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Crueldad, "fiesta brava", demagogia y falsas esperanzas

08/03/2010 20:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los toros han sido días pasados de una actividad política prefabricada. Pero no se ha debatido lo que la "fiesta brava" entraña de crueldad y sin embargo esa debería ser la actualidad

Como un espontáneo cualquiera (recuérdese como empezó el cordobés), la presidenta de Madrid sin que nadie se diera cuenta, excepto ella misma que convocó rápidamente a la prensa para que vieran su (valentía) se quiso aprovechar de los titubeos de los catalanes en torno a la fiesta brava.

Así la Aguirre se convertiría en el paladín de la fiesta nacional y salvaría al toreo, ganaderos, empresarios, toreros y demás gente de ese vivir. Eso en momentos en que esa fiesta "tan española" está cuesta abajo por la pendiente de la indiferencia de la gente.

La presidenta de Madrid se ha echado, como una espontánea bien organizada, al ruedo aprovechando las debilidades de los antitaurinos político de Cataluña. No era difícil en vista del desconcierto reinante al respecto en Cataluña. Ella ha ido a sacar tajada y escudarse en la Comunidad de Madrid para tomar las riendas del toreo en España. Con José Bono pretende más o menos decir que para ser español auténtico hay que amar el la fiesta brava.

"Por este camino Esperanza Aguirre está convirtiendo poco a poco a la Comunidad de Madrid en un taifa política y administrativa siempre a la contra de las decisiones estatales y convertida en azote de otras autonomías". (El país).

Así pues la corrida está servida para uso de los periodistas y abuso del personaje central del festejo que es el toro.

Diáspora no quiere meterse a editorializar sobre el tema que no solo está en el menú cuando en la cocina de la web se preparan los platos del día. De manera que hoy hemos echado mano de unos cuantos textos y como probablemente es usuario no habrá tenido tiempo de digerirlos o siquiera de verlos se los damos servidos en bandeja con unas fotos que no necesitarían ningún texto.

Buen provecho!!!!

Ecologistas en acción abre la marcha

‘ Pataleta antidemocrática’ . De este modo ha calificado Ecologistas en Acción el ‘ intento’ de declaración de las corridas de toros como Bien de Interés Cultural por parte del PP en Cataluña.

Esta organización ecologista ha advertido que las corridas taurinas ‘ no solo no aportan los valores históricos, artísticos o de identidad que requiere esta declaración, sino que supone una de las más evidentes demostraciones de falta de ética, apología del sufrimiento, agresividad irracional, y desprecio a la vida, todo ello incomparable con la cultura’ , ha manifestado.

Motivos por los cuales, ha asegurado que los ciudadanos ‘ rechazan cada día más’ esta actividad.

Para Ecologistas en Acción, este es ‘ un nuevo intento político de salvar las corridas de todo ante su muerte anunciada’ , que se debe, según ha expuesto, a la ‘ drástica’ reducción de aficionados y a los problemas económicos del sector.

Corridas de toros y otros festejos taurinos que se siguen celebrando en España ‘ fundamentalmente por el apoyo económico, con dinero público, que están realizando las administraciones para mantener esta actividad’ , ha señalado.

De este modo, ha considerado que una de las posibles razones para estos ‘ intentos’ de declaración de interés cultural es lograr que las administraciones públicas puedan conceder ‘ privilegios fiscales’ al sector taurino.

Por todo ello, Ecologistas en Acción ha anunciado que está estudiando recurrir la posible declaración de interés cultural de las corridas de toros, porque ‘ no existe justificación técnica para esta declaración’ .

Lo que los datos dicen

Según los datos del sondeo realizado por Gallup en los últimos años, el 72, 1 por ciento de la población en España afirma no tener ‘ ningún’ interés por los espectáculos taurinos. Este ‘ desinterés’ lo demuestran sobre todo las mujeres, con un 78, 5 por ciento, y las personas con edades comprendidas entre 15 y 24 años, 81, 7 por ciento.

Mientras que solo el 7, 4 por ciento de los españoles siguen estando ‘ muy interesados’ en la ‘ injustamente’ llamada ‘ Fiesta Nacional’ . Por el contrario, el 26, 7 por ciento de las personas encuestadas afirman estar ‘ interesadas’ por las corridas de toros, de las cuales, el 19, 3 por ciento afirma estar ‘ algo’ interesada frente al 7, 4 por ciento que manifiesta interesarlo ‘ mucho’ , en su mayoría hombres.

