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Crónicas de un niño de la calle (Analco)

02/07/2009 21:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Analco es bastante enigmático para mí, tal vez la cápsula del tiempo que encontraron allí la haya puesto yo mismo en mi otra vida de bohemio

Analco

Inevitablemente camino e inevitablemente recuerdo mis años de niño, tantas y tantas cosas que viví a lado de mis padres y mis hermanas: la pobreza, la injusticia, los sueños, los deseos, los logros, etc. Alguna vez un amigo mío me dijo que al pasar los años uno siente que ha vivido mucho no precisamente por haberlo hecho, sino por el número casi infinito de recuerdos que vamos guardando. Hoy visité a mi tía y para regresar a casa tomé el Loma Bella, a veces dormito cuando viajo en el trasporte público a pesar de saber que esto puede ser peligroso. Abrí los ojos y estábamos en Analco.

El primer recuerdo que vino a mi mente fue el de mi padre con su camarada de chamba. Cuando tenía cerca de ocho años vinieron a darle un toque bohemio a la fachada lateral del templo de Analco; los recuerdo a los dos sentados en la esquina de la siete oriente y la diez sur con sus óleos y sus trazos a lápiz que intentaban abstraer la esencia de las piedras. Recuerdo que mi padre pintó de diferente color la fachada, quizá algo dentro de él le hacía pensar que los colores no son simplemente adheridos a la superficie, quizá él tenía una conexión bohemia con el viejo barrio de Analco, quizá pintaba las cosas como él deseaba que fueran o como en sus sueños las imaginaba. Me encantaba estar con él, siempre procuró que aprendiera de todo y cuanto más se pudiera mejor. También recuerdo que mi madre le gritó por llegar tarde ese día, la cosa está en que ella no entendía lo que era el arte.

En aquellos años uno podía beber el agua de la llave sin enfermarse, o por lo menos así lo hacíamos la gente que vivíamos en los barrios (quizá lo sigan haciendo). Cuando salía de la escuela mi padre siempre me invitaba a caminar, su pretexto era que conociera las calles de la ciudad por si algún día me perdía, no sé sinceramente qué pudiera motivar ese pensamiento, sin embargo, me gustaba mucho caminar a su lado sin importar lo fatigoso que fuera y sabiendo que era por no tener dinero. Caminábamos por Analco, bebíamos un poco del agua con que riegan el parque y nos metíamos al atrio del templo, me decía que el árbol ya estaba así de alto cuando él era niño, que el color de la fachada era diferente, que no tenía la barda ese como barandal de piedra que hoy vemos y que en las ferias las chamacas eran de lo mejor. También me cuenta que en una ocasión vino Mónica Igual a cantar en el Jardín de Analco.

Todos los días de clase ese era nuestro paso, bajábamos por la calle de la cruz de piedra

El parque o jardín de analco donde alguna vez dormí.

Recuerdo que sentía mucho miedo al pasar junto a la escuela que está ahí adentro, con tantas rejas uno piensa que el peligro es ahí y no afuera. Todos los días de clase ese era nuestro paso, bajábamos por la calle de la cruz de piedra (donde hoy exite un lugar llamado ‘ el muro’ ) y, a veces, cuando había un poco de tiempo, le pedía que fuéramos al puente de Ovando; en ese entonces me pregunté para qué construían un puente si no pasaba ningún río; ven, así es la vida y no nos damos cuenta. Recuerdo haber dormido en ese parque para aguantar las caminatas diarias que teníamos, aunque esto también era un pretexto ya que mi padre tenía dos trabajos para poder mantenernos y necesitaba tanto de descanso, recuerdo verlo dormir a la sombra de los árboles mientras yo intentaba penetrar sus recuerdos para descubrir los secretos de la vida. Recuerdo su cara transformándose al entrar en sueño y viajar por los deseos que todo hombre de familia tiene. Recuerdo que desde ese entonces pensé en qué haría yo cuando tuviere hijo. Haría lo mismo que él, no dejar que los infortunios de la vida nos separasen.

Ésta es la iglesia de analco, pensaban que las columnas eran macizas pero resultó que era huecas y ahí encontraron objetos muy antiguos.

Analco será para mí lo que las canciones de antaño para mi padre, a veces quisiera ser viejo para que esas canciones de Charles Aznavour, Junior y José Augusto me trajeran recuerdos como a él. Analco será para mí una pintura al óleo impresionista donde el tiempo pasa sin pasar. Analco es más que un simple barrio, es donde surgió mi vocación de músico, poeta y loco, donde mi padre me enseñara a ver la vida desde el punto de vista del andariego y bohemio. Vamos a caminar la vida de los dos, vamos, que el tiempo nos espera.


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Emilho (13 noticias)
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