De montañas y hombres
Las carreras de montaña se han convertido en una excusa para que los lugareños se calzacen unas zapatillas y salgan a recorrer los caminos que transitaban sus mayores para realizar el pastoreo, las labores agrícolas y la recolección de plantas y setas silvestres. Caminos que unían poblaciones más o menos habitadas con los molinos, masías, pedanías, cañadas, etc..., y que ahora se recuperan para que unos cuantos locos de la montaña salgamos a pasear y a correr por ellas, dando vida e importancia a nuestros queridos montes y montañas, esos paisajes que siempre tienen el don de sobrecogernos y que son testimonio del paso de nuestras vidas. A su abrigo crecemos y las vemos en el horizonte; altivas e imponentes. Gracias a este deporte ya no son inalcanzables o tareas vacias y absurdas. Todo vuelve a tener sentido cuando descubres la importancia de llegar a la cima, de llegar a meta, demostrarte que has dominado a la montaña durante un efímero instante, que puedes con todo, que tienes el mundo a tus pies y que el horizonte es lo único que importa. En ese preciso instante disfrutas, ves, sientes el aire fresco en la cara, hueles el mundo, tomas consciencia del suelo que pisas y sientes que formas parte de la montaña, que eres piedra, polvo, tierra, árbol, musgo y resina. Descubres matices y sensaciones que te hacen sentir la vida en cada poro de tu piel.
Correr te hace mejor persona, descubres los límites y las posibilidades de tu cuerpo, te hace humilde en extremo y espartano por necesidad.
Los caminos son infinitos, y las formas de recorrerlos también. Un mismo camino recorrido en dias o estaciones diferentes te depara sorpresas y sensaciones distintas. A veces ocurre que quedas tan impactado por la belleza de un lugar que sueñas con él y cuando vuelves todavía es más bello de lo que recordabas. A veces ocurre que tus piernas vuelan y en cambio otro día estás tan cansado que crees que tus pies se los está tragando la tierra mientras luchas por dar una zancada más que te lleve a otra y a otra...
Correr es correr, da igual hacerlo por un parque, por la calle, en pista, o en un polideportivo, las sensaciones son similares, pero si pruebas hacerlo de vez en cuando por el monte tu vida cambiará para siempre, la montaña te atrapará y ya nunca pensarás lo mismo al ponerte unas zapatillas, pensarás, ¿dónde me llevarán hoy?.
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Autor: Mis Zapatillas Ven Amanecer (20 noticias)
Fuente: miszapatillasvenamanecer.blogspot.com
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