La detección de mentiras. El polígrafo un instrumento polivalente. Algunas mentiras históricas

El 15 de septiembre 1938, se produjo una de las mentiras más mortíferas en la historia del mundo moderno. Adolf Hitler canciller de Alemania y Neville Chamberlain, primer ministro de Gran Bretaña se encontraron en Munich, para ponerse de acuerdo y llegar a una solución duradera a los problemas de Europa. Si Hitler prometía retirar sus ejércitos y no invadir Checoslovaquia e Inglaterra a no sacar su poderosa Flota de guerra de los puertos ingleses se firmaría la paz, y entraría en vigor el Pacto de Munich. El mundo, anhelante y atemorizado, respiraría.
Hitler ocultó sus verdaderos planes in mente y Chamberlain le creyó... "pese a la dureza y crueldad que me pareció ver en su rostro, tuve la impresión de que podía confiarse en él, si empeñaba su palabra de honor" …Cinco días después Chamberlain casi ridiculizó en la Cámara de los Comunes inglesa a los parlamentarios que pensaban que Hitler era incapaz de decir una verdad y mantener su palabra."He conseguido una Paz que parecía imposible en nuestros días" …terminó diciendo Chamberlain. El mundo aguardó expectante el resultado del famoso Pacto de Munich, última esperanza de evitar una guerra mundial devastadora.
Hitler había retirado algunas divisiones a retaguardia, pero había hecho avanzar otras para caer sobre Checoslovaquia. Y una semana después invadía ese país, con su guerra relámpago y se lo tragaba en una semana. La guerra se generalizaba: Polonia, Francia, Bélgica y luego Inglaterra... fueron los blancos inmediatos de Hitler. El pacto de Munich, era para él, de antemano, un papel mojado.
Por aquellos tiempos los médicos terapeutas trabajaban sobre enfermos mentales o personas con problemas psicológicos y comunicaban sus hallazgos de expresiones faciales patológicas-evidencia de la mentira y sus comportamientos paralelos que les guiaban en sus conclusiones. A los médicos les aterrorizaban sus diagnósticos equivocados de personas a las que habían examinado y les consideraban seres absolutamente normales, y resultaba que luego o se suicidaban o cometían crímenes abominables. El control estricto de las expresiones, ademanes, conductas, podían y debían ayudar a diagnosticar un tipo de conducta o un trastorno mental, pero pocos pensaban en la mentira pura y simple como método. Y lo era.
La detección de la mentira como diagnóstico se convirtió después en un método. Controlar la mentira, esa era una verdadera ciencia.
Si volvemos a la Gran Mentira de Hitler, había una circunstancia que el Führer conocía bien: estaba prometiendo algo a alguien que deseaba en el fondo ser engañado. Chamberlain era la victima propiciatoria ideal. Su política de "apaciguamiento" del enemigo armado era también personal. Si fallaba, él personalmente estaba hundido y Hitler lo sabía. La especialista en ciencia política Roberta Wohlstetter declaró después que era evidente que Hitler iba a mentir porque había mentido miles de veces y los políticos ingleses, incluyendio Churchill, pasaron por alto a un embustero consuetudinario, dando siempre la mejor interpretación posible a los "errores" del adversario que eran también falsedades y entrando en connivencia con él eludiendo las interpretaciones a fondo porque deseaban ardientemente que la guerra no llegara a las islas.
Mandar a Chamberlain a firmar un pacto de vida o muerte para Europa y luego para el mundo fue un error en gran parte de quienes le confiaron la misión. La buena fe o la conveniencia contra el vicio de la mentira.

