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Derrocar dictaduras no es sencillo: Lo que pasa en Venezuela

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04/02/2019 14:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es fácil decir “salgan a las calles y derroquen a su dictador”. Es mucho más difícil hacerlo

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Ecuador adquirió una identidad particular en las últimas décadas. El descontento popular supo traducirse en acciones políticas efectivas y fue así que varios representantes políticos terminaron sus mandatos de manera anticipada. Ante el espíritu colectivo esto generó una identidad de rebeldía, gallardía, y un sinfín de sinónimos en la misma sección del diccionario. Es más, si no fuese por la inestabilidad económica asociada al cambio político, y tal vez con un poco más de marketing nos podrían haber asociado con movimientos como la Revolución Francesa o Mayo del 68 ¿o no?

Probablemente la respuesta más transparente es admitir que no. Esto se debe a que las acciones de sublevación no se dieron en un marco de iluminación y lucha por los valores democráticos. Los cambios en las cúpulas no se manifestaron en la comprensión del electorado de sus objetivos y sobre todo preferencias.

Han pasado más de diez años de ese período de rebeldía contra el poder y aun así se sigue viendo los mismos candidatos exdeportistas, antiguas reinas de belleza, y periodistas que buscan nuevos desafíos. De la misma manera, no son pocos los que echan en falta los modelos opresores del pasado, o bien los del reciente gobierno o los de los años ochenta, ambos con serias denuncias  (algunas comprobadas) de violaciones a los Derechos Humanos y abuso de poder.

La cultura política en Ecuador sigue siendo baja. Es tanto así que se sigue opinando sobre lo que ocurre en otros países de la región sin siquiera saber qué es lo que está ocurriendo. No es de sorprenderse. El ecuatoriano promedio lee apenas medio libro por año y bajo esa premisa es difícil exigir que comprenda los contextos de la organización política de otras naciones.

Lo que ocurre en Venezuela no se compara a las experiencias previas de Ecuador. Su posición geopolítica es distinta, Venezuela es un Estado mucho más grande y poblado que Ecuador, y al mismo tiempo su densidad demográfica es menor. En consecuencia la capacidad de organización social es más difusa. El modelo óleo-dependiente es mucho más severo en Venezuela; aunque parezca difícil de creer, para Venezuela el petróleo crudo representa 69% de su PIB versus 29% para Ecuador. Cuando se piensa que las remesas de este producto son administradas netamente por el gobierno, no sorprende entonces que otros sectores de la población carezcan de recursos para desafiar el poder.

Sin embargo, los elementos diferenciadores están presentes en el origen del chavismo y cómo estos han permitido al movimiento asentarse y, sobre todo, enclaustrarse en el poder. Es necesario entender ciertos elementos del chavismo. Hugo Chávez fue un militar con ideas revolucionarias que empezó su trayectoria desde los años 80. Fundador de su propio movimiento dentro del escenario militar, Chávez fue el líder del fallido golpe de Estado de 1992 contra el entonces Presidente Carlos Pérez, quien terminó su mandato de manera engorrosa por malversación de fondos y peculado. Chávez por otro lado estuvo detenido hasta 1996.

Hablar de resistencia en Venezuela es hablar de un verdadero desafío a la muerte

Chávez empezó a ser asociado como un líder contra la corrupción y las estructuras de poder oligárquico que formaban el diario vivir de la administración de Venezuela. De esta manera, cuando en 1998 empezó su carrera para ser presidente logró capturar la atención de los sectores más desfavorecidos que aspiraban a tener una oportunidad por fuera de las élites tradicionales. Como líder carismático contó con apoyo popular interno y externo, logró desafiar el intento de golpe de Estado de 2002, y llevó a Venezuela a liderar el concierto de gobiernos de izquierda de la primera década del siglo XXI. Este proceso no estuvo exento de culpas del mandatario, las expropiaciones, las reformas constitucionales y legislativas a favor de la concentración del poder en el Estado y sobre todo en el ejecutivo, y la paulatina y cuestionable transición de la riqueza hacia su círculo de confianza han manchado cualquier acción positiva que pudo llegar a tener durante sus cuatro períodos presidenciales. No hay garantías de que sus cerca de 15 años de gobierno hubiesen cesado si no el cáncer no hubiera terminado con su vida en 2013.

Se habla entonces de un período de 15 años con un solo mandatario en el que las Fuerzas Armadas crecieron y ocuparon cargos importantes en el sistema gubernamental y empresarial. Y no es que no haya habido intentos de responder a su poder. En una mezcla de legitimidad popular y manipulación desde la autoridad Chávez se enfrentó al paro petrolero de 2002-2003, al referéndum revocatorio de 2004, cuantiosas manifestaciones que terminaron con opositores encarcelados y exiliados, y en palabras del propio exmandatario intentos de asesinato y golpes de Estado.

Solo con este contexto ya cabría considerar que la comparación entre Ecuador y Venezuela es bastante ingenuo. Sin embargo, a estas condiciones se suma la experiencia de Nicolás Maduro, quien en una transición poco transparente, por llamarla de alguna manera, heredó un país cuyo sistema se prestaba para la concentración del poder. Maduro comprendió rápidamente que la desorganizada oposición que favorecía al mandato de Chávez no duraría para siempre, es así que concentró sus esfuerzos en espacios como los colectivos, conocidos como las fuerzas de choque del régimen, y las Fuerzas Armadas. Tanto así que, desde 2013, más de 1000 oficiales han adquirido el rango de General bajo el gobierno de Maduro. Esto le garantiza un círculo de control más amplio y una sociedad más vigilada.

Maduro tampoco ha gobernado sin inconvenientes. En 2015, a pesar de las barreras desde el gobierno, la oposición logró la mayoría parlamentaria, ante lo que el régimen de Maduro creó una Asamblea Constituyente ilegítima para evadir un contrapeso. De la misma manera, las protestas y actos de resistencia en contra de Maduro no han sido pocas, y la respuesta ha sido brutal y aterradora, algunas fuentes como el Observatorio Venezolano de Violencia hablan de más de 7500 muertos en 2018, por resistencia a la autoridad.

Sumadas a las dificultades para tener un sustento estable por falta de oportunidades laborales, e incluso por falta de medios de supervivencia como medicina y alimentos, hablar de resistencia en Venezuela es hablar de un verdadero desafío a la muerte. Solo la resistencia organizada  de toda la oposición unida y la vigilancia internacional han permitido en los últimos días un poco más de apertura para que el pueblo venezolano pueda salir a las calles, y aun así las cifras de muertos en 2019 ascienden a más de 40. Vale la pena cuestionarse entonces si lo que inspira a aquel que crítica al ciudadano venezolano por no derrocar al régimen de Maduro es la valentía o se trata de mera ignorancia supina.


Sobre esta noticia

Autor:
Bgortairemorejon (1 noticias)
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Opinión
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