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Critica: Tres metros sobre el cielo

20/01/2012 04:58
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imageEl fenómeno que ha constituido el autor Federico Moccia y que ha sacudido el mundo de la novela romántica, se ha esparcido como la pólvora, ganándose a miles de fans enardecidos y casi provocando la caída de un puente de Italia (atestado como estaba de candados colocados por personas que pretendían imitar una de las escenas de "Tengo ganas de ti").

No hace mucho que la fiebre de estas novelas ha llegado a España, y ya se ha hecho realidad su primera adaptación cinematográfica con "Tres metros sobre el cielo", el primer libro del escritor italiano, que podemos disfrutar en la gran pantalla, a manos del director Fernando González Molina, desde el pasado 10 de Diciembre.

Y digo "disfrutar" porque, contra todo pronóstico, el film ha superado con creces a cualquier comedia romántica facilona estadounidense que haya podido estrenarse a lo largo del año (y de los dos o tres anteriores, que yo recuerde).

No sólo por el argumento, que supone una ruptura de cánones, una "primera vez" (en muchos sentidos), sino porque esta nueva generación española de actores ha demostrado un talento y naturalidad que más quisieran tener los quarterbacks de todo film de instituto norteamericano, por no hacer mención de la deficiente actuación de los actores italianos que han participado en anteriores adaptaciones de las novelas de Moccia. Sin palabras.

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Así, esta adaptación de "Tres metros sobre el cielo", nos muestra a Mario Casas en el papel de Hache (Step, en el libro), un joven marrullero y rabioso que guarda en su interior una desesperada tristeza desde que, años atrás, su madre le diera la espalda cuando éste se vio inmerso en un grave conflicto.

Chulo y burlón con el mundo que lo rodea, Hache siente cómo su vida se tambalea cuando ve asomarse por la ventanilla de un coche a Babi (María Valverde), una niña rica y estudiosa que vive en un ambiente totalmente diferente al suyo.

Y es allí, en esa joven tan alejada de las brutales carreras de motos y de los actos vandálicos en los que participa su grupo de amigos, donde Hache encuentra su primer amor.

Un amor que no es de película. Una relación que envuelve al espectador, contagiándolo de las emociones de sus protagonistas, haciéndolo partícipe del frío que, poco a poco, se apodera irremediablemente de las cosas. Y así es cómo el público se contagia de la desesperación de ambos jóvenes, que ven impotentes cómo lo que desean con todas sus fuerzas no puede hacerse realidad, cómo el choque entre ambos mundos es demasiado fuerte.

Casi tan fuerte como el impacto que termina con la vida de uno de los integrantes de la historia y que nos hace a todos, como en el libro, llorar con Hache.

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