Desde el punto de vista de la evolución histórica, la encuesta continuada de Gallup permite reflejar que el interés por las corridas de toros mantiene la tendencia a la baja, ya que en 1993 el estudio reflejó un 38 por ciento de interés, en 1999 se situaba en el 32 por ciento, en el 2002 la afición era del 31 por ciento, y actualmente se encuentra en el 26, 7 por ciento.

Según Ecologistas en Acción, estos datos demuestran ‘ contundentemente el constante y generalizado incremento de los españoles que se oponen a las corridas de toros’ .

Y es que mientras que en 1971 al 22 por ciento de los entrevistados estaban ‘ muy interesados’ en los toros, y el 42 por ciento estaba ‘ nada’ interesado, en 2006 los ‘ muy interesados’ a estas corridas han descendido al 7’ 4% por ciento, mientras que los ‘ nada’ interesados han ascendido al 72’ 1por ciento.

La organización ecologista ha destacado como ‘ especialmente interesante’ los resultados de los encuestados con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años de edad, ya que el 81’ 7 por ciento se manifiesta ‘ nada’ interesado en estas actividades.

La intolerable pretensión de prohibir los toros de Fernando Sabater

Por Antonio Papell

Los toros Bien Cultural para algunas comunidades

(reproducción textual)

Fernando Savater, en un artículo inteligente aparecido ayer en defensa de la supervivencia de la fiesta brava, relataba con gracejo una experiencia personal muy elocuente: en un debate sobre la procedencia de prohibir o no el espectáculo taurino con opinantes vascos de inclinación nacionalista, la propensión de éstos a proscribir los toros se amortiguó grandemente cuando el filósofo explicó que el toreo a pie, que democratizaba el toreo a caballo de las tierras de más al Sur, había comenzado al parecer en Navarra. Aquella filiación desactivó, en fin, los recelos que despertaba aquel espectáculo, que, con razón o sin ella, los nacionalismos periféricos identifican con el alma genuinamente española.

En Cataluña, es notorio que las iniciativas encaminadas a proscribir los toros provienen del ámbito de soberanismo, aunque inexplicablemente hayan contado con la tibia transigencia del PSC y con el poco entusiasta apoyo de CiU. Conviene, en fin, subrayar este origen a la hora de ponderar los resultados que depare el trámite parlamentario de la iniciativa, que además de estéril es inoportuno ya que produce sonrojo que los partidos estén más atentos estos días a esta clase de asuntos que a la grave contrariedad que experimenta hoy buena parte de la sociedad de este país, golpeada por la crisis.

Pero dicho esto, conviene devolver el debate a sus parajes genuinos: los de la estética y la licitud (o no) de someter al toro a un rito secular, codificado y estilizado a lo largo de siglos.

Es obvio que tan legítimas son las posturas a favor de los toros como las contrarias, pero éstas tendrán que acreditar sólidos argumentos si quieren llevar su hostilidad al extremo de promover la prohibición de las corridas. En una sociedad democrática y libre, el concepto de libertad es sagrado y la prohibición legal de una conducta, de una actividad o de un espectáculo no puede ser arbitraria ni basarse en prejuicios.

El castigo físico

En el caso de los toros, el argumento es que se inflige al animal un castigo físico. Razón insuficiente si se piensa que nosotros los seres humanos, para satisfacer la necesidad primaria de alimentarnos, hemos de matar a diario innumerables animales que son nuestro sustento. Así las cosas, no resulta cabal hablar de verdaderas torturas en el caso de los toros, a menos que estemos dispuestos a utilizar también el concepto de asesinato para describir lo que sucede en cualquier matadero con los terneros o con los pollos. En las heridas al toro, como en la muerte de una pieza de caza, no hay trascendencia. Es más: paradójicamente, la supervivencia del toro no depende de que desaparezcan las corridas de toros sino al contrario: este hermoso animal, que sólo sirve para ese destino lúdico, desaparecerá si no mantiene ese noble destino.

En definitiva, con la lidia del toro bravo podrán herirse sensibilidades pero ni están en juego los derechos humanos, ni los valores democráticos, ni la ética en general. De ahí la aberración de un símil que ha sido utilizado en el parlamento de Cataluña por un sedicente intelectual que ha comparado la tradición taurina con la tradición de la violencia doméstica.

