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De política y democracia

20/05/2011 14:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

He dudado bastante a la hora de publicar este pequeño post. Finalmente, me han animado a ello, pero he de avisar desde ahora que esta minúscula reflexión política seguramente sea demasiado ingenua, así que las risas serán bienvenidas.

Viendo lo que está sucediendo en Madrid y en otras ciudades de España estos días, y conociendo personalmente a muchas de las personas que han decidido participar activamente en las concentraciones, sólo quiero enviar mi ánimo porque sé que, en gran mayoría, apuestan por un cambio real. Por desgracia, me parece que las estructuras políticas actuales de este país son dinosaurios muy complicados de manejar y no creo que vayan a cambiar mucho en un futuro cercano.

Lo que deseo describir aquí, en forma de ingenua ensoñación, es lo que yo entiendo por democracia real o, al menos, lo que me gustaría que llegara a ser. Antes de eso creo que debo comentar una serie de antecedentes personales. Por suerte, aunque creo más bien que por desgracia, he tenido la oportunidad de participar en diversas elecciones y campañas electorales "desde dentro", no como candidato sino como asesor para diversos partidos a la hora de elaborar documentos, diseños y hasta estrategias de campaña. De no haber tenido ese tipo de experiencias, y otras igualmente decepcionantes viendo la política profesional desde dentro, puede que todavía pensara que se puede "regenerar" el panorama político nacional. Una pena, no lo veo posible, al menos salvo que suceda algo nunca visto todavía en la historia.

De esas experiencias he aprendido que, lo que por fuera parecen "colores" o "tendencias" políticas, suelen ser poco más que caretas que ocultan una profesionalidad asombrosa, un saber hacer como políticos que viven y piensan como tales prácticamente todo el día. Me refiero a que, por una parte y de cara a su electorado, se dice una cosa que suele ser bastante diferente a lo que se comenta en comités y reuniones de partido. Cuando lo ves en persona te quedas alelado, no porque no lo esperes, sino por la espontaneidad con la que lo hacen y lo viven.

Más doloroso, si cabe, fue comprobar que aunque la mayor parte de los políticos con los que me crucé, de ambos "lados", mostraban un espíritu noble de ayuda, pasión por su trabajo e ideas interesantes, cuando llegaba la hora de convertir esa pasión en acciones concretas se veían arrastrados por una especie de marasmo extraño, un sentido de inevitabilidad que les llevaba a aceptar la mediocridad y la conformidad como males menores a la hora de llevar a cabo su gestión política. Pude comprobar, con más dolor todavía, cómo personas idealistas y con enormes ganas de cambiar las cosas, sobre todo de cierto "lado" político, una vez que entraban en contacto con la política real, o más bien con la maquinaria política y económica, tornaban en personas irreconocibles y grises, por no decir algo más fuerte, cayendo de pleno en todo aquello que pocos meses antes criticaban con fuerza.

Y, después de ver todo eso repetido hasta el aburrimiento, tras comprobar que nada es lo que parecía, aunque el sentido común ya me avisaba que la realidad era como suponía, no debe extrañar que con el paso del tiempo la política me haya ido aburriendo hasta el límite del tedio. Para colmo, cuando compruebas que una mayoría sorprendente de personas vota por "inercia de color", sin siquiera molestarse en leer los programas de aquellos a quienes votan (no se supone que los vayan a cumplir, pero al menos leerlos con calma demostraría interés real por el proceso electoral), se cierra el círculo y decides pasar del asunto por gracia del pesimismo más absoluto. Y, en eso estaba cuando surgió lo de Madrid. No tengo ni idea de si llevará a un cambio de algún tipo, pero será apasionante ver en qué acaba este nuevo "idealismo", que espero, y deseo, no termine como todos los anteriores, apoltronados y grises.

Comentados los antecedentes, y sin entrar en detalles filosóficos sobre lo que la democracia es, fue o pueda llegar a ser, he de decir que siempre me ha llamado la atención lo cómodo del sistema actual. Sí, se luchó mucho por llegar hasta aquí, pero eso no limita que, en realidad, quede mucho camino por recorrer hacia un mejor sistema y maquinaria política. Los siglos venideros dirán si volvemos a caer en el caos totalitario del siglo XX o realmente hemos aprendido algo de la historia.

Decía lo de cómodo porque entre una política "profesional" y una gran manada de votantes conformistas, el modelo de los cuatro años de dejar hacer me parece de lo más ineficaz. Veamos, dejamos nuestras vidas en manos de técnicos políticos profesionales que son elegidos para que hagan y deshagan a su antojo, en nuestro nombre, por cierto período de tiempo. Y ya está, ahí acaba la democracia, sencillamente consiste en delegar el poder del pueblo en lo que decide un grupo de burócratas más o menos bien intencionados. ¿Y no hay más? Pues no, así de negro lo veo, porque la alternativa real que yo desearía ver es tan radicalmente diferente que dudo que se lleve a la práctica. La idea es tan sencilla como utópica, y a buen seguro se ha debatido ya una y mil veces. No tiene sentido votar a un representante, lo que hay que votar son las iniciativas individualmente, y punto final. No tiene por qué haber un gobierno que durante cuatro años haga lo que, según su ideario político, desee realizar. Nada de eso, lo que una democracia real debiera ser, a mi entender, es una implicación directa de todas las personas que forman una sociedad. Por supuesto, la separación de poderes debiera ser absoluta, pero eso también es soñar en el actual estado de las cosas.

¿Cómo armar algo así? La tecnología actual facilita las cosas pero, eso sí, requeriría que las personas se implicaran de verdad y leyeran las propuestas a la hora de elegir con cabeza, y eso no es cómodo porque una gran mayoría prefiere no pensar y se conforma con delegar. Así, en vez de elegir a un representante o un gobierno, esa democracia ideal (y utópica, claro está) partiría de propuestas que cualquier partido, asociación e incluso particulares pudieran presentar (guardando ciertas normas y formalidades), no ya en un periodo de cuatro años, sino continuamente. Esas propuestas serían votadas de forma directa por la población, siendo aceptadas, o no. Y no hay más, porque sigo sin ver sentido a que un partido tal o cual sea el que durante cuatro años decida qué se puede hacer y qué no, mientras propuestas válidas e interesantes de otros partidos, grupos, asociaciones y similares, podrían ser elegidas igualmente. En definitiva, una democracia continua, sin elección de representantes sino de proyectos. Así de sencillo e imposible. Ahora, por supuesto, se admiten burlas y risas ante tanta ingenuidad. ;-)


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
alpoma.net
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3831
Tipo:
Reportaje
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