No todas las víctimas, afortunadamente, se muestran tan bien dispuestas a ser engañadas. A veces o siempre, ignorar una mentira o contribuir a su permanencia no trae aparejado ningún beneficio e invita al desastre. Y si DIASPORA trae a colación ésta de Hitler en concreto es porque es la más histórica de los tiempos modernos, aunque había o ha habido otras que les precedieron pocos años antes como las de Francisco Franco y sus generales Mola, Yague, Vigón, Varela, etc… que prepararon con mentiras y terror el terreno para la Gran Mentira de Munich.
Los investigadores modernos desarrollan métodos científicos contra la mentira
La entonación, el acento o la forma de expresarse pueden ser elementos claves para identificar el engaño en cualquier proceso de comunicación. Investigadores de la Universidad norteamericana de Columbia están desarrollando herramientas informáticas capaces de analizar estos signos, para conseguir un sistema de detección de falsedades mucho más fiable que la intuición humana o el polígrafo, que sigue utilizándose en los Estados Unidos después de mil fracasos que han absuelto a culpables y condenado a inocentes en un alto porcentaje. Si bien el Polígrafo ha sido llamado "el Detector de Mentiras" y así lo califica repetidas veces el "Webster Dictionary" tal calificación sí es una gran mentira. Pero como es invento norteamericano ha sido adorado como el “becerro de oro” en comisarías de policía y en salas de juicio.
Y aún lo es. “Pasar el detector” es presunción de inocencia para muchos comisarios y jueces.
La afirmación misma del prestigioso diccionario “Webster” es equivocada hasta científicamente: el polígrafo no detecta mentiras per se. El polígrafo mide únicamente los signos de activación del SNA (alteración del ritmo cardiaco, la presión arterial, la conductividad y temperatura de la piel, etc…) los cuales sólo son signos de actividad emocional. No denotan mentira ni verdad.
A partir de esto puede inferirse que el sujeto ha mentido si la emoción no se ajusta a su estrategia o si parece estar componiendo una estrategia. El polígrafo brinda una información menos precisa que los indicios conductuales respecto de la emoción específica que se plantea. Una microexpresión facial puede revelar que el sujeto está enojado, temeroso, que se siente culpable, o por el contrario eufórico, etc…
El polígrafo solo nos dirá que el sujeto siente alguna emoción, sin precisarnos cuál. El hecho mismo de someter a alguien al polígrafo puede bastar para provocarle temor. Y éste será especialmente intenso si el sujeto tiene motivos para pensar que el examinador y quienes le interrogan tienen algún prejuicio contra él. Por lo demás el temor no es la única emoción que puede entrar en juego, tanto para el inocente como para el culpable. Pero estos factores no entran en el infalible Webster Dictionary...
Cazar la mentira ha sido un objetivo a lo largo de la historia. Se han escrito de infinidad de estudios, tanto científicos como psicológicos, para detectarla. Mientras unos se preocupan por crear técnicas y sofisticados aparatos detectores del engaño (como el polígrafo), otros tratan de clasificar códigos de conducta e identificación de gestos para saber cuando una persona dice o no dice la verdad. Cuando un mentiroso está en condiciones de escoger el modo de mentir, por lo general elige ocultar o no falsear. Esto tiene para él muchas ventajas.
Se dice que el presidente Abraham Lincoln declaró una vez que no tenía suficiente memoria para ser mentiroso de verdad. Y para serlo hay que tenerla. Y andaba con ojo en lo que decía, por esa razón. Si un médico le da a su enfermo una explicación falsa sobre su enfermedad terminal, tendrá que acordarse bien de esa explicación para no ser incongruente cuando se le vuelva a preguntar unos días después. Los políticos nunca hablan de mentir para los casos en que pueda quedar justificado el "no decir la verdad" por tal o cual razón o no "porque no conviene al partido o al gobierno que se sepa la verdad”, etc… y eso en todos los países. Es moda política ocultar la verdad. Por eso WikiLeaks tiene nuestra admiración. La verdad ante todo. Y por eso Julian Assange es el hombre a quien la CIA, el FBI y otras siglas quieren cazar como sea.
Como señala el Oxford English Dictionary "…en su uso moderno, la palabra mentira (lie) constituye habitualmente una expresión intensa de reprobación moral, que tiende a evitarse en la conversación cortés, diplomática o política, reemplazándola por sinónimos eufemísticos como falsedad (falsehood), inexactitud (not exact) o faltar a la verdad (untruthful). En inglés lie no existe.

