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El cuerpo de Cristo y los Gallos no pelean

25/03/2010 22:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los curas con cara de no haber roto un plato

No hace mucho tiempo, pero si el suficiente, tras unas obras de acondicionamiento en la vía urbana, apareció, como por arte de magia, un túnel que enlazaba un colegio de curas con uno de monjas, no más de 60 metros de distancia. ¿Qué uso se le dio? ¿Qué era lo que ocultaba o tapaba al ojo público?, no creo que fuera usado para traspasar tocinitos de cielo y si huesos de santos…

La carne es débil y la doma requiere una templanza, una seguridad y una sexualidad sin sexo, cuando el camino del Vaticano veas venir. El cuerpo de Cristo, cuerpo es, pero si los “representantes” o misioneros de la Fe, muerden la manzana inocente e incapaz, con forma de menor, ya no es carne débil, automáticamente pasa a ser, carrillada. Al final tanta clausura, tanta clausura, que algunos curas tienen, puntos de sutura.

Pienso que antiguamente, la sugestión de ese menor, era extremadamente hechizada, por el profundísimo respeto que debían inculcarle los padres y curas, y no me extrañaría nada que, fueran estos, los mismo que ocultaran tal fechoría en conjunta comunión. Los padres pensando que, no solo obtendrían un trozo de cielo, tal vez soñaban con una dehesa o una finca de bastantes metros cuadrados en el paraíso. Actualmente ese fanatismo inculcado, no está tan en boga como antaño, supongo que por eso, salen más casos a la palestra. El clero pierde fuerza y poder, la gestión de la masa, no canoniza con el ejemplo, pues no predican a ojos vista con tal.

Todos sabemos que ninguna profesión está exenta de tales maneras desequilibradas y perversas, pero cuando la coctelera carga, menor-cura-sexo, como que la cosa pica y escuece muchísimo más.

Un día me contaron un chiste, de esos que te hacen pensar, decía tal que así: España, años 60, pueblo profundamente eclesiástico, todos los quintos (soldadito español) esperando en la plaza la llegada del autobús, el que debía de trasladarlos a la capital. Tras unas palabras del párroco, el autobús perfila por la única carretera que atraviesa el centro. Después de los besos y demás despedidas, el cura da la última bendición, señal de la santa cruz y al unísono todos los quintos gritan, ¡¡Gracias Padre!!, y el cura susurra, de casi todos hijos, de casi todos…


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Autor:
Samuel R.m. (4 noticias)
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