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Cuba Y El Inexorable Tic Tac Del Reloj

21/04/2010 17:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aquellos doctos patrocinios, subvencionaron muchas de las pústulas esparcidas a su población por los redentores de Sierra Maestra

Existen todavía, aunque muy minúsculamente, sectores obstinados en rendir pleitesía a ese agónico y excéntrico panteón de espectrales líderes envejecidos en un sueño pretérito, que se diluyó en los hechos, hace mucho tiempo. Esa retahíla de apoyos y encandilamientos que despertó la Revolución Cubana en el mundo de la intelectualidad y al que adscribían figuras de renombre mundial y que sirvió propagandísticamente en el concierto internacional, hoy se muestra desprovisto de una galería tan conspicua, salvo algunas obsecuencias que permanecen atávicas. Aquellos doctos patrocinios, subvencionaron muchas de las pústulas esparcidas a su población por los redentores de Sierra Maestra que habían defenestrado la corrupta y tiránica dictadura de Fulgencio Batista en 1959. Celebridades literarias sucumbieron al encanto de la epopeya y autores prestigiosos como la conformada por Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, como asimismo escritores del denominado “boom latinoamericano” como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa. De estos últimos, a excepción del fallecido autor de “Rayuela”, García Márquez conserva estoicamente su vínculo de lealtad con el régimen y de amistad con Fidel Castro. El derrotero del autor peruano ha sido muy distinto a su par colombiano y su divorcio con los jerarcas de la isla data desde mediados de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando no aceptó entregar el dinero del Premio Rómulo Gallegos que había obtenido por su novela “La Casa Verde” para financiar las andanzas revolucionarias de Ernesto Guevara.

Así como era impensable que un comunista de “tomo y lomo” y laureado con el Nobel de Literatura, como el portugués José Saramago, escribiese en el 2003 una carta titulada “Hasta Aquí Llego” motivada por el fusilamiento de tres disidentes, iniciando el desembarco de una travesía que a esas alturas navegaba por aguas procelosas, ahora son los emblemáticos trovadores Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, voces consulares del castrismo, quienes tímidamente se atreven a verbalizar críticas a un sistema tiránico de los cuales fueron férreos y privilegiados feligreses. Impelido por la situación que atraviesa el gobierno de Raúl Castro, Rodríguez fue eufemísticamente más expresivo que su colega Milanés, el cual lacónicamente sentenció que si Guillermo Fariñas muere, “hay que condenar al régimen desde el punto de vista humano”. Algo es algo. En un contraste más acentuado, el intérprete del “Unicornio” señaló “que éste es un momento en el que la revolución, la vida nacional en el país, pide a gritos una revisión de montones de cosas, de montones de conceptos, hasta instituciones”. Estas insólitas reflexiones tenían un aditivo con el propósito de aplacar el eventual enojo de la gerontocracia cubana que dirige los destinos de la isla, haciendo suyo el recurrente justificativo de los problemas que afectan al país, al radicar en el embargo norteamericano las causas del estropicio económico, financiero y comercial, aunque reconoció que en la crisis actual hay responsabilidades atribuíbles al propio proceso revolucionario. En ese sentido, esgrimir como un atenuante de la debacle, la incapacidad de reinventar la revolución que en su propio decir ha estado siempre vigente, insinuando como infructuosos esfuerzos supuestamente efectuados en esa dirección y que admite no escalaron más allá de lo retórico, sumiéndolos en un prolongado letargo, no pasan de ser un sofisma de última hora para congraciarse con Dios y el Diablo. La pléyade de conversos en el pentagrama suplicante de artistas que claman como dolientes viudos o viudas y que hoy se muestran perplejos por los salvajismos de una utopía política por la que apostaron con un compromiso militante de absoluta ceguera, la misma que desoyó y evitó pronunciarse acerca de los atropellos y oprobios que experimenta el pueblo cubano, necesitaron de la infausta determinación de un pobre albañil y preso político llamado Orlando Zapata que se dejó morir como un acto sublime de protesta, para poner el grito en el cielo, como ya se han apresurado insignes figuras del cancionero español como Víctor Manuel y Ana Belén, sumándose al listado el argentino Fito Páez. La que no necesitó de notificaciones tan dramáticas fue Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende. Con ocasión de un encuentro de carácter internacional que se realizó en Chile, se concertó una reunión entre la ex-primera dama y el líder caribeño que causó no poco escozor en varios de los asistentes cuando la “Tencha” se mostró partidaria de un perfeccionamiento de la democracia y las libertades en Cuba. Escasa resonancia en la prensa internacional tuvo aquella cita, no obstante el atrevimiento de poner en entredicho la sacrosanta y genuflexa nutriente de idolatría existente por ese entonces en el proceso revolucionario. Algunos infames y cobardes de su séquito, se permitieron sugerir en una sordina miserable, que los enemigos del régimen de La Habana habían instrumentalizado a una mujer senescente para difamar la épica continental en la figura de su máximo líder, Fidel Castro.

Ahora son los emblemáticos trovadores Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, voces consulares del castrismo, quienes tímidamente se atreven a verbalizar críticas

Volviendo al presente, el escritor y columnista mexicano, Héctor Aguilar Camín, ha enardecido su escritura en un artículo de reciente publicación titulado “Basta De Esta Cuba”, motivado por el trascendido de que el presidente de su país, Felipe Calderón, sea el próximo dignatario en visitar la isla, repitiendo el papelón de su homologo brasileño Ignacio “Lula” Da Silva, cuyo mutismo execrable omitió toda referencia a sus anfitriones acerca del exangüe destino del humilde prisionero. Es el contrasentido el que lo provoca y su iracundia prosa peticiona una inflexión para que se ponga término a tanto fariseísmo protocolar y advierte sobre lo inconducente de estos periplos de gobernantes elegidos en procesos democráticos y que con sus peregrinajes oxigenan a sátrapas desfallecientes que someten a la interdicción permanente a su población.

El quebranto económico y la implementación del llamado “corralito”, sumado a episodios de muerte y represión, son los síntomas del agrietamiento de un régimen en que el reloj de la historia parece haber iniciado su cuenta regresiva, donde el tiempo parece haberse agotado. ¿Cuánto queda?, no lo sabemos. Nadie se atreve a aventurar pronósticos. El desenlace es incierto y quizás los cambios que indefectiblemente se avecinan dependan más de ciclos biológicos que de efervescentes manifestaciones sociales.

Tampoco queda mucho tiempo para salvar la vida de Guillermo Fariñas.


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Alejandro Holmes Heins (19 noticias)
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