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Diario de Herous III; Crónica de una victoria anunciada 15 de junio de 2010

21/06/2010 18:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Abro los ojos. Jhonnie Cash me despierta. El tono más bien. A tenor de la melodía, lleva ya unos segundos sonando el teléfono. Bien, realmente, no ha dejado de sonar en toda la mañana. Y apuesto a que sé quien es.

Mis sospechas se confirman y no es sólo una llamada. Pero… hay más, otro número le sigue. Entiendo.

Como si yo no supiese que es ella también desde otro teléfono, sospechando que no quería hablar con ella e intentando pescarme desde otro lado… ¡¡¡qué poco me conoce!!! es obvio que no se lo hubiese cogido ni con el suyo, ni con el otro porque no cabe duda de que era ell… … .¡espera! ¿y si fuese otra? otra de las últimas o alguna que ni recuerdo. No puedo vivir con la duda. Voy a devolver la llamad… ¡no!.

No se lo voy a poner fácil, sea la que sea. A mi ellas nunca me lo pusieron en la sempiterna guerra de egos que he aprendido a controlar. Enchufo el PC y… torrente de mensajes. De ella. Y de la otra. Y de otras. Una incluso bien visible anuncia públicamente que hemos quedado mañana.

Numerosas propuestas. 6 para este fin de semana, conocernos y salir. -Ya… - suspiro en una sonrisa entreabiera. Sed honestas por favor y reconoced la verdad: queréis sentir. Perder la cabeza, recuperarla y volverla a perder. Emocional y sexualmente. Y sabéis que yo eso lo doy como nadie.

Volvamos a la que ha puesto algo que debería haber sido un privado en un lugar donde puedan leerlo todos. Mejor dicho, todas. ¿Por qué no me manda un mensaje? Es lista. Sabe que de ese modo no me olvidaré y aunque ajetreado rumbo de las cosas en mi vida me atropelle, ahí queda en público y bien visible para que no lo pase por alto.

Aunque ahora que lo pienso, es más lista aún, pues deja claro a todas las demás que también tienen acceso a él que mañana ella y sólo ella será mía… aunque sea por unas horas y una sola vez. - ¡Qué frusca! - pienso para mis adentros. De repente, me invade un sentimiento de melancolía. De dejavú. Esa sensación, la he tenido yo antes innumerables veces.

Con estupor, me reconozco en el otro lado y comprendo aquel viejo proverbio de Nietzsche de cuando miras a un abismo, el abismo también te mira a ti. Y ese sentimiento es realmente intenso. Pero no es un sentimiento de placer, sino de melancolía, embriagado por sobredosis de ingenuidad y utopía, aquellas

que fueron mis compañeras durante lustros hasta que decidí quitarme la venda de los ojos y mirar a la vida con el sadismo necesario para afrontarla.

Por unos instantes, quisiera volver a ser el de antes, ese pez pequeño que sentía cosquilleos en el estómago cuando veía a esa persona que le gustaba. Quiero dejar de ser un número para ellas y que ellas lo sean para mi. Quiero emocionarme al escuchar una canción cuya letra ponga sentido a mi historia. A nuestra historia, aunque ella ni sepa que es partícipe. Quiero volver a sentir la presión de sufrir un rechazo. De llorar en la soledad de mi habitación por ella mientras finjo ante los demás que no me importa y es una más. Quiero volver a perder, a sufrir de vez en cuando como modo de sentir intensamente.

Porque ahora, cuando conoces las reglas y dominas el juego, las cosas ya no tienen tanto sentido, porque el riesgo de perder se atenúa y con ello, la posibilidad de sufrir. La incertidumbre en el amor lo llaman. Yo le llamo simplemente magia.

Digamos que he llegado al punto donde me llena más el saber que puedo tenerla que el hecho de poseerla.

El punto sin retorno el que lo que te llena es el seducir y no el finalizar. El hecho de tener la opción más que el de ejecutarla. Donde se da la sempiterna paradoja de que la felicidad está en la antesala de la felicidad. El efecto portería que llamaba de pequeño.

No sé si quedaré con ella mañana. Ya me lo planteó hace semanas y le dije que no. Pero insiste nuevamente. Y si le digo que no, sé que insistirá más. Y con más fuerza, pues se habrá convertido en un reto para ella. En un todo o nada en una huída hacia adelante donde no le queda otro camino que conseguirme para compensar mis ‘ NOes’ anteriores. Y esta historia me suena. Me suena de cuando yo era un pez pequeño en un mar menor y no el tiburón despiadado en un océano en el que muevo al son de sus olas, como un barco a la deriva, sin importar la presa ni el lugar, sino el hecho de comer.

Juré cuando yo era el juguete, que jamás daría falsas esperanzas a nadie como la que amé en su día estaba haciendo conmigo. Juré en otra época, que tendría la honestidad suficiente para no hacer sufrir a otra persona pese a que aquella situación de dominación alimentase mi ego.

Pero quizás lo juré porque no estaba en el otro lado.

Por eso ahora, cuando soy yo el jugador, he comprendido que cuando juré todo aquello… .me equivocaba.

Herous


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seduccionysuperacion.com
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