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Si, si, "en defensa del juez y del historiador" pero de qué tipo?

22/06/2013 17:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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En completa alusión a los últimos discursos y tuits de la Presidenta, desde el diario La Nazión Eduardo Fidanza se manda la parte y denuncia

"La distinción entre instituciones y personas, entre condiciones contemporáneas e historia, entre política y ciencia, es un ejercicio de lucidez y honestidad intelectual, acaso indispensable en democracia. Conlleva las capacidades de abstracción y discernimiento para apreciar, en conjunto, el funcionamiento del sistema político y las particularidades de la cultura . Cuando un gobierno reivindica para sí, de un modo excluyente, una concepción de la historia y de la democracia, invalida estas distinciones. En ese afán, la inteligencia deviene en arbitrariedad, si no en cambalache. El líder político se convierte en émulo de los héroes del pasado; un magistrado que refuta aspectos jurídicos de la doctrina oficial, en candidato opositor; la reforma constitucional, en requisito para impedir la manipulación del interés general; el análisis intelectual y la opinión periodística, en motivo de complacencia o escarnio, sin matices. La retórica oficialista de los últimos días exhibió, como pocas veces, estos desatinos".

"En esencia, la pretensión del poder político es monopolizar la verdad histórica y el dictamen jurídico. Esa intención se justifica por la defensa del interés nacional y popular. Más allá de las consignas, la cuestión remite a un tema clásico de la cultura occidental: el conflicto, nunca resuelto, entre los poderes político e intelectual. Tal vez en torno a las figuras arquetípicas del juez y el historiador, acaso los profesionales más urgidos de independencia y objetividad, pueda dimensionarse la hondura del problema". Eduardo Fidanza, de profesión sociologo y Director de la consultora Poliarquía, nos quiere inmiscuir en la trapisonda conceptual, la idealización del juez y del historiador posición muy arquetípica de los tiempos del positivismo y la creencia del progreso indefinido. Pero sigamos leyendo para ver en qué y quienes se apoya para sostener esto:

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"En su último ensayo, titulado La memoria, la historia, el olvido , el filósofo Paul Ricoeur dedica un apartado a las figuras del historiador y el juez . En una discusión sobre los límites del conocimiento histórico, reivindica sus valores profesionales: para el historiador, la verdad de los hechos pasados; para el juez, la justicia de los tribunales. Los ubica como un "tercero" respecto del lugar ocupado por otros actores sociales, destacando que esa posición está vinculada con el propósito, vacilante y difícil, de imparcialidad . No se refiere el filósofo a profesionales en particular, siempre expuestos al error o la deshonestidad; habla en abstracto de una racionalidad regida por valores y fundada en el saber técnic o. Jueces e historiadores, afirma, comparten las mismas virtudes resumidas en el adagio nec studio , nec ira . Es decir: ni favor, ni cólera; ni complacencia, ni espíritu de venganza."Según Ricoeur, el juez y el historiador están adiestrados para detectar lo falso; son, en ese sentido, "maestros de la sospecha". Sin embargo, dirá el filósofo, existe entre ellos una diferencia estructural: el proceso que incumbe al juez debe arribar a un veredicto y cerrarse, mientras que la tarea del historiador, lo mismo que la del ciudadano, nunca concluye, siempre se puede seguir revisando el pasado. La reescritura es incesante". ¿No es maravilloso el análisis de Ricoeur? Esa distinción entre lo particular y lo concreto, viene de la época de Platón y jamás se resolvió che! Claro, en abstracto podemos hablar de una racionalidad regida por valores y sarasa , pero hay un detalle que desde el posicionamiento de Ricoeur y Fidanza (demasiado honro para este último ocupar el espacio de detrás de Ricoeur, de nada!) que no se menciona: el hombre, sea historiador, juez o portero de edificio está cruzado por una ideología, una ideología que forma su racionalidad y sus valores. Y casualmente, Ricoeur fue el autor de un interesante libro llamado "Ideología y Utopía" donde se sostiene que la conjunción de estas dos funciones opuestas tipifica la imaginación social y cultural. De este modo, los discursos, tanto ideológicos como utópicos, son los lugares en los que la sociedad deposita las respuestas a los cambios históricos y sociales. Basándose y desarrollando su concepto de " Hermenéutica ", recuperamos un Recoeur diferente que nos ayuda a comprender mejor esta realidad y no la que pretende explicar Fidanza: es claro que discursivamente, lo que dice Cristina tanto lo que decía Néstor no sale de un repollo, ni de un afán de poder, ni de avasallar las instituciones. El discurso de Cristina no busca el monopolio de la verdad histórica, solo instauran desde el 2003 otra forma de interpretar ideológicamente la realidad social de una manera retórica, pues es producto de un quiebre de paradigma instaurado en 2003. Pero Fidanza no se apoya unicamente en Ricoeur sino también en un historiador de nuestras pampas: "La historia, que apasiona a nuestra presidenta, quizá sea la cuestión de fondo. Sobre la relación entre historia y política se han hecho dos aportes recientes destacables. Uno es el de José Carlos Chiaramonte, prestigioso historiador de formación marxista, que acaba de publicar el libro Usos políticos de la historia . Con sobriedad, afirma Chiaramonte que la búsqueda intelectual no está determinada necesariamente por un compromiso o una perceptiva, sino, muchas veces, "por lo que uno va encontrando ante sí". Defiende un modo de hacer historia que cuestione permanentemente sus supuestos. Para él, la única manera de que la historia pueda ser útil "es ofrecer frutos que no hayan sido condicionados y deformados por intereses políticos" . Chiaramonte no es sólo un teórico ni habita un limbo platónico. Su refutación, con autonomía intelectual y datos, de la historia oficial sobre la Vuelta de Obligado resulta ejemplar". La postura de este prestigioso historiador tampoco es inocente y responde a una lógica de interpretar la historia que proviene de un paradigma, de una escuela historiográfica: La Historia Social, que se mantuvo hegemónicamente hasta principios del 2000 y tuvo su esplendor durante los noventas (hace unos meses publicaba desde este blog el proyecto social de sus principales referentes y por qué son enemigos acérrimos del kirchnerismo y de todo aquello que tenga tufillo a peroncho). La otra cuestión que tampoco se puede establecer de una manera unívoca es el rol del intelectual, (discusión también bastante vieja), lo que sí vamos a destacar de una forma más ilustrativa cual es la función de los historiadores ante la sociedad para Chiaramonte, que el canonizado Tulio Halperín Donghi lo explicaba claramente en una charla de principios de este siglo: lo que los diferencia ante lo que ellos llaman "la historia militante", es decir la diferencia que tienen ante el neorrevisionismo y la Izquierda Nacional es que la Historia social no hace Historia para transformar la realidad sino para comprenderla. Más claro, imposible: manifiesta un posicionamiento de legitimar la realidad, statu quo brutal. Aparte otra cosa, ¿solamente la clase política deforma la Historia supuestamente para defender sus intereses? ¿No estaría bueno que Fidanza recorra alguna librería y se ponga a leer los últimos trabajos de Luis Alberto Romero y Marcos Novaro para ver si es una tendencia unicamente de la clase política? En sintesis, creo que en tiempos de transformación y de discusión política, ninguna de las instituciones y los poderes, como asi tambien el rol de los intelectuales pueden poseer una lógica única porque lo que se pone en tela de juicio es parte de la herencia de un modelo, y nadie puede colgarse de las barbas de Platón para hacerse, filosóficamente hablando, el pelotudo.

Http://www.lanacion.com.ar/1594386-en-defensa-del-juez-y-del-historiador


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Autor:
Mundotario (739 noticias)
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mundotario.blogspot.com
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