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Decisiones que determinan su éxito o fracaso

22/07/2010 18:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

De nuestras decisiones--erradas o acertadas--depende si tendremos éxito o transitaremos por el camino del fracaso

Decisiones que determinan su éxito o fracaso

Fernando Alexis Jiménez

Salió airado con su esposa. Había tenido una discusión comenzando la mañana. No esperaba que fuera así. Todo por una trivialidad: lo caliente que estaba el café en el desayuno. “¿No pudiste siquiera ponerlo a enfriar? Por si acaso, digo.”

Esas pocas palabras, diez para ser más exactos, desencadenaron una tremenda discusión. Jamás imaginó que pasaría. Y Ricardo, presa de la ira, tomó una maleta, empacó sus pertenencias y ahí estaba, en el carro, sin rumbo fijo. Estaba arrepentido. Su decisión había sido totalmente equivocada…

En otro lugar, distante de allí, Raúl se tomaba la cabeza entre las manos, con lágrimas de rabia surcando su rostro. En medio de un rapto de ira tras discutir con su jefe inmediato, había decidido renunciar. El hombre—también dominado por la rabia—recibió la carta y le dijo: “Listo. Te vas de la empresa. Pasa por la oficina de administración a recibir tu liquidación”. Ahora enfrentaba la dolorosa situación de tener que buscar un nuevo empleo.

Decisiones. ¿Ha pensado en cuantos errores hemos incurrido por tomar malas decisiones? Decidir juega un papel importante en nuestra existencia.

Las decisiones son determinantes

Nuestras decisiones determinan la victoria o el fracaso. Es un principio que aplica a nuestra vida personal como espiritual.

Recuerdo la historia de una joven con cuatro meses de embarazo. Estaba arrepentida de su situación. “No puedo hacer nada porque abortar sería ir contra los principios que he aprendido desde niña”, explicó.

Cursaba tercer semestre de ingeniería civil en la universidad. De lo que se arrepentía Marcela era de la decisión que tomó al ceder a un deseo—natural—pero de la carne al fin, y que concluyó con una noche de pasión y el hijo que venía en camino.

Si tan solo hubiese pensado antes de actuar—se lamentó--, ahora no estaría en esta situación”.

Alrededor de la cruz de Cristo nuestro amado Salvador, hay cuatro escenas que comparto con usted, porque arrojan principios que son esenciales en la meta de seguir el camino apropiado al decidir algo. En todo momento, y es el primer consejo que le doy, es clave que usted pida la dirección a Dios (Cf. Salmo 37:5)

1. La decisión de arrepentirse y emprender el cambio

El problema no está en fallar porque todos los seres humanos de una u otra manera erramos. El meollo del asunto está en no arrepentirnos y seguir por el mismo sendero de equivocación.

Veamos el primer caso, el del impulsivo apóstol Pedro. Siguió al Señor Jesús en el camino al juicio. “Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio, y una criada se le acercó. —Tú también estabas con Jesús de Galilea —le dijo. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: —No sé de qué estás hablando. Luego salió a la puerta, donde otra criada lo vio y dijo a los que estaban allí: —Éste estaba con Jesús de Nazaret. Él lo volvió a negar, jurándoles: — ¡A ese hombre ni lo conozco! Poco después se acercaron a Pedro los que estaban allí y le dijeron: —Seguro que eres uno de ellos; se te nota por tu acento. Y comenzó a echarse maldiciones, y les juró: — ¡A ese hombre ni lo conozco! En ese instante cantó un gallo. Entonces Pedro se acordó de lo que Jesús había dicho: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.»”(Mateo 26:69-75 a. Nueva Versión Internacional)

La primera decisión, fue desacertada. Negó a su maestro. Muy similar a lo que pudo ocurrirnos alguna vez o quizá en el momento en que está leyendo este mensaje. Ha fallado. Pero a algo malo, puede seguir algo positivo, si se arrepiente, reconoce su error y se decide por el cambio.

Después de errar, Pedro se arrepintió. Identificó que había cometido un error al traicionar a Su Señor, y reorientó su camino. La Biblia nos indica que Pedro: “Y saliendo de allí, lloró amargamente.”(Mateo 26:75 b. Nueva Versión Internacional)

¿Ha fallado? Si reconoce su caída, cualquiera que sea, debe añadir algo más: arrepentirse y cambiar. Sólo cuando damos estos dos pasos, todo comienza a ser diferente, con ayuda de Dios.

2. La decisión de renunciar a todo y darse por vencido

Una joven esposa, Verónica, me escribió desde República Dominicana. Había decidido separarse de su marido. “No lo soporto más. He intentado todo, pero nada resulta.”, decía. ¿Sabe cuál fue mi respuesta? No renuncie. Siga dando la batalla, pero no en sus fuerzas sino en oración, para recibir el poder de lo alto.

Con frecuencia y ante situaciones de crisis, optamos por echar todo por la borda. No razonamos, simplemente nos dejamos arrastrar por las emociones. ¿A qué conduce esta inclinación? Al fracaso.