Mucho antes del caso Watergate, el presidente Nixon era para sus opositores demócratas el epítome de mentiroso, mientras que los republicanos llamaban a eso astucia política. Y tuvo que dimitir simplemente por mentiroso. Y el caso de Bush, Tony Blair, Goebbels, Fraga Iribarne, Jose María Aznar, etc… se repite hasta el infinito.
"Los mejores mentirosos son las personas que dicen la verdad la mayoría de las veces”
Desde hace unos años, investigadores de la Universidad de Columbia, Nueva York, dirigen sus estudios hacia los elementos paraverbales de la comunicación, en busca de un método informático más exacto para distinguir entre lo verdadero y lo falso. Para ello, han analizado aquello que la gente comunica inconscientemente mientras habla, detalles que difícilmente se pueden controlar en la conversación, tales como la entonación, el acento o la forma de expresarse.
El equipo de investigación está dirigido por Julia Hirschberg, profesora de Informática experta en lenguaje hablado. Le acompañan en este proyecto la psicóloga Michelle Levine, del Barnard College, también dependiente de la Universidad de Columbia, y el profesor de Informática de la Universidad CUNY de Nueva York, Andrew Rosenberg.
“Los mejores mentirosos son las personas que dicen la verdad la mayoría de las veces”, admite Hirschberg en un informe de su universidad. Y es que aunque se reconoce una apasionada de esta materia, es consciente de la dificultad que entraña desarrollar una herramienta para la detección de mentiras más exacta que la propia intuición humana o el polígrafo, métodos cuyo nivel de predicción no es mucho mejor que el mero azar.
Sin embargo, Hirschberg considera que los elementos paraverbales de la comunicación son los indicadores más fiables para saber si alguien trata de falsear la realidad, de ahí que centre su estudio en esta área. Inicialmente, comenzó a desarrollar métodos informáticos para detectar el engaño en hablantes ingleses, chinos y árabes, examinando su tono de voz, las pausas o la forma de expresarse.
Experimento medio engañoso para llegar a la verdad…
Julia Hirschberg, es una experta en lenguaje hablado. Profesora de la Columbia comenzó su trabajo sobre "el engaño en el discurso" con un estudio hace dos o tres años, que sigue siendo una de las mayores recopilaciones de datos al respecto porque, según explica la investigadora, es muy difícil captar mentiras en situaciones en que se sabe la verdad.
Durante la primera parte del estudio, se pidió a 32 sujetos completar al azar tareas sin relación entre sí, como hacer nudos o cantar mientras saltaban con un solo pie, asegurándoles que los 25 principales empresarios americanos habían pasado por las mismas pruebas. En el fondo, se trataba de una trampa. El estudio lo había inventado ella.

Les dijeron a todos que no se comportaran como empresarios, pero se les dio la oportunidad de demostrar si “hacían bien el papel”, resultaba que era el mismo que hacen las personas que triunfan. Los sujetos aceptaron y querían convencer al entrevistador de que eran capaces de actuar como auténticos empresarios, aunque aceptaron presionar un pedal oculto cuando mentían y otro cuando decían la verdad.
Las entrevistas habladas se grabaron y se añadieron a los resultados de las máquinas de pedal, a través de una aplicación informática que analizaba las características del habla y el lenguaje, indagando y anotando cuando el sujeto parecía faltar a la verdad, a través de las pruebas y analizando signos como las pausas, la risa o la variación en el tono, los comentarios exclamaciones, todo.
Con estos datos, los investigadores realizaron clasificaciones utilizando técnicas de aprendizaje automático, con las que obtuvieron un 70% de precisión en la identificación de la verdad sobre la mentira. Una cifra bastante elevada, teniendo en cuenta que los jueces y profesionales humanos sólo alcanzan un promedio del 58% al analizar los mismos datos.
El carisma en lenguas diferentes o el cambio de conversación de un idioma a otro
Hirschberg ha utilizado métodos informáticos similares para identificar el carisma transmitido a través del habla en inglés, árabe y sueco. También está estudiando lo que denomina el “cambio de código”, qué lleva a dos personas bilingües a cambiar de un idioma a otro en medio de una conversación.
Pero su investigación más reciente está relacionada con la Red de redes. La profesora y sus alumnos han rastreado las redes sociales para detectar emociones como la alegría, la sorpresa o la tristeza. Buscan aquellas palabras asociadas con las emociones en blogs o en títulos de vídeos subidos a YouTube, una investigación que podría tener además importantes aplicaciones en publicidad, marketing y campañas políticas. “Cuando Steve Jobs murió, todo estaba triste en Internet”, citó como ejemplo.
Su nuevo reto seguirá en la línea de la mentira, para lo que ha recibido una ayuda de casi 1, 5 millones de dólares de la Air Force Office of Scientific Research de Estados Unidos, para estudiar el engaño en el discurso, según la cultura. Porque la mentira es innata en el ser humano, y no entiende de idiomas ni culturas.
Claro que hay nuevas tecnologías que afirman permitir detectar la mentira a través de los ojos o por el temblor casi imperceptible de los labios. O por el movimiento de las manos y los pies. La distinción entre verdad y mentira implica procesos neuronales distintos, pero la interpretación de estos está aún lejos de estar bien clasificada.
Mentir nos hace sentirnos físicamente mal. Demuestra empíricamente que la mente humana relaciona belleza y verdad. Se trabaja para crear un dispositivo capaz de medir el lenguaje del sujeto a quien se entrevista mucho mejor que el polivalente polígrafo por el cual -todavía- se puede ser el bueno o el villano en Estados Unidos. Si Julian Assange pasara por el polígrafo y el que controlaba la máquina fuera del FBI o de la CIA, podrían acusarle después de analizar sus respuestas, de haber complotado para matar a Abraham Lincoln o al Presidente Kennedy.

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