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Los cuervos asaltan las calles de Tokio y otras urbes y siembran el temor

17/12/2010 12:55 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es difícil saber si es ficción, cine de terror de Hitchcock o realidad. La prensa internacional apenas habla de ello pero aquí están las imágenes, las cifras y el miedo de sus habitantes

En los últimos años ha habido un aumento de la contaminación debido a la proliferación desenfrenada de los cuervos en muchas partes de Japón, sobre todo Tokio y otras grandes ciudades. ¿Qué podría ser más desagradable que el sonido de sus alas y graznidos?. Y eso no es todo, esas aves atacan también con el pico a los animales domésticos e incluso a los seres humanos.

Un censo realizado por el Metropolitano de Tokio ya contaba con cerca de 7.000 cuervos en la ciudad en 1985. Desde entonces el número se ha multiplicado para llegar en 2001, casi a 36.500 aves negras.

La proliferación de los cuervos está estrechamente relacionada con los problemas de la basura. En 1994, en respuesta a los problemas de eliminación de residuos, el municipio tuvo que sustituir las bolsas de basura de plástico negro que se utilizaban hasta entonces, por las bolsas de carbonato de calcio, de combustible. Exactamente al mismo tiempo, comenzó a observarse un aumento en el número de cuervos. De hecho, estas nuevas bolsas translúcidas para ver su contenido, se convirtió en el blanco de los cuervos ya que podían ver la comida.

En 2001, el Gobierno Metropolitano de Tokio armó un equipo para manejar el problema y puso en marcha una campaña masiva para erradicar las molestias causadas por los cuervos. Actualmente la campaña se centra en dos frentes: en primer lugar mediante el ajuste fijo de todos los puntos de recogida que esta se lleva a cabo por la noche. También está el factor de la caza de cuervos.

Se dan casos como que los cuervos encuentran en los postes de electricidad su nido ideal. Además, los cuervos se han arrogado el derecho de inspeccionar la basura en las grandes ciudades japonesas.

Hiromi Iwasaki, del Departamento de Medio Ambiente de Tokio se ha expresado sobre esta situación en estos términos: "Al impedir que los cuervos tomen su comida de la basura, esperamos ser capaces de reducir su número. Eso era un riesgo de que emigraran a otras áreas para alimentarse de animales pequeños para compensar la falta de alimentación. Por eso, nos hemos visto obligados a capturarlos con el fin de reducir su número”.

Un estudio llevado a cabo a finales de 2007, informó de una reducción de 1.100 aves respecto al año anterior, con lo que el número era de 35.400 cuervos. Pero esto todavía está lejos de la cifra ideal de 7.000 consideradas por el municipio. En las campañas contra los cuervos también hubo “buenos tiempos”.

"La proliferación de cuervos está cambiando el ecosistema local, ya que ha eliminado otras especies simpáticas como la golondrina y la reinita. Estos son nuestros propios errores que pagamos hoy”.

Hoy día, se habla mucho de las molestias que causan los cuervos, pero podría ser, sin embargo, que las verdaderas víctimas no sean las que la mayoría de la gente cree.

Si estuviera presente Alfred Hitchcock, este sería el guion de la segunda parte de “Los pájaros”

Los villanos de la historia son cuervos del campo –grandes criaturas negras de pico obscuro, intimidatorio, garras de pájaro de presa, y un graznido que recuerda a las gaviotas, aunque claramente identificable…

Alrededor de unos 34.500 de esos pájaros que provienen de distintos lugares de Asia, se han establecido en Tokio. Este número triplica a los ya existentes hace 15 años en este lugar. Hasta hace poco sólo suponían una molestia, cacareos como de borrachos justo antes del alba en algunos árboles de Tokio. Mantenían su orgía torturante para nuestros oídos entre las basuras apiladas en las calles de la urbe.

Pero estos cínicos animales, que miden alrededor de 60 centímetros del pico a la cola y una envergadura de un metro aproximadamente, han pasado al ataque. La Asociación Japonesa de Pájaros Salvajes advirtió hace años que no se dejara a los niños sin atención en las terrazas o en los pequeños patios traseros -tan japoneses- y había una buena razón para ello.

La pequeña Kimiko Enamoto, de tres años, estaba con su madre Yuko, en un parque de la ciudad cuando cinco cuervos se precipitaron sobre ellas. En cuanto la niña corrió, los cuervos la atacaron por la espalda y picotearon su cabeza. Su madre lanzó una de sus sandalias contra los pájaros y se apresuró a llevar a la pequeña, que sangraba, al doctor.

Kimiko pudo escapar con tan sólo una inyección de tétanos y se recuperó del horror de los pájaros con mayor dificultad que sus heridas superficiales. Tenía un trauma extraño: no podía ver un pájaro, sin echarse a temblar. Hubo que llevarla al psiquiatra. "Creo que después pudo soportar a los gorriones", dice su madre.

