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Definitivamente, Goya perdió la cabeza

16/11/2010 23:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Hay poca gente que sepa que nuestro afamado pintor Don Francisco de Goya y Lucientes yace decapitado en la ermita de San Antonio de la Florida. Y lo que es peor, que a día de hoy sigue sin conocerse el paradero de tan ilustre cabeza.

Goya murió en Burdeos en 1828, donde llevaba varios años exiliado por sus ideas políticas. Aunque en su testamento había pedido ser enterrado en Madrid, en la iglesia de San Francisco, sus huesos fueron a dar al cementerio de Burdeos, compartiendo panteón con su amigo y consuegro Don Martín Miguel Goicoechea.

El caso es que muchos años después, allá por 1880, el cónsul español en Burdeos, Joaquín Pereyra, se topó con la tumba de Goya mientras paseaba por el cementerio. Y decidió que los restos del pintor debían descansar en España, y no en un panteón deteriorado, ruinoso y compartido de Gabacholandia.

Empezó a dar la murga a la administración pública, que ya por entonces adolecía de los mismos vicios que hoy en día. En principio la idea les pareció buena. Se apresuraron a construir un panteón común en la Sacramental de San Isidro -uno de los cementerios madrileños de la época-, en el que reposarían también los restos de otros prestigiosos españoles muertos en el exilio (para ahorrar gastos, ya se sabe). Las obras fueron "rápidas". En 1886 el panteón estaba listo. Sólo quedaba solicitar los permisos necesarios para trasladar el cuerpo.

La administración le propone al cónsul Pereyra que busque en Burdeos a algún veraneante español de confianza, y que le pida amablemente que se traiga el cuerpo de Goya a España a la vuelta de sus vacaciones, como un baúl más, para evitarse tener que mandar a alguien desde Madrid a recogerlo. Pereyra monta en cólera por tamaña tacañería. No logran ponerse de acuerdo y el asunto se archiva durante un par de años.

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En 1888 Pereyra vuelve a la carga. Finalmente consigue los permisos para abrir el panteón de Goya y Goicoechea. Dentro del mismo encuentran dos cajas sin inscripciones, y cuando levantan las tapas ¡oh sorpresa! a uno de los cuerpos le faltaba el cráneo. Por pura lógica se trataba del féretro de Goya, ya que era el más próximo a la entrada y Goya fue el último en morir.

Y aquí empieza el verdadero lío. El cónsul Pereyra opina que lo mejor es llevarse los dos cuerpos a Madrid, para tener la absoluta certeza de que los restos de Goya vuelvan a España. La administración pública, con su siempre reducido presupuesto, dice que no, que sólo un cuerpo, que traerse a los dos muertos es duplicar gastos. Pereyra insiste. La administración cede un poco, de acuerdo, los dos cuerpos, pero metidos en una sola caja, y que digan que es sólo el de Goya. Pereyra se niega, no quiere arriesgarse a que los familiares de Goicoechea le demanden por sustracción de muerto. Consecuencia: nuevo parón burocrático.

En 1891 el pintor Raimundo de Madrazo pasa por Burdeos y Pereyra le cuenta la historia. Madrazo se compadece y escribe un artículo en un importante periódico denunciando la situación y comprometiéndose a pagar él los gastos del traslado si fuese necesario. Pasan de él como de la mierda.

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Madrazo retratado por Sorolla.

Tres años después intentan darle un nuevo empujón al tema. Y vuelven a estancarse en el mismo punto. Pereyra quiere que se lleven los dos cuerpos, la administración dice que sólo uno. El panteón construido para albergar los restos de Goya en Madrid se ha deteriorado después de tanta espera. Toca restaurarlo ¡Es tan típicamente español esto de trabajar dos veces!

En 1899 logran llegar a un acuerdo: deciden meter los restos de los dos difuntos en un mismo ataúd pero separados por dentro en dos cajitas individuales ¡Once años para una solución tan simple! Los restos de Goya, junto con los de Goicoechea, parten hacia España. Pero no se los llevan directamente al nuevo panteón, tampoco hay tanta prisa, mejor dejarlos en la iglesia de San Isidro junto con los de Moratín, Meléndez Valdés y Donoso Cortés, los otros copropietarios del mausoleo, que llevaban allí un porrón de años esperando la llegada de Goya, porque ya sabemos... oficiar un re-entierro común es más barato que celebrar cuatro por separado. Un año después los restos de Goya- Goicoechea, Moratín, Meléndez Valdés y Donoso Cortés son enterrados por fin en el mausoleo de San Isidro.

"Pero bueno... bien pensado, en realidad sería mejor que Goya descansase en la ermita de San Antonio de la Florida, que es donde pintó esos frescos tan monos... Pues nada, volvamos a cambiarle de sitio". Y así, desde 1919 los restos de Goya y Goicoechea reposan en la ermita de San Antonio de la Florida, donde permanecerán juntitos pero no revueltos, si la administración lo permite, hasta el final de los tiempos.

¿Y qué pasó con la cabeza?

Pues existen dos hipótesis. La primera dice que Goya dio su consentimiento al doctor Lafargue para que una vez muerto le cortase la cabeza y la analizase. En esa época estaban muy de moda los estudios frenológicos, que trataban de relacionar la observación del cerebro con la genialidad y la locura. Por tanto, según esta teoría, Goya habría sido enterrado sin cabeza desde el principio.

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Sin embargo la hipótesis hace aguas. La mujer del pintor Brugada -discípulo de Goya en esa época y que retrató al pintor en su lecho de muerte- afirma que Goya fue enterrado "entero", envuelto en una sábana y con un sombrerito de seda. Dentro de la caja se encontraron los restos de un sombrerito... y nos pongamos como nos pongamos, no tiene demasiado sentido enterrar a Goya con gorro si no tenía cabeza.

La segunda teoría es aún más truculenta. En 1928 salió a la luz un cuadrito -ahora desaparecido- firmado por el pintor Dionisio Fierros en el que aparecía representada una calavera sin mandíbula. Por la parte de atrás tenía la inscripción "cráneo de Goya pintado por Fierros - 1849". Es decir, la obra fue pintada veinte años después de la muerte de Goya y casi cuarenta años antes de que se abriese su tumba.

fierrosAutorretrato de Dionisio Fierros.

Un nieto de Dionisio Fierros contaba que su abuelo conservaba una calavera en su estudio y que podría haber sido la de Goya. La viuda de Fierros lo corrobora. Por desgracia, uno de los hijos del pintor, estudiante de medicina, se la llevó a Salamanca para hacer prácticas y la hizo estallar en pedazos en uno de sus experimentos. ¿Prófano Fierros la tumba de Goya? ¿Le compró el cráneo del artista a un chamarilero? ¿O sólo sabía de su existencia y se le ocurió pintarla en un cuadro? Lo que está claro es que mucho antes de que se abriese la tumba por primera vez, algunos ya sabían que el artista estaba decapitado.


Sobre esta noticia

Autor:
Harteconhache (96 noticias)
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harteconhache.blogspot.com
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Reportaje
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