Dicho todo esto, hay que insistir en el respeto al libre albedrío. Quien se sienta herido por la tauromaquia, no sólo puede decidir no asistir jamás a una corrida sino criticar a su antojo a quienes lo hacen. Pero de ahí a exigir la proscripción de la fiesta brava, hay un abismo que ningún demócrata auténtico puede tolerar.

La absurda politización

Ante el peregrino debate catalán, que consume inaceptablemente unas energías que a esta hora deberían estar dedicándose a otra cosa, las comunidades de Madrid y Valencia, gobernadas por el Partido Popular, no han tenido mejor ocurrencia que declarar la fiesta de los toros Bien de Interés Cultural. El disparate es multifronte: resulta muy audaz mezclar la cultura con los toros (a menos que se tenga una idea peregrina de la cultura), se da así la razón a los radicales soberanistas de la periferia que mantienen la tesis de que la fiesta nacional es un elemento del más añejo nacionalismo españolista y centralista, y los sedicentes liberales, con Esperanza Aguirre a la cabeza, incurren en la enésima contradicción: no se puede alardear de liberal y tasarlo todo mediante baremos oficiales.

La fiesta de los toros, manipulada desde el independentismo catalán, ha caído, en fin, en manos de los radicales de toda guisa, para desesperación de los verdaderos aficionados y la perplejidad de una ciudadanía que tan sólo aspira a que la dejen en paz, con libertad para ir o no a los toros sin que ello se convierta en una decisión trascendente o en poco menos que una solemne proclama identitaria.

2 Comentarios

Pues sí, de eso se trata, de mezclar churras con merinas y justificar lo injustificable.

Las corridas de toros mas allá de la politización llevada a cabo por defensores y detractores, es en si misma una salvajada.

Señores la sociedad no avanza porque tenemos demasiados lastres del pasado negativos y nos cueste admitirlo el maltrato al toro es uno de ellos. Y si es cuestión de que no queremos pues muy bien legalicemos las peleas de perros, las de gallos, el tiro con arco a perros y un sin fin de atrocidades que seguro como en el caso de los toros saldrán mendrugos defendiéndolo.

El toro la víctima, el torero el héroe, el picador el villano y el público aplaude a la crueldad

La asociación ALA lleva años recogiendo firmas para terminar con esta barbarie para terminar con este lamentable "espectáculo". (Síntesis de un artículo sangrante)

Si hay algo que duele especialmente a los que aman a los animales, es el sufrimiento provocado por el simple hecho de recreo en la tortura, en la sangre y en la muerte. Hay muchas cosas que no sabemos de la "Fiesta Brava’ (nombre que Franco o alguno de su banda le puso).

Este fragmento sobre la tauromaquia está en parte de un documento que sirvió de base para el artículo "El placer de dañar" que apareció en el "The Kid Star Magazine".

La Gestapo taurina: torturas en un maloliente toril

Los toros como tema de un parlamento es algo casi esotérico pero sin embargo son el principio de un fin imprevisible

La Fiesta Brava: comienza el espectáculo nacional. De acuerdo con la literatura taurina, antes de entrar en la arena, el toro llegado en un cajón obscuro (chiquero) es sometido en el toril a una espantosa y después sometido a horribles torturas y vejaciones, como la de recortarle los cuernos (doloroso porque daña sus extremidades nerviosas), hacerle padecer el peso de enormes sacos de arena colgados del cuello durante horas, y en ocasiones golpearlo en forma continua los riñones etc.

A veces se les administran cantidades masivas de sales de epson o Sulfato de Sosa mezclados en el agua para inducir diarrea severa, dolores intestinales y agotamiento en el ruedo. Un veterinario en jefe de la plaza de Las Ventas en Madrid reveló que los toros reciben hasta 25 kg de sulfatos, cuando tan sólo 4 ó 5 kilogramos serían una dosis masiva brutal. También se descubrió que los toros son drogados, usando Combilín, un fármaco hipnótico y tranquilizante (un inmuno-depresor) a esto hay que añadir los malos tratos que siguen.

La salida furiosa al ruedo se logra con ‘ pinchos eléctricos’ y es fácil comprender por qué el toro llega al ruedo en un estado de completo desorientacón, dolor y ansiedad. Sus cuernos son mutilados con un doble fin: causarle un sufrimiento y disminuirlo frente al torero con unos cuernos sin puntas. También hacerle perder la referencia de distancias y que sus cornadas sean poco certeras. Al final de esa tortura prolongada, sus pies son bañados con thinner para que no pueda quedarse quieto; sus ojos recubiertos de vaselina para que disminuya su ya muy deficiente visión (miopía y daltonismo). Luego le golpean con instrumentos punzantes e hirientes si se resiste a entrar en en el ruedo.

