acabar con la plaga. Las copas, tan pegadas, tan frondosas, formaban autopistas para las orugas, que iban de un árbol a otro tranquilamente. Es una pena, pero no ha quedado más remedio que talarlos para acabar con ellas.

En aquel instante pensé en mi torpeza de urbanita, en lo fácil que resulta que quienes no sabemos nada del campo malinterpretemos acciones que no comprendemos, en la velocidad a la que me había apresurado a calificar como una atrocidad aquella tala que no estaba destinada a arruinar un pinar, sino a salvarlo. Lo comenté en voz alta y mis amigos porteños insistieron en que preservar un sistema dunar no significa abandonarlo a su suerte.

—Claro que esto se arregla con dos rebaños de cabras —sentenció Felipe—. Porque antes, cuando pastaban por aquí, no había hojarasca, como ahora, que el día menos pensado va a salir todo ardiendo. Las cabras se la comían y, al pasar, hacían caminos entre los pinos que servían como cortafuegos. Además, abonaban el terreno. Todo estaba más limpio, así que, digo yo, ¿el Ayuntamiento no podría comprar un par de rebaños y contratar a dos cabreros? Crearían dos puestos de trabajo, con el paro que hay por aquí, y construir un redil con unas maderas, que no desentonara con el paisaje, sería facilísimo y baratísimo, además. Si con cabras las dunas se han mantenido intactas durante un montón de siglos, yo no sé por qué han desaparecido. ¿Es que es más ecológico un pinar sin cabras que con ellas?

Aquel día bebimos mucho guarapo de manzanilla, , alargamos la sobremesa mientras duró la luz, hablamos de las cosas más variadas, nos reímos mucho, pero en ningún momento me olvidé de las cabras de Felipe. Aquella propuesta no sólo me pareció brillante —buena, bonita y barata—, sino que me ha obligado a replantearme muchas cosas. Es posible que, cuando se publique este artículo, alguien me escriba para explicarme por qué no puede haber rebaños de animales en espacios protegidos, pero, incluso en ese caso, seguiré preguntándome qué derecho tenemos nosotros, causantes directos del desastre ecológico, a corregir las costumbres de nuestros antepasados, que preservaron el tesoro que hemos heredado y estamos malbaratando a toda velocidad.

De momento, lo cuento aquí, por si a algún Ayuntamiento, en Coro o en cualquier otro municipio con sistemas dunares protegidos, le parece buena idea comprar dos rebaños de cabras. O le consultamos a los diputados de nuestra Asamblea Nacional.

Los humanistas no somos ya tomados en cuenta en Venezuela, cualquiera toma nuestro perfil, como lo hizo el ex diputado y ex alcalde Cochiola, dueños de Maderas Imeca quien en nuestra Asociación de Escritores dispuso poner una unidad de la policía municipal, lo escribo en singular, no vale respetarla semiótica.  Nos dedicamos a la identidad cultural de los pueblos. Y llegar a interpretar las totalidades, según Lukács.

Hay países interplanetarios que se alimentan de experiencias emocionales estimuladas por palabras e imágenes más o menos incontroladas, como las que se transmiten en los tabloides y mediante la propaganda política o los rumores. Pero hay una razón esencial de la vivencia y es el lector, la persona que nos transmite a través de la lectura una libertad como una esperanza.  Es la historia, el conocimiento y la justicia y, mediante ella llegamos a la liberación.

Hombres nuevos y una cultura para el diagnostico

Sin embargo, hay razones convincentes para creer que el principio vivencial y esencial de lo que se vive y se ve, sobre el terreno esta presente en todas partes. Todo se da en el mundo, en el terreno del existir cotidiano, de la historia y esperanza, como también en la búsqueda del conocimiento.

Hay grupos humanos que desconocen elaborar conceptos, y no dominan los criterios de las vivencias ya dadas. Tenemos que tocar el mundo espiritual, y aprender combinar lo que expresa la mente con el espíritu. Somos criaturas históricas y debemos aprender a formular nuestras propias historias. Somos de un ciclo que viene evolucionando, pero, los malos gobernantes nos han llevado a un gran declive, por ejemplo la era de la poesía dio paso a otra época en la que pasó a ser dominante  una discursividad racional  y con mayor grado de abstracción,  de allí que entre tanta ignorancia espiritual y política, tenemos un circulo que  le da continuidad a la historia por su formación académica o artesanal, pero, muy bien educada.

La tierra, viene sufriendo amenazas muy fuertes y los ciudadanos planetarios hemos contribuido a esta degradación y no nos importa botar la basura en el patio de nuestras residencias para luego, ir a los dispensarios del Estado a exigir una medicina que no existe, el caso más típico es el de China.

Aparte, estamos gobernados por ordenadores.  Y tenemos miles de refugiados y migrantes que van de un lugar a otro y estamos varios incluidos en este proyecto, asentar a la colectividad y darles consejos de prevención sanitaria, pero, muchos siguen viviendo en un arsenal de basura.

La libertad, debe ser un abanico a todas las opciones y debemos dejar el triste papel de refugiados.  Somos de un gran proyecto social y debemos incluirnos, tener presencia y voluntad política, lo demás es favorecer el desarrollo cultural y económico de los pueblos, pero, la primicia fundamental es dar educación y fortalecer los prismas de este crecimiento dejando atrás el silencio.

Por consiguiente, el intelectual y artesano están en condiciones de hacer posible y mejorar la formulación de estas expectativas y deseos.

Debemos ir de regreso a la dialéctica de los opuestos. Lograr una experiencia primaria de integridad social, dejando atrás un mundo bucólico y soñado entre esas circunstancias socioeconómicas y de transformación mutua, es que detrás de los bullicios y trasiegos de las esferas públicas se maneja la corrupción, por eso, los humanistas estamos obligados a cambiar y mejorar la imagen del transeúnte individual para darle su verdadera identidad.

El humanista, no es un hombre enclavado en su comunidad para ocupar cargos públicos, ni tampoco pertenecer a un solo lugar, es miembro de un factor social y forastero entre el flujo de ideas y valores que están en tela de juicio en nuestra sociedad.

Es bueno, cristalizar nuestro destino en un pensamiento cierto y factorizar nuestras decisiones en una sociedad cada vez más degradada. Con el patrocinio y patriotismo de un Estado que es gobernado fuera de su realidad y cuyo gobierno es un experimento del pasado arcaico, la tierra es un mundo vivencial surgido de la Guerra Fría, la política de la identidad y la separación social que ha acarreado más problemas y sufrimientos de lo que valen.

Por ello, es necesario analizar el combativo universo moral que encarna una obra cultural o una novela y, percibir en esa experiencia estética una virulenta encarnación del conflicto y del dilema.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (1361 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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