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Día mundial de la Libertad de Prensa

14/05/2014 20:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

“La rabia rompe con gritos a las humillaciones de los impolíticos que con astutas palabras humillan a la verdad" Laab Akaakad

Día mundial de la Libertad de Prensa

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Hoy 3 de Mayo 2014 se celebra el día mundial de la libertad de Prensa. Menos en Venezuela, expresó Tinedo Guía " presidente del colegio de Periodistas de Venezuela.

Un día como hoy 3 de mayo del 2014, comunicadores, redactores, poetas y escritores solidarios con la libertad de prensa celebramos y apoyamos la ardua labor del periodista en el mundo, así como aquellos donde por expresar sinceridades y defender democracias y los derechos humanos, son apaleados y vejados por insensibles personeros que dirigen gobiernos y castran la democracia.

En sí misma es la libertad de prensa una llevadora de dones y virtudes, donde se hace emblemática y explícita con donaire la justicia. Somos los individuos los que tendemos a dividir nuestro ser en contrariedades y despojar las virtudes y convertirlas en defectos, torpezas y obviando los talentos, para hacer surgir las limitaciones y matar las habilidades. Dividimos y seccionamos características buenas convirtiéndola en malas.

El tiempo y un poco de observación me han demostrado que más que un conjunto de rasgos diferenciados, somos un conjunto en sí mismo, donde nuestras características interactúan entre sí dinámicamente y nos hacen ser lo que somos.

En ocasiones nos quejamos por alguna limitación o problema que nos aqueja, sin embargo ese problema es el que puede dar origen a desarrollar en mayor medida algún talento o don por así llamarlo.

Cualquiera se preguntará qué relación hay con la libertad de prensa en los tiempos actuales y las virtudes y dones. Las virtudes son morales, donde se fecunda la honestidad y la honorabilidad; el alma no sólo adquiere las virtudes teológicas, sino también las virtudes morales, que se refieren a nuestra relación con todas las cosas creadas. También ellas se distribuyen desigualmente entre la inteligencia y la voluntad. La inteligencia recibe a la prudencia; la voluntad recibe tres aspectos que son: justicia, fortaleza y templanza.

Comencemos por la prudencia. La inteligencia, iluminada por la fe, puede conocer la verdad acerca de Dios, y, sin embargo, no ver las huellas del camino que debe seguir para llegar a Él ni la forma en que debe recorrerlo.La prudencia es la virtud por la que el alma, asistida por la gracia,  contempla el mundo como en realidad es y nos señala cómo debe ser nuestra relación con él. El término «prudencia» tiene un significado en el lenguaje vulgar totalmente contrario a la verdadera naturaleza de esta virtud. En ese sentido, se considera similar a la timidez, que actúa siempre sobre seguro, sin correr ningún riesgo sin afectar a nuestro bienestar material, como el martirio, por ejemplo; sin embargo, puede haber ocasiones en las que dejarse martirizar sea lo más prudente, y tratar de evitarlo una imprudencia extrema: así, no tendría sentido evitar el martirio a costa de perder el alma. De hecho, la verdadera regla de oro de la prudencia es «aquel que pierda su vida la ganará».

En definitiva, la prudencia es la virtud que capacita al entendimiento para ver rectamente lo que debe hacer. Las otras tres son una ayuda para hacerlo; así, la justicia se refiere a nuestras relaciones con los demás: es la voluntad decidida de que los demás tengan lo que les es debido. No consiste sólo en abstenernos de lo que no nos corresponde; llamar a eso justicia supondría padecer una verdadera anemia espiritual. La verdadera justicia lleva consigo la preocupación seria por que los demás disfruten de sus derechos, y nos lleva a poner los medios para lograrlo.

La templanza y la fortaleza, El mundo contiene cosas de muchas maneras y tendemos a imaginar como un conjunto de cosas que nos atraen de manera casi irresistible, aunque sepamos que no deberíamos tenerlas, que no podemos lograrlas sin que nuestra alma sufra un daño.

El mundo contiene también cosas que nos asustan y que daríamos lo que fuera por evitar, pero que el deber nos exige que les hagamos frente. La templanza ayuda a la voluntad a evitar las primeras. La fortaleza ayuda a la voluntad a enfrentarse con las segundas. Pudiera parecer que con la fe, la esperanza, la caridad y las cuatro virtudes morales, el alma posee todas las ayudas necesarias para alcanzar su destino sobrenatural. Pero hay más ayudas, como veremos a continuación.