El pobre animal, despavorido, trata de huir, sin saber que todo es una trampa para martirizarlo y, encima, burlarse de él, para cuando lo matan lo han matado ya.

Empiezan la faena. Para debilitarlo aún más y desangrarlo, amén de impedir que levante la cabeza, se lo somete a tres o cuatro picas en la zona del cuello. A veces no basta. El toro Almendrito fue sometido a 43 picas en 1876. Cuando excepcionalmente un toro no está medio muerto tras la segunda o tercera pica, se le infligen picas adicionales hasta que ha perdido casi toda su vitalidad y comienza a desfallecer.

La pica es, por disposición legal, de acero cortante y afilado, y está rematada por un arpón hasta de 11 cms, seguido por una cruceta o varias; la cruceta es un disco que casi siempre penetra profundamente en el cuerpo del animal; el picador, con pericia, abre en el toro un boquete enorme, que en promedio alcanza 40 centímetros de anchura y 11 cms de profundidad, girando y retorciendo con saña la pica su instrumento de tortura, y va perforando y despedazando órganos internos del animal hasta llegar a atravesarle un pulmón. En muchos casos el picador se apoya en la barrera para hacer más fuerza. No es que el toro le haya empujado hasta allí: es una treta ensayada Nada es casual: todo está metódicamente calculado.

La hemorragia así causada provoca un torrente de sangre, que se vierte abundantemente no sólo a través de las heridas externas, sino de las internas. La sangre la expulsa siempre por la boca, en chorros.

Los encargados de cómo dar muerte al toro, siempre niegan la crueldad del espectáculo, aunque reconocen sin embargo que los puyazos deterioran las zonas musculares y tendones provocándoles sangrías inaceptables. Muchos espectadores echan la culpa de todo al picador, que es el villano de la fiesta brava. Los técnicos del toreo coinciden en que un solo puyazo desgarra al toro, y prefieren que los destrozos sean efectuados en tres tiempos "para mayor goce de la afición."

Cuando los veterinarios y ganaderos solicitan públicamente que disminuya el tamaño de las puyas, lo hacen para desviar la atención, pues ya mencionamos que la actual puya tiene una longitud de 11 centímetros hasta la cruceta, y está bien calculada para no matar al toro hasta que el diestro, el héroe, el valiente, el superman, se encargue con un riesgo mínimo, en darle la estocada mortal. Si un picador llegara a matar al toro sería un escándalo nacional.

Eso depende de la mafia empresarios-ganaderos y ellos no quieren cambiar, pues si no destrozaran al toro, el diestro protestaría y a mayor riesgo mayor sueldo millonario. Es por eso que al torero se le autoriza solicitar más intervención del picador cuando el animal da signos de vitalidad y la intervención del picador se para ‘ prepararlo’ y lo haga más manso todavía y ciego porque la sangre inmunda los ojos, además. El verdugo, por decreto-ley es el ‘ maestro’ . El que el Premio Nobel Hemingway llamara desde ‘ Life’ a Luis Miguel Dominguín y Ordoñez, los ‘ cuñados de la muerte’ , es uno de los chistes más macabros en la historia de la tauromaquia.

En ocasiones, el toro escapa a las picas, y entonces, de manera discreta, es llevado de nuevo al interior de los chiqueros, donde se le apuñala y golpea sin piedad para convertirlo en un guiñapo antes de volver al ruedo.

Luego vienen las banderillas, también de acero cortante y punzante, con finales-harpones. Algunas banderillas tienen un arpón de hasta 8 cm, y se les llama de castigo, negros, a los cuales es sometido el toro cuando ha logrado zafarse de alguna de las picas; las otras puntas son un poco menos largas. Los garfios o arpones hincados profundamente por los banderilleros en el cuerpo del toro le causan un profundo dolor con cada movimiento del animal, porque giran y se voltean, prolongando hasta el último minuto de su vida el desgarre y ahondamiento de las profundas heridas internas. No hay límite al número de banderillazos: tantos como sean necesarios para dejar al toro medio muerto. Normalmente de 4 a 6.

Cuando el toro alcanza este estado lastimero, el matador entra en el ruedo en una celebración de bravura y machismo a enfrentarse a su acérrimo enemigo: un toro exhausto, moribundo y confundido que apenas puede levantar la cabeza. El torero hace entonces las suertes con el capote, rojo no porque este color excite al animal, que es ciego a los colores, sino para que no se note la sangre que salpica.

