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Cuba: Aniversario de la desaparición de Camilo Cienfuegos

26/10/2009 22:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La sesión del Consejo de Ministros que tendría lugar el 29 de octubre de 1959 fue alterada abruptamente, pues llegó la noticia de la desaparición del comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán

Ramón, el padre de Camilo, conversa con Fidel tras el anuncio de la desaparición del Héroe de Yaguajay.

Camilo, como jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde, había partido hacia Camagüey al mediodía del día 28 de octubre, en cumplimiento de la tarea por normalizar la situación política y organizativa dentro de la tropa armada en aquella provincia, después de la traición de Hubert Matos. A las seis y un minuto de la tarde de ese mismo día despegó de regreso a La Habana, en un avión bimotor Cessna pilotado por el teniente Luciano Fariñas y acompañado por su escolta, Félix Rodríguez. Pasadas las ocho de la noche debió llegar al aeropuerto de Ciudad Libertad, donde lo esperaba el jefe de su escolta, capitán Manuel Espinosa, Cabeza. El no arribo del avión del jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde fue informado poco después de las ocho de la noche a su hermano y capitán ayudante, arquitecto Osmany Cienfuegos Gorriarán. Cabeza Quedó en el aeropuerto, sin grandes preocupaciones, pues de acuerdo con la práctica de Camilo, el no arribo bien podía obedecer a que hubiese ordenado al piloto, como lo había hecho en innumerables oportunidades, aterrizar en un aeropuerto intermedio, especialmente el de Mayajigua, donde solía hacer escalas en sus constantes viajes al interior del país. Esto era una práctica bastante común en los desplazamientos de los principales dirigentes de la Revolución. Durante quince días se buscó intensamente la avioneta en la que desapareció Camilo. Fidel encabezó la búsqueda y muchas veces como copiloto sobrevoló buena parte de la zona norte del país.

La llegada, en la madrugada del día 29, de dos de los escoltas que lo habían acompañado a Camagüey, a los que había ordenado cumplir una misión dirigiéndose a La Habana por carretera, provocó un aumento de la tensión, que con el paso de las horas se creó en los compañeros que trabajaban próximos a Camilo. Tras una nueva comunicación entre Cabeza y Osmany, en las primeras horas de la mañana del día 29, se inició la localización de Camilo en los posibles aeropuertos y las pistas donde eventualmente podría haber descendido en su retorno a La Habana.

La noticia llegó a Fidel mientras se hallaba esa tarde-noche del 29 de octubre a escasos minutos de presidir la reunión del Consejo de Ministros. El oficial rebelde que trajo la información llamó aparte a Fidel y le explicó la situación. Sin perder un minuto, Fidel comenzó a indagar si las acciones de localización se habían realizado correctamente. Se comunicó con todas las compañías aéreas que funcionaban en Cuba. Por esta vía llegó el informe de un piloto, quien indicaba que el día anterior, a partir de Ciego de Ávila, había mal tiempo proveniente del sur, caracterizado por turbonadas y vientos peligrosos para la aviación.

Con estos elementos preliminares, confirmados posteriormente en las primeras horas de la mañana del día 30, se inició una búsqueda desesperada e intensa, a partir del criterio dominante de que el piloto Fariñas cambió la ruta, se movió al norte, para evitar la tormenta, y así poder buscar los únicos dos aeropuertos que le permitían un aterrizaje nocturno por estar iluminados: Varadero y La Habana.

El territorio nacional entre La Habana y Camagüey fue dividido en cuadrículas y cada una de estas, en tierra y mar, fue inspeccionada minuciosamente. Por tierra se movilizó a decenas de miles de hombres y mujeres. Por aire, se acudió a todos los aviones, avionetas y helicópteros posibles, y por mar, fueron barcos, lanchas y botes. No quedó cayo o islote, pantano o ciénaga sin explorar.

Fidel dirigió personalmente, minuto a minuto, las operaciones de localización de Camilo. A bordo del avión Sierra Maestra, en calidad de copiloto o accionando directamente el avión, realizó durante varios días acciones arriesgadas de búsqueda.

Volaron a baja altura y solo regresaban a tierra para abastecerse de combustible o pasar la noche. Lo acompañaban Celia Sánchez, Osmany Cienfuegos, Sergio del Valle y otros compañeros. En la isla de Turiguanó, donde hicieron una escala, la cola del avión jorobó un poste de la cerca que protegía la pequeña pista del lugar.

En la obsesión por encontrarlo, se atendió cuanta información llegaba. Aunque pueda parecer increíble a estas alturas, en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias fueron atendidas todas las personas que aducían haber soñado, visto o presentido cualquier circunstancia. Nada fue desdeñado. Al decir de Fidel, se hizo lo humano y lo no humano por hallar a Camilo.

Por supuesto, no faltó la perfidia enemiga. Un día después de iniciadas las labores, los contrarrevolucionarios diseminaron la desinformación de que Camilo y sus compañeros se hallaban heridos en Cayo Francés.

Virtualmente, todas las fuerzas se movilizaron hacia el cayo. Comprobada la falsedad, se continuó el trabajo. Días después, otra vez las fuerzas y los medios fueron distraídos por un falso informe que ubicaba a Camilo en Cayo Anguila. El propio Fidel sobrevoló el cayo y avanzó hasta escasas millas de la Florida, a unos veinticinco o treinta metros de altura.

Cuando más inquietud y zozobra había en el pueblo, al mediodía, una estación clandestina, probablemente desde un barco próximo a las costas cubanas, lanzó al éter la noticia de que Camilo había aparecido y venía en un barco. Las estaciones de radio dieron la noticia de inmediato. Fue suficiente para que las calles quedaran inundadas por el pueblo, en una especie de delirio o locura. Fue incontrolable. Hubo accidentes y heridos.

Grupos de personas se aglomeraron jubilosos frente al Palacio Presidencial. Lo verdaderamente lamentable era que nosotros sabíamos que todo era falso. Pese a que los medios de comunicación nuestros trataban de calmar a la gente, era muy difícil desmentir aquella noticia. Por medio de la guarnición, el presidente se encargó de ir disuadiendo al pueblo, convenciéndolo de la falsedad de la noticia. Los festejos espontáneos se trocaron en la frustración más profunda que había visto en la población.

El país estuvo en vilo durante una docena de días en una intensa búsqueda. Agotadas las esperanzas, sin la menor pista del avión o de sus tripulantes, y para evitar nuevas manipulaciones enemigas de la sensibilidad popular, con profundo dolor el 11 de noviembre Fidel compareció ante una cadena de radio y televisión —como lo tendría que hacer nuevamente el 18 de octubre de 1967 al anunciar la muerte de Che— para informar lo que ya todo el mundo sabía: que el comandante Camilo Cienfuegos había desaparecido definitivamente.

(Fragmentos tomados del libro Gobierno Revolucionario Cubano, primeros pasos, de Luis M. Buch y Reinaldo Suárez)


Sobre esta noticia

Autor:
Ariel (3890 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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