En el caso de los dones, la inteligencia recibe más que la voluntad: a la primera pertenecen el don de entendimiento, el de sabiduría, el de ciencia y el de consejo. Aunque aquí sólo podamos indicar brevemente la función de ellos, cada uno merecería un estudio extenso y detallado. Hemos visto cómo, por la virtud de la fe, aceptamos todo lo que Dios ha revelado por el simple hecho de haberlo manifestado El; por el don de entendimiento podemos ver con mayor claridad qué significan esas verdades que hemos aceptado, y profundizar cada vez más en su estudio. Podemos pensar que son como los ojos de la fe.

El don de sabiduría hace que el alma responda de manera más intensa, no sólo al significado, sino también al valor de lo que aprendemos acerca de Dios.

El de ciencia tiene que ver también con nuestra respuesta a ese valor, pero al valor espiritual de las cosas creadas.

El de consejo nos ayuda a darnos cuenta de la orientación que el Espíritu Santo nos ofrece, en relación con lo que debemos hacer y evitar, aquí y ahora, para el bien eterno de nuestra alma; de alguna manera, guarda la misma relación con la virtud moral de la prudencia que el entendimiento con la fe.

Libertad de prensa se logra con lucha y valentía, como la democracia se consagra sin tiranía” Laab Akaakad

Nos faltan los dones de piedad, fortaleza y temor de Dios. Hemos visto cómo el don de consejo guarda una cierta relación con la virtud moral de la prudencia. Igual ocurre con estos tres, respecto de otras virtudes morales.

Así, el don de piedad está relacionado con la justicia de una forma especial: puesto que ésta significa dar a cada uno lo que le corresponde, forma parte de ella la virtud de la religión, que consiste en dar a Dios lo que le es debido. Así, podemos definir el don de la piedad como el amor a alguien al que estamos ligados por el deber de obediencia. Es amar a Dios sólo porque es amable, no por el esplendor del mundo que ha creado o por todo lo que ha hecho por nosotros; sólo para darle gloria a El; es, por tanto, un amor a Dios que exige el total olvido de uno mismo.

Las virtudes humanas son disposiciones estables que habitualmente nos inducen a actuar moralmente bien. Se adquieren mediante el esfuerzo de repetir actos buenos.

“Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien”.

Distinción de las virtudes “Cuatro virtudes desempeñan un papel fundamental. Por eso se llaman<>; todas las demás se agrupan en torno a ellas”.

1.     La prudencia: “Es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo”. La prudencia da la recta medida a las otras virtudes sin quedarse corto por miedo o en exceso por vanidad. Gracias a la prudencia somos capaces de aplicar los principios morales generales a los casos particulares que se nos presentan.

2.     La justicia: “Es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada <>”. La justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a promover la equidad, el bien común y la paz.

3.    La fortaleza: “Es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral”. Nos hace capaces de superar todo temor, incluso el de la muerte, con tal de defender una causa justa o rechazar un mal cierto.

4.    La templanza: “Es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados”. La templanza es moderación y sobriedad en los placeres y no permite que los instintos sensibles nos dominen.

Las virtudes y la gracia: Con la ayuda de Dios las virtudes humanas son purificadas y elevadas, “forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien. El hombre virtuoso es feliz al practicarlas”. Herido por el pecado, al hombre le cuesta ser feliz en la virtud, por eso necesita de la gracia para superar ese desequilibrio moral.

“La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien”.

“Las virtudes humanas son disposiciones estables del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Pueden agruparse en torno a cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza”.

“La prudencia dispone la razón práctica para discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo”. 

“La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido”. 

“La fortaleza asegura, en las dificultades, la firmeza y la constancia en la práctica del bien”.

“La templanza modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la moderación en el uso de los bienes creados”.

“Las virtudes morales crecen mediante la educación, mediante actos deliberados y con el esfuerzo perseverante. La gracia divina las purifica y eleva”.

“Las virtudes teologales disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios.

Las virtudes teologales son tres: la fe, la esperanza y la caridad.

Es por ello que ligadas a la verdad y a la información fidedigna se suman las virtudes y los dones.

Laab Akaakad - Escritor 

Cualquiera se preguntará qué relación hay con la libertad de prensa en los tiempos actuales y las virtudes y dones


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