El torero entra a matar con un toro de cabeza agachada de otra forma, con un toro normal, sin torturas y la cabeza erguida, el diestro tendrá que subirse a una escalera. Le clava la espada en las vértebras para lesionar el corazón o algunos de sus vasos sanguíneos. Si lo logra, la muerte es súbita. ¡locura en las gradas, orjas, rabo, etc... flores, pasodoble, delirio. Si le alcanza sólo los pulmones, la muerte es lenta. El toro está agonizante. Sangra por la boca. El diestro prefiere que muera así sangrando por la boca. Luego la puntilla que mira a la médula espinal.

En otras ocasiones, se torea a caballo. El rejoneador coloca las banderillas en el toro, y al final, el toro será muerto por el rejoneador, ya sea a pie o a caballo, usando una especie de lanza llamada "rejoneador de la muerte." La suerte de los caballos utilizados no es similar a la de los caballos de los picadores.

Finalmente, se le da la puntilla para intentar seccionar la médula espinal. Si la médula no es seccionada sino sólo dañada, el toro no está realmente muerto, sino con un cierto grado de parálisis y es arrastrado vivo y consciente. Para citar sólo un caso, en Murcia, en septiembre de 1979, el toro se levantó cuando era arrastrado. Aun en el caso de que la médula sea seccionada, la cabeza del toro queda sensible durante unos minutos, por lo que siente perfectamente el dolor al cortarle las orejas. En realidad, casi nunca llega el toro muerto al segundo acto de la carnicería, en la trastienda de la plaza donde no hacen falta lentejuelas para descuartizar.

‘ Sí’ a la fiesta nacional, he aquí el porqué según los taurófilos

Quienes desean la abolición de las corridas de toros suelen confrontarse con personas que gozan de estos espectáculos. A continuación, se hace un listado de los argumentos más utilizados por los taurófilos, y sus respectivos contra-argumentos. Vale la pena recordar, sin embargo, que pocas veces es útil y productivo iniciar tal tipo de debates con personas que, al verse acorraladas por la razón, reaccionan en forma poco inteligente, utilizando palabras altisonantes o incluso la violencia.

El toreo es de interés cultural (Esperanza Aguirre dixit). Es el argumento ‘ artístico’ más usado por los taurinos y el primero que les sale de la boca, al tiempo que es el más confuso. ¿A qué se refieren? A veces lo quieren decir es que el toreo ha sido el tema para obras de arte, en concreto y de forma recurrente citan la "Tauromaquia" de Goya y "El llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías" de Federico García Lorca, o algunas de las novelas de Ernest Hemingway. El contra argumento es sencillo: también se han realizado espléndidas obras sobre las guerras o el martirio de los santos y evidentemente no por ello estas son costumbres que se deben conservar.

Otras veces se refieren a que el toreo es un arte en sí. A pesar de la plasticidad que puede tener, el toreo no pasa de ser una colección de técnicas destinadas a la consecución de la muerte del toro, y que no existe en los toreros ninguna intención artística o de expresar ningún sentimiento, limitándose a ser una macabra artesanía. Curiosamente, el innovador Carlos IV prohibió las corridas mientras que Fernando VII, quien cerró las universidades y prohibió la Constitución liberal, las volvió a permitir y bajo su reinado se abrió la primera escuela de tauromaquia en Sevilla.

En 1980, la UNESCO, agencia de la ONU encargada de la ciencia, el arte y la cultura, dictaminó al respecto: "La tauromaquia es el terrible y vanal arte de torturar y matar animales en público, según unas reglas. Traumatiza a los niños y los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación la ciencia y la cultura. "La cultura es todo aquello que contribuye a volver al ser humano más sensible, más inteligente y más civilizado. La crueldad que humilla y destruye por el dolor jamás se podrá considerar cultura".

Precisamente por ello, los toreros y sus cuadrillas suelen provenir de las capas más humildes e incultas de la población, donde el analfabetismo imperaba hasta hace poco. La cultura de la crueldad, como la cultura del dinero no tienen nada que ver con ‘ La Cultura’ . Es más fructífero enfocar el tema de forma que, admitiendo sin conceder que las corridas sean un arte, esa no es razón suficiente para conservarlo a costa, en este caso, del sufrimiento del toro.

