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De la homosexualidad

14/06/2011 01:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nuevo texto de Verónica Pinciotti: De la homosexualidad. Lee completo en el enlace:http://www.whiskyenlasrocas.com/2011/05/de-la-homosexualidad.html

Nuevo texto de Verónica Pinciotti: De la homosexualidad. Lee completo en el enlace:http://www.whiskyenlasrocas.com/2011/05/de-la-homosexualidad.html

¿Estás a favor o en contra de la homosexualidad?, me preguntó Norma directo y tajante. Carajo le dije, si lo planteas así, con el pesar de todo tu maniqueísmo, debo confesar que… Los ojos de Norma no dejaban de mirar directo a los ojos míos. Esperaba la respuesta, y esperaba echarme con una reprimenda por no entregarme al movimiento gay que Norma lideraba. Estábamos sentadas a la mesa de un bar gay en la Zona Rosa, ella frente a mí, y a mi lado, Allen y Petrozza. Norma era la nueva amiga de Allen, y hubiese sido mi nueva amiga también de no ser por ese carácter suyo del infierno. Allen era unan niña de dieciséis años que tomé como mi protegida. Me gustaba pensarlo así: mí protegida Allen. Lo que quiero decir es que la pobre de Allen acudió a mí porque no tenía salida. Allen era la sobrina de una de mis mejores amigas, y por supuesto que había acudido al auxilio de su tía, pero ésta, no siendo más que una mujer de compras y de cenas, ¿qué iba a decir al respecto? Allen se planta frente a su tía y le dice: me han echado de casa. ¿Por qué, Allen, querida?, pregunta la tía mientras se unta maquillaje y Allen contesta, sonrojada: por que descubrí que soy homosexual. No se sabe qué grito llegó más lejos, si el de los padres de Allen, que gritaron juntos, o el de la tía, que aunque sola, se escandalizó por toda la comunidad homofóbica. La tía de Allen no quiso saber más al respecto y encontrándose en tan terrible infortunio (así lo pensó) llamó aVerónica Pinciotti, que soy yo, su mejor amiga y cómplice de correrías. Pinciotti, me dijo, no sé qué hacer, tengo una emergencia. ¿Qué emergencia?, pregunté alarmada y me lo contó. Allen acudió a la tía con la intención de pedir asilo. Pero la tía no podía, te juro que no es que no quiera, es que NO PUEDO, decía, hospedarla en su casa. Vamos le dije, es una niña de dieciséis años desamparada y confundida, ¡y además es tu sobrina!, ¿por qué no puedes? No sé me dijo, ahora que sabe que es homosexual, temo cómo pueda reaccionar en las noches… ya sabes… los homosexuales y sus mañanas. ¡Maldita sea!, le grité, ¿cómo puedes ser tan pendeja? Y sí, tuve que perder a una amiga. Le dije a la tía de Allen que la trajera a mi casa y que yo me encargaría. Ni eso quiso hacer la muy imbécil. Tuve que ir yo a recoger a la sobrina. Cuando Allen me miró se le salieron las lágrimas. Me llamo Verónica le dije, no te preocupes, ya veremos cómo arreglamos el asunto. De momento me apetece comer, ¿te apetece comer? Asintió con la cabeza, tímida, y la llevé a por una hamburguesa. No hay quien se resista a una deliciosa hamburguesa, le dije y Allen estuvo de acuerdo conmigo. Estuvo de acuerdo con una hermosa sonrisa. Me despedí de la tía de Allen y le dije que podía irse al carajo, que por gente como ella el mundo era una mierda. No lo entendió. A la fecha me recrimina ser una bestia.

Al llegar a casa la senté en el jardín y le pedí que me contara el rollo de su vida. Era una chica tímida y no le saqué gran cosa. Me contó lo elemental: los padres de Allen se enteraron de la homosexualidad de su hija porque ella misma, Allen, se los comunicó. Aunque a decir verdad, ya se lo sospechaban los padres. ¿No crees que sales mucho con esa amiga tuya, Sandra?, solía decirle la madre. Y sí, Sandra era la novia de Allen. Así que un día Allen se envalentonó e hizo frente a las indirectas de la madre. Por la tarde, a la cena, lo soltó como quien no pudiendo más con el pesar de su conciencia, escupe la verdad que le atormenta: soy gay, dijo. No tuvo la delicadeza de echar antes de la piedra, el proemio que calmara la ira descomunal que detonaría la verdad. Ambos, el padre y la madre, no lo pensaron dos veces. La echaron de casa sin darle oportunidad de nada más. Aquella noche la pasó en casa de su novia Sandra pero a la mañana siguiente Sandra le dijo: será mejor que te vayas, tu madre a hablado con la mía y ya lo sabe todo. No podremos vernos en tiempo indefinido. Allen abrazó a Sandra, la besó con la pasión de un amor desesperado de dieciséis años y se despidió de ella con lágrimas en la cara. Caminó a la estación de Metro más cercana y desde allí llamó a la tía. Luego de la tía entro yo y allí acaba la historia de Allen. Allí acaba su vida en familia, el futuro de sus estudios y su inocencia. Y allí comienza la historia que deseo contar:

¿Y esa quién es?, me dijo el Sr. Pinciotti cuando la miró. Pasó junto a mí por el comedor y Allen miraba por la ventana. Es la sobrina de X., le dije, se quedará unos días en casa. No tiene a dónde ir. ¿Y por qué no tiene a dónde ir?, preguntó mi padre y cuando se lo dije, ¡maldición!, otro que pega el grito en el cielo. Me tomó del brazo y me llevó aparte, donde Allen no pudiera escucharnos y dijo: ¡no me vayas a salir con que ahora eres gay! El Sr. Pinciotti ya podía esperar cualquier cosa de mí. Sabía la clase de hija que tenía, cínica y desinhibida, pero esta vez iba demasiado lejos. ¡Qué diablos, no!, exclamé, estoy amparando a un alma desfavorecida, eso es todo. Ajá, onomatopeyó el Sr. Pinciotti asintiendo con la cabeza, aunque queriendo decir no, no me lo creo del todo, y se largó. El asunto no llegó a mayores.

¿Estás a favor o en contra de la homosexualidad?

Me di cuenta de la gravedad de las cosas cuando al tercer día de la estancia de Allen en mi casa, lo noté: llevaba la misma ropa. Aquí comenzó nuestra verdadera amistad. Hasta ese momento Allen no me dirigía la palabra a excepción de las ocasiones que lo hacía yo primero a ella. Se limitaba a responder a mis preguntas y se lo pasaba sumergida en un estado de depresión o ensimismamiento. La llevé de compras y le demostré que mi indiferencia a su preferencia sexual era verdadera. Con el tiempo comenzó a tomarme cariño, y viceversa.

2

Cuatro fines de semana seguidos llevé a Allen a los sitios de mi elección, o de la elección de mis amigos, y se comportó siempre como un alma agradecida. No refunfuñaba ni se quejaba de nada, y sobre todo, no opinaba ni proponía nada. Esto último comenzó a preocuparme. Le pregunté por qué nunca comentaba nada al respecto de las pláticas de mis amigos. Por qué no se integraba, o porque no simplemente nos mandaba al carajo y se iba por ahí a pasear a sus anchas. No tienes que estar todo el tiempo conmigo, le dije. Pero Allen no tenía amigos. Todo el tiempo que no decía nada se lo pasaba pensando en Sandra. Hasta ahora no se había atrevido a llamarla, no queriendo agravar la situación. Tuve que distraerla un poco. Comenzamos a salir ella y yo, sólo ella y yo, y le propuse visitar laZona Rosa porque allí hay muchos como… Allí podemos hacer amigos, le dije. Increíblemente Allen jamás había pisado aquella zona. Y si lo había hecho no había sido en plan gay. Allen, dejando a un lado la homosexualidad, era tímida por naturaleza y Sandra era todo su mundo. Cosa un poco exagerada pues apenas duraron un par de meses. No tenía otro amigo en el mundo que la entendiera. Durante la vida en colegio, me contó frente a una cerveza, su primera cerveza en la vida, jamás logró amistarse con nadie. Allen era una chica bonita pero siempre se supo diferente. Y a los doce años descubrió el porqué. Pasó cuatro años enteros sin decírselo a nadie. A absolutamente nadie. Pasó cuatro años enteros relegada en su ser. Tenía un secreto que no podía compartir y eso la llevó a la introversión. Miraba a las chicas del aula, a las chicas bellas de aula, y sentía por ellas una admiración que rayaba en el deseo. Pero ella misma se guardó de expresar sus sentimientos. ¿Por qué? La familia de Allen era una familia conservadora que todo el tiempo (o así lo recuerda Allen) se lo pasaba diciendo (y es que se puso de moda) que a los ojos de Dios el ser homosexual es un ser despreciable. La madre lo decía como adivinando el futuro de su hija. Es decir, no tenía porqué repetirlo tanto. Y de tanto que lo hizo, le salió el tiro por la culata...

Nuevo texto de Verónica Pinciotti: De la homosexualidad. Lee completo en el enlace:http://www.whiskyenlasrocas.com/2011/05/de-la-homosexualidad.html


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Petrozza (330 noticias)
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