Le invito para que me acompañe a ver a Judas. Acaba de reconocer su error por entregar al Señor Jesús. Está arrepentido. Y lo vemos ante el concilio de ancianos en Jerusalén. Su rostro está desencajado. Sufre. Sus ojos revelan angustia: “Muy de mañana, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron la decisión de condenar a muerte a Jesús. Lo ataron, se lo llevaron y se lo entregaron a Pilato, el gobernador. Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos.—He pecado —les dijo— porque he entregado sangre inocente.—¿Y eso a nosotros qué nos importa? —respondieron—. ¡Allá tú!. ”(Mateo 27:1-4. Nueva Versión Internacional)

La decisión de arrepentirse fue apropiada, oportuna, la mejor. Sin embargo acompañó su primer paso, con uno segundo que lo condujo a la perdición: “Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó.”(Mateo 27:5. Nueva Versión Internacional)

¿Qué tipo de decisiones toma usted?

Las circunstancias no pueden gobernarnos. Si estamos en medio de la crisis, quizá presos de la desesperación, es fundamental que doblemos rodilla en oración delante de nuestro amado Padre celestial. Los cristianos no renuncian porque comprenden que renunciar es la palabra preferida de los fracasados, y recuérdelo: usted y yo fuimos concebidos para vencer.

3. La decisión de reconocer el error y aceptar el perdón de Dios

Pienso en Ana Milena. Una mujer dinámica, entusiasta, con muchas ideas. Pese a ello entra en constantes depresiones. ¿La razón? No habían transcurrido dos años después de su matrimonio, cuando cayó en adulterio. Tenía entonces veintiséis años y creyó que era la forma de vengarse de su marido, que caía en constantes aventuras fuera del hogar. Pasados treinta y dos años, a pesar de ser una cristiana fiel y consagrada a su hogar, no se había perdonado.

Lo invito nuevamente a la escena del Señor Jesús en la cruz. Dos hombres están junto a él sufriendo el martirio. Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo: — ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”(Lucas 23:39. Nueva Versión Internacional)

Una decisión errada, sin duda. Tuvo la oportunidad de haber alcanzado la eternidad con Dios, pero la desechó. Se dejó arrastrar por las emociones, la incredulidad y –en cierta medida—por la autosuficiencia.

No obstante, el otro reo actuó diferente: Pero el otro criminal lo reprendió: — ¿Ni siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres la misma condena? En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos; éste, en cambio, no ha hecho nada malo. Luego dijo: —Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso —le contestó Jesús. .”(Lucas 23.40-43. Nueva Versión Internacional)

No importa cuán malo haya sido este hombre: reconoció su error, pidió perdón a Dios mismo quien en Jesús estaba compartiendo el sufrimiento por los pecados de la humanidad, y aseguró la eternidad en Él. Recibir perdón de Dios y perdonarnos a nosotros mismos. Dos pasos fundamentales que acompañan la mentalidad de un triunfador.

4. La decisión de rendirse a la voluntad de Dios

Cambiar en nuestras fuerzas no es posible, pero sí con el poder de Dios. Lo peor que podemos hacer es resistirnos al obrar de Dios. Aceptarlo, por el contrario, es un cimiento para el éxito y la realización personal y espiritual.

Han transcurrido algunos meses desde la muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesús. Y vemos a Saulo de Tarso—posteriormente conocido como Pablo—camino de una ciudad cercana para proseguir la persecución contra los cristianos: “Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas de extradición para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y llevarse presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran hombres o mujeres. En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: — Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ” (Hechos 9:1-4. Nueva Versión Internacional)

¿Está cansado de una vida de fracaso que cada vez se torna más caótica? No siga luchando contra Dios. Él tiene para usted y para mi, mis planes maravillosos. Resta que nos rindamos a Él y le permitamos obrar poderosamente en nuestro ser.

La mejor determinación en toda la vida de Saulo (Pablo) fue permitirle a Dios que obrara en todo su ser: “— ¿Quién eres, Señor? —preguntó. —Yo soy Jesús, a quien tú persigues —le contestó la voz—. Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.”(Hechos 9:5, 6. Nueva Versión Internacional)

Puedo asegurarle que su vida puede ser diferente, si tan solo le da una oportunidad a Dios. Él espera a la puerta y le llama, como dice el libro de Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.”(Apocalipsis 3.20)

No puede dejar pasar la oportunidad de recibir hoy a Jesucristo en su corazón.

Decídase hoy por el Señor Jesús

La mejor decisión de todo ser humano que se apresta a librar la lucha contra Satanás es recibir a Jesucristo en el corazón. Es muy fácil. Basta que le diga: “Señor Jesús, te recibo en el corazón como mi único y suficiente Salvador. Gracias por morir en la cruz por mis pecados, perdonarme y abrirme las puertas a una nueva vida. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si hizo esta oración, tengo tres recomendaciones para usted:

1. lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que aprenderá principios que le llevarán al crecimiento personal y espiritual.

2. Ore cada día. Orar es hablar con Dios. Desarrollar intimidad con el Señor. Y quien está de la mano de Dios, mantiene a raya a Satanás.

3. Comience a congregarse. Lo más apropiado es reunirse con otros creyentes.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme ahora mismo a pastorfernandoalexis@hotmail.com o bien, llamando al (0057)317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez


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Autor:
Fernando Alexis Jiménez (59 noticias)
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