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Crítica: Elogio de la distancia

01/06/2009 02:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El escritor leonés Julio Llamazares se estrena como co-director junto al cineasta Felipe Vega, para mostrarnos un año en la vida de A Fonsagrada, una pequeña comarca de Lugo que vive al margen de los avances de la vida moderna

Desde un primer momento la cámara nos deja claros los límites del lugar, rodeado de montañas por todas partes (representando esa distancia), para después introducirnos durante hora y media en un mundo a parte de lo que la mayoría conocemos.

La historia se inicia con el taller o herrería en la que se fabrican los chirimbaos, instrumento protagonista de la banda sonora, que resuena en varios momentos del metraje acompañando las diferencias que se observan con el cambio de estación en el paisaje de A Fonsagrada. La riqueza del resto de sonidos cotidianos se mantiene todo el tiempo, usados de un modo inteligente para ayudar al espectador a adentrarse y percibir mejor la historia.

Cada estación tiene como protagonista a un habitante del pueblo: el cartero, la hippie, el hostelero y la veterinaria. Acompañándolos en sus andanzas, vamos conociendo poco a poco su cultura y costumbres, obteniendo así una visión general de lo que es el día a día en un lugar en el que la naturaleza y el hombre conviven en total armonía. Prueba de ello son las imágenes que nos muestra la cámara, especialmente en la historia del cartero, cuya presentación es un plano suyo de espaldas, observando el paisaje de su tierra, en un ejercicio magnífico de integración del elemento hombre y del elemento natural. Cabe mencionar también el momento en que lo vemos dejando la correspondencia en una cavidad junto a la verja de una casa, para luego descubrir que la cavidad forma parte de un árbol que se alza majestuoso. Sólo con esta imagen, el espectador se hace una idea de cómo en A Fonsagrada consiguen hombre y naturaleza convivir con respeto, sirviéndose del bellísimo paisaje que los rodea.

Mientras acompañamos a nuestros personajes, y gracias a la riqueza de planos detalle, vamos haciéndonos una idea de lo que es la vida en lugar donde los hippies se ganan la vida limpiando los campos y preparándolos para la siembra; o en el que los oficios y romerías de antes se viven con la misma ilusión cada año. Uno puede imaginar la labor de observación tan extensa que habrán llevado a cabo los realizadores, para mostrarnos imágenes tan reales y cotidianas que sólo pueden ser fruto de la paciencia, de sentarse a esperar a que la vida ocurra. De ahí nos vienen escenas como la del nacimiento del ternero o la lectura que hacen los niños en clase, ejemplos también del modo de vida humilde que reina en el pueblo. Quizá en contradicción con esto, la cámara capta también un avión surcando el cielo, mostrando así lo cerca y lo lejos que está al mismo tiempo la modernidad de éste pequeño lugar de la Galicia interior. La evolución y la tecnología les rozan sin llegar a tocarlos del todo.

El espectador se hace una idea de cómo en A Fonsagrada consiguen hombre y naturaleza convivir con respeto, sirviéndose del bellísimo paisaje que los rodea

Mientras tanto, se suceden multitud de escenas cotidianas y entrañables, como el divertido episodio del hostelero y su visita a un anciano amigo suyo, que mientras le enseña fotos de su infancia, insiste en disfrutar de una jarra de vino de buena mañana, alabando los beneficios de tan preciado líquido. Tenemos asimismo a un personaje que nos es más conocido en la urbe: la madre que se las apaña para llevar a los niños al colegio antes de irse a trabajar, sólo que en lugar de irse a una oficina, se va a desempeñar su oficio de veterinaria.

La sencillez es la intención primordial en todos los aspectos; como en la fotografía, que lejos de pretensiones y experimentos, está al servicio del realismo que demanda cada objeto, paisaje o personaje. No obstante, esta simpleza no funciona tan bien en el montaje, que si bien es respetuoso con el ritmo de la historia, hace un uso excesivo del fundido a negro que dota de cierta lentitud a la película.

Cuando el documental está llegando a su fin ya no sentimos tanto esa distancia, sino que la comprendemos, a la vez que hemos aprendido a ver también todo aquello que nos acerca a este lugar, y los elementos comunes en ambos mundos: el trabajo diario, las necesidad de rodearnos de los demás o de cuidar de los nuestros, las bajas laborales, la escuela y la guardería a la que acuden cada día nuestros hijos...Y en ese momento resulta muy acertada la frase que se dice casi al final del film: "La distancia es tomarse un tiempo para pensar".

  • Nos gusta: la fidelidad con la que los directores han tratado la realidad del pueblo, logrando un retrato entrañable y digno.
  • No nos gusta: la superficialidad con la trata a algunos de los personajes y los excesivos fundidos a negro.
  • Puede que te guste si viste: siguiendo la misma línea, te gustará si viste la serie documental "Pueblos de España", pues es otra oportunidad de conocer cómo es la vida en un pequeño pueblo, aunque a través de una visión más particular y cuidada.

NOTA: 7 DE 10


Sobre esta noticia

Autor:
Enelcine.es (39 noticias)
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Opinión
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