Cada autoridad gubernamental o local echa la culpa a otra en Tokio. Indudablemente el punto en común son las basuras y también la salud de sus habitantes

Pero los pájaros también se manifestaron ante Hiroshi Takaku, analista político encargado del problema. Cuando uno de sus colegas fue atacado por dos cuervos en el tejado de la oficina del periódico en Tokio, Takaku utilizó su cinturón como ahuyentador. Los pájaros se mantuvieron a distancia. Pero unos días después, Takaku y sus colegas volvieron al trabajo para encontrarse con un batallón de cuervos esperándoles: cientos de cuervos volaron sobre el edificio de oficinas en una escena similar a "Los Pájaros" de Hitchcock.

"Nos amenazaron con graznidos y llantos", dice Takaku. “Llegamos a pensar que el primer cuervo envió una señal a sus colegas para que volvieran en forma de grupo, organizados... Mis colegas sabían que venían en busca de venganza".

Hiroshi Kawachi, director diputado de la Asociación Japonesa de Pájaros Salvajes, culpa del problema a la ineficaz disposición de residuos y basuras de la capital, por parte del Ayuntamiento... Algunos altos ejecutivos se han organizado y han contratado servicios privados para recoger la basura de sus distritos por la noche, ya que los cuervos tienen una visión nocturna pobre. Muchos barrios han pedido a sus residentes que utilicen latas de basura cerradas por completo, tras el fracaso de las bolsas…

Pero en muchas partes de Tokio, los residentes dejan sus basuras, latas, envases en las viejas bolsas de plástico como siempre antes semiabiertas. La mayoría de la gente se limita a colocar redes sobre las basuras, lo cual no disuade a los pájaros. Y tampoco la orden municipal de comenzar la recogida de basura a las 8 de la mañana, en vez de a las nueve. “Cambia mucho las cosas” -dice Kawachi-. “Los cuervos han terminado su desayuno (las basuras) cuando la recogida comienza -ellos suelen terminar su comida de 5 a 6 de la madrugada-, dejando la basura esparcida", dice.

Y los cuervos siguen sobrevolando la ciudad. Niños, adultos y algún ciclista ocasional herido están a la orden del día. A pesar de que todavía las estadísticas no están disponibles, los oficiales médicos de la ciudad dicen que varias heridas han necesitado sutura, y que un ciclista que fue atacado por los cuervos sufrió, además, el extra de huesos rotos en su caída.

Pero eso no es todo, los cuervos no tienen ninguna moral y, a pesar de que su alimento extra sea algún gato o perro muerto a lo largo de la carretera, no repudian la “delicatessen” de algún animal cuya sangre todavía fluya. Y no sólo eso, en ocasiones incluso se comen unos a otros, y aunque se detienen antes de fulminar la vida de sus crías, eso no significa que no acechen las de otras especies de pájaros.

Un problema añadido que sufre Tokio es la prohibición de envenenar a los pájaros. Así después de años la ciudad ha contratado cinco compañías de exterminación para descolgar los nidos y para matar a las crías. Una de ellas, Kokusai Eisei, se siente tan mal por matar a las crías -las despacha con cloroformo- que envía las cenizas a tumbas privadas de mascotas que cuestan 18 dólares por kilo y medio.

Los cazapájaros van armados, llevan cascos, mascaras acrílicas y guantes de plástico hasta los codos. Las pistolas están prohibidas en Japón, de modo que la única arma defensiva con la que cuenta el ciudadano es el paraguas… abierto. Por eso los fabricantes han hecho el agosto. O muchos agostos.

De todos modos, la campaña contra los cuervos no ha tenido mucho éxito: los exterminadores han capturado, por término medio unos 80 nidos cada verano, cada uno de los cuales contenía dos o tres polluelos. Las autoridades de la ciudad calculan que han gastado la excesiva cantidad de 75.000 dólares en el trabajo.

Los cuervos han sido siempre una peste para los campesinos. Hace dos años fueron acusados hasta de un incendio en la prefectura de Iwate, al norte de Japón. Un testigo informó haber visto a un cuervo soltar una bolsa de patatas ardiendo -recogida en un basurero en el que las patatas caducadas se queman- sobre maleza seca. Y existen otros antecedentes de incendios ocasionados por cuervos.

En Japón continua esta amenaza “terrorista” sin un acuerdo al alcance. Respecto a su exterminación, sólo se conoce una criatura que se alimente de cuervos: el halcón. Y habría de ser uno grande, de lo contrario, los cuervos lo comerían.


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Corvus (24/01/2011)

Bien por ellos los cuervos,si no fueran unos cochinos no hubieran aumentado,seguro también desequilibraron su medio natural,y se vieron empujados a la ciudad.