El toreo es cultura, un silogismo que denota complejo de inferioridad

Es un sub-argumento del anterior, que se completa con la declaración de que el toreo es tradición. Si se acepta que cultura es "el resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y afinarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre, " no queda mucho en pie del sub-argumento.

Aún así por una extraña magia las corridas se convierten en cultura, no son razones para defender la crueldad con los animales. Culturalmente, en la antigua Roma, se mataban a los cristianos, pero eso se superó. También era tradición y parte de la cultura taurina que los caballos de los picadores salieran sin peto, y esa tradición o cultura ha desaparecido por salvaje. Si realmente el toreo fuera cultura, generaría a su alrededor un ambiente cultural, de la misma forma en que el arte, la ciencia, la historia y otras disciplinas que desarrollan y afinan el espíritu de quienes las practican, lo hacen. Esto en el caso de los toreros no se da, no hay una ilustración especial en ellos por el hecho de dedicarse a esta supuesta actividad cultural. En Andalucía, la llamada cuna del toreo, desconocen que Blas Infante, el "padre de la patria Andaluza" como gustan llamarlo, hombre de gran cultura, autor de un ‘ estatuto de Autonomía para Andalucía y otras obras, era un acérrimo antitaurino y autor de un decálogo en favor de los animales. Naturalmente fue fusilado, un año antes que García Lorca, por orden de Queipo de llano y CDE acuerdo con Franco.

El toreo es tradición de las prácticas militares de las maestranzas

Las corridas tienen su verdadero origen en las prácticas militares de las maestranzas en las que se adiestraba a los soldados para la guerra haciéndoles practicar la lanza con el toro. Para paliar el peligro que corrían jinetes y caballos se contrataron mozos equipados con trapos cuyo cometido era distraer al toro. Esa tradición es la que se sigue torturando al toro ‘ antes’ de su ejecución anunciada

La llegada de Felipe V contrario a las prácticas taurinas, alejó a los nobles de los toros pero los mozos siguieron mostrando sus habilidades en algunos pueblos a cambio de dinero. De hecho, hasta finales del siglo XVIII las corridas no gozaron de popularidad. La primera plaza de toros no fue construida hasta 1749, época en la que la Inquisición se muestra más poderosa y multiplica los autos de fe. En esos tiempos, las torturas y ejecuciones, tanto de seres humanos como de animales, estaban a la orden del día. Aun así, lo que interesaba era la muerte del toro y la faena era muy corta. La tortura sistemática habría de instaurarse en tiempos supuestamente menos oscuros.

Cuando se dice que el toreo es tradición es porque se carece de una perspectiva histórica: el toreo de a pie tal como lo conocemos tiene no muchos años y además está cambiando continuamente. El defender lo tradicional por el simple hecho de serlo significa que se renuncia al derecho a la crítica, al progreso y la evolución, descansando su responsabilidad en generaciones anteriores. Curiosa también es la selectividad de lo que consideramos como tradición. Criar los animales en libertad con alimentos naturales, el cultivo del barbecho en lugar del abono indiscriminado, la fabricación artesanal, el uso indiscriminado de pesticidas y la tala inmoderada, son conductas tradicionales que se van abandonando, en aras al progreso material.

Estar sometidos al dictado de la tradición o de la cultura inmoviliza a la sociedad, que es lo que está pasando.

El toreo es la expresión de la religiosidad de un pueblo

Al coincidir las ferias taurinas con las fiestas católicas se ha establecido una curiosa relación entre ellas. Inexplicablemente, la Iglesia Católica apenas ha puesto impedimentos a esta relación que va en contra del espíritu de piedad, respeto a la vida y compasión que anima a la religión.

Así y a pesar de la doctrina general de la iglesia, y del reconocimiento del alma animal, los párrocos aceptan capotes bordados como ofrenda a la Virgen y permiten que las corridas sean en homenaje a los santos locales. El diestro se santigua a la vista de todos y se postra ante la macarena en la capilla de la plaza de toros. El cine no se pierde esta escena nunca. El héroe del espectáculo va lleno de medallas y escapularios a la Virgen. Las corridas coincidían los días de Franco con una procesión. Sería necesario que los estamentos religiosos clarificaran hoy la postura oficial y la hicieran cumplir.

En nuestra segunda parte entre otros un importante documento Los derechos de los animales. Los estatutos emitidos por las naciones unidas y la Unesco sobre algo equivalente a los derechos de la persona humana dedicados a los animales. Sigue...


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