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De la Vagina

16/11/2010 23:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

DIcen que es nocivo para los ojos, cuenta Nefzawi en El Jardín Perfumado, contemplar el interior de una vagina. Asegura que un califa de Damasco llamado Hassan ben Isa, tenía la costumbre de examinar las interioridades vaginales de sus mujeres. Cuando le advirtieron que esto podría ser peligroso, respondió ¿Existe acaso mayor delicia que ésta? No tardó mucho en volverse ciego. ¿Me pregunto si quedó ciego o desde entonces comenzó a ver otras realidades desconocidas para los hombres? Lo cierto es que la vagina se transformó en un espacio donde se construyó toda una mitología que acrecentaba los ya enormes misterios que escondía bajo su piel la mujer.

El Don Juan de Apollinaire no logra escaparse del deseo de saber, de conocer lo que las mujeres llevaban bajo las faldas, qué era tan precioso que se creían obligadas a mantenerlo tan cuidadosamente escondido. El joven Don Juan tiene la oportunidad de develar el misterio. En una ocasión presenció el traspié de su hermana y ella, abierta en el suelo, le sirve de primer contacto con una vagina y la describe como la raja de un albaricoque. Y es entonces cuando se opera la maldición de la cual habla Nefzawi: "Mis ojos no podían desviarse de su desnudez. Veía, en el lugar donde su vientre se unía a sus muslos, una protuberancia extraña, una gran mota en forma triangular sobre la cual se veían algunos pelos rubios. Casi en el punto en que los muslos se unían, la mota era compartida por una gruesa raja de cerca de tres centímetros y dos labios que se abrían a derecha e izquierda de la raja [...] durante ese momento, yo había podido ver la carne roja del interior; mientras que el resto de su cuerpo era de un color lechoso. Hay que exceptuar, sin embargo, la entrepierna, que, cerca de los labios, era un poco roja. Pero esa ligera rojez procedía, sin duda, del sudor o de los meados". En los Relatos Inconfesables de un Monje, su autor, Gervaise de Latouche, se pierde entre la ranura vaginal de una mujer que, haciéndose la dormida, permite que le devoren el sexo con los ojos: "Le separé las piernas y observé el lugar encantador con agrado; esos preparativos del placer son más picantes que el placer mismo; ¿Es posible imaginar algo más delicioso que tocar, que poder mirar a una mujer entregada a todas las posturas que vuestra lubricidad pueda inventar?" Algo más sabroso cuenta el pintor francés Francis Picabia: "Nuestro falo debería tener ojos, gracias a ellos podríamos creer un instante que hemos visto el amor de cerca".

Efectivamente, contemplar la vagina es quedar ciego, pero al mismo tiempo es abrir los ojos a otras dimensiones que se creían inexistentes. Cuando contemplo tu sexo puedo ver más allá de mi mismo. Me descubro entre las paredes cilíndricas donde se congrega la sangre para recibirme. Cuando me debato en la lubricidad de tu breve abertura rosada siento cómo las horas se vacían y las sombras van poblándose de cuerpos que saben a sangre, a sudor, a semen y terminan arrojados, condenados a una desnudez infinita, entre los terribles laberintos de una página en blanco. Dentro de tu coño, no sólo vislumbro de cerca al amor, sino que puedo ver a Anaïs Nin sosteniendo con una mano un espejo que acomoda entre sus piernas y con la otra escribe: "El espectáculo es un hechizo. La piel no tiene defecto alguno, y los labios son rosados y llenos. Pensé en la hoja de caucho de la que brota una leche cuando se la presiona con los dedos, una secreción de olor particular, como la de las conchas. Por ello Venus había nacido del mar llevando en ella ese pequeño núcleo de miel salada que sólo las caricias podían extraer desde las ocultas profundidades del cuerpo". Cuando meto mis ojos entre tu cósmica ranura soy Franz von Bayros dibujando Las Grenouillère, representando a dos lascivas ninfas observando con un espejo los recovecos de sus coños sabrosos.

Tu vagina se abre a mí como tierra hospitalaria. Como ventana por donde entra el desvelo y abre las parcelas de los delirios más escandalosos. Tu vagina me recibe llena de furias marinas y permite que arañe la sombra nefasta de los planetas que se arrojan en órbitas desesperadas por mis venas. Tu vagina, ese corazón carnal que palpita labios de tierra negra, es la misma vagina que Israel Centeno describe como reducto de las criaturas de la noche, caverna oscura, gruta del averno donde son devorados los hombres cuando pretenden hurgar las carnes del placer. Tu sexo, tu vagina donde los porvenires no son más que extractos de memorias vacías, es selva donde nadie se salva del pecado. Tu vagina es espacio donde arde la doble llama. Origen del mundo. Tierra vaporosa donde reina Sheela-Na-Gig. Tierra donde sacude sudores Ikuina. La tierra erótica de André Masson. Tu vagina es la puerta al embrujo. El jardín perfumado a playa solitaria. Es, como pensó Pierre de Ronsard, una fisura rosácea que resplandece vivaz entre tus muslos. Pequeña abertura que hace de mi vida plenamente gozosa. Pequeño agujero, agujero vicioso que somete a tu placer al más rebelde. Todos los amantes de la mujer deberían venir aquí, entre tus piernas, a honrarte de rodillas, a adorarte con una vela encendida en la mano.


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Bitacoradelabismo (31 noticias)
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bitacoradelabismo.blogspot.com
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