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Despierta intercambio de espías recuerdo de la Guerra Fría

09/07/2010 12:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los gobiernos de Rusia y Estados Unidos, tras un acuerdo alcanzado en Viena, Austria, intercambiaron hoy un total de 14 espías, con lo cual concluye un capítulo que recuerda las décadas de tensión de la Guerra Fría. Reportes de prensa confirmaron que cuatro espías estadunidenses retenidos en Rusia fueron canjeados por 10 rusos en un aeropuerto de la ciudad de Viena, en un gesto que replicó los varios intercambios de agentes ocurridos durante la segunda mitad del siglo XX. Un anterior canje de espías sucedió en 1985, apenas cuatro años antes de la caída del muro de Berlín, el evento que marcó el final de la confrontación ideológica y militar que durante décadas mantuvieron la entonces Unión Soviética y Estados Unidos. La sede del intercambio de 1985 fue el punto donde ocurrió el mayor canje de agentes durante la Guerra Fría: el puente de Glienecke, que unía a la parte de Berlín que estaba dominada por la Unión Soviética y a la Occidental, apoyada por Estados Unidos. Entonces ocurrió el mayor intercambio de espías jamás registrado durante la Guerra Fría, cuando 23 ciudadanos occidentales acusados de espionaje en Alemania y Polonia fueron liberados a cambio de cuatro agentes apoyados por la Unión Soviética. Una de las espías intercambiadas fue Marian Zacharski, la más famosa agente polaca de la historia. A diferencia de aquel intercambio, el canje ocurrido este viernes en Viena carece de figuras que despierten admiración o asombro por sus habilidades o logros en la obtención de información sensible. El intercambio puede recordar, sin embargo, un capítulo de la Guerra Fría, una novela o un filme de acción. No obstante, no parece ser un capítulo especialmente emocionante. El grupo de 10 espías rusos, que admitieron serlo, permaneció durante años en Estados Unidos, viviendo de forma encubierta y con identidades falsas, aunque según las acusaciones no parecían suponer ninguna amenaza a la seguridad nacional. Ninguno de los acusados trabajaba en alguna agencia del gobierno estadunidense, ni estuvo en posesión de información que pudiera ser catalogada como sensible o confidencial. Como consecuencia, buena parte de la atención mediática puesta en los espías fue para uno de los dos acusados que emplearon su nombre real en Estados Unidos, Anna Chapman, de quien se resaltó su glamour, belleza y ambiciones. Tabloides como The New York Post enfocaron su cobertura sobre Chapman en su vida sexual y sentimental, en que se teñía el cabello de rojo, le gustaba pasar por mujer de negocios para seducir hombres acaudalados y las varias fotos que ella misma dispuso en redes sociales de internet. También videos grabados por una agraciada Chapman se retransmitieron docenas de veces en los canales de la televisión estadunidense. El intercambio de espías puede recordar a la Guerra Fría, pero el tratamiento mediático del caso reafirma que vivimos en el siglo XXI y que las reales amenazas a la seguridad de Estados Unidos han dejado ser desde hace años agentes rusos encubiertos.


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