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Crónica de una Experiencia Espiritual

23/03/2018 17:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Llegamos a casa de Amalia, Lorena, Daniela con su niño Carlitos y Yo (Violeta) para ser atendidas por la Sanadora

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Con Amor Violeta.

 

                    Lorena estaba asistiendo regularmente; Daniela tenía algunos problemas en casa y yo no me sentía bien de salud. Generalmente ella atiende individualmente, pero esa mañana actuó distinto y nos dice: Vamos, entremos todas juntas al Santuario de Sai Baba, vamos a meditar y tú también, Carlitos, vamos a dormir un ratico, esto se lo dice al niño, porque él no sabe lo que es meditar, pero Carlitos con apenas 5 añitos, llora y le contesta: Yo no quiero dormir, ni que ellas se duerman.  Amalia lo calma y le da una pelota que no es pelota sino el Lignan, que es, materialización de Sai Baba, que recibió la última vez que fue a la India. El pequeño se contenta y comienza a jugar con el Lignan, yo me preocupo porque pensé que podría romperlo y no podía concentrarme. Amalia se da cuenta y me dice: No te preocupes eso no se rompe, y razono y me digo: Claro las cosas de Dios no se rompen, y recuerdo una anécdota del Hermano Hildebrando cuando estaba pequeñito, él me contó con mucho detalle, mucha emoción y cariño, este Hermano nació en Trujillo y ya de niño se le aparecía un Maestro El Dalai Lama Ching. El Maestro lo ha acompañado toda su vida ayudándolo a difundir la fe y el amor al Maestro Jesús, entonces comienza la anécdota: él tenía 5 años y se escapaba de su casa hasta el templo y ahí lo esperaba el Maestro para inventar juegos, éste le buscaba higos y bellotas, jugaban a los burritos, saltaban las bellotas y los higos como un juego de pelota, la Virgen María (Imagen del Templo) se reía y San Martín de Porres, bailaba con la escoba, recordaba ese juego que me fue contado con mucha ternura y amor, de repente sentía al niño jugando con el Lignan. Siento a Daniela a mi lado, yo sentía como que ella ya había dejado la Tierra y buscaba su espíritu. Lorena, (mi nuera), se encontraba con los Ángeles, ya que últimamente asombra a Amalia con su sensibilidad espiritual.

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     Yo casi me concentro y esperaba que Sai Baba me sonriera, sentí la necesidad de subir para limpiar mi espíritu, lástima que no llevaba la escoba de San Martín de Porres, para limpiar el camino, la vía, porque aunque meditaba, me sentía en Tierra por un camino de piedra y arena, el camino era un poco oscuro y de repente llegué al Mar. Sai Baba es generoso, y, a falta de la escoba del Santo de mi amigo, me facilitó el agua, el Mar, uno de los elementos que nos conforma, ya que el agua es especial, nos purifica, nos limpia. Quise bañarme pero ya no estaba frente al Mar, sino en una regresión lejana, en un vapor antíguo, un barco largo que se me venia encima o me volteaba, en él sentí angustia, sentí que en ese barco algo muy malo me pasó, pedí perdón a Dios, a nuestro Padre. Si alguien me había hecho algún mal, sea lo que sea que haya sucedido desapareció; apareció la Virgen en el espacio infinito, y me permitió contemplarla. Veía una luz Morada que se degradaba y se difuminaba, veía flores verdes, los colores eran hermosos en el espacio, y abajo en la Tierra, había jardines con plantas diminutas de color morado, no se si veían pequeñitas, porque yo estaba arriba. El morado se volvía brillante, esponjoso, como copos de luz, que se iban tornando a color lila, rosa y blanco. En la luz blanca apareció una estructura de un hermoso templo, lo veo, siento que bajo y sube un ángel, a lo mejor estaba en la sala de Sai Baba, casa de Amalia, Él nos protegía en esa meditación, donde estábamos, mi amiga Amalia y Yo, y las dos jóvenes que en ocasiones he sentido como mis hijas y un niñito, que me hizo recordar las travesuras de un hermano y querido amigo.

Quise bañarme pero ya no estaba frente al Mar, sino en una regresión lejana

                                                           


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Autor:
Josefasuarez350 (38 noticias)
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Reportaje
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