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Crítica cinematográfica: Una pareja de tres

06/05/2009 20:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aunque haya pasado un tiempo desde su estreno, el buen sabor de boca que me ha dejado "Una pareja de tres" me lleva a comentarla con un poco de detalle.

Una pareja de tres me sorprendió mucho cuando la vi. Si ves el cartel y los trailers, parece una comedieta de estas "con perro", una versión pijilla de "Beethoven" a juzgar por sus protagonistas, Owen Wilson y Jennifer Aniston. Y eso es lo que me esperaba cuando me senté en la butaca del cine con mi novia, y no es que me queje porque a mí las comedias románticas me gustan de cualquier pelaje (corazón sensiblero o idiota irredento, llamadme como queráis, que poco me importa). Es más: no me pierdo una de Hugh Grant. Que para muchos este tío tiene delito y demás, pero para mí tiene gracejo y participa en películas, cuanto menos, divertidas.

Pero divago. Una pareja de tres no es una comedia de un matrimonio perfecto con un perro que es todo un trasto; es una dramedia, término que robaré sin tapujos a mis colegas de la televisión, porque la película puede llegar a crear una sensación rara en el cuerpo. Os dejo con el trailer antes de empezar con los SPOILERS:

Esta película trata de cómo John Grogan se casa y se hace adulto, de cómo la vida pasa sin que te dés cuenta y tus planes cambian y de repente, algo te da una palmadita en la espalda y te dice: Oye, que tienes ya 40 años, una mujer y tres hijos. Eres un adulto de tomo y lomo, ¿te das cuenta?

Al principio sí, el tono es muchísimo más desenfadado. John Grogan se casa con su mujer, Jenny, y consigue un trabajo como periodista. Al poco de estar casados, y para evitar la llamada del reloj biológico de ella, John decide comprar un perro, Marley, que resulta ser todo un mamoncete pero que acaba cayendo en gracia a la pareja. Se suceden diversos gags sobre cómo el perro la monta, hasta que llega el primer golpe: deciden tener un hijo, pero por desgracia, ella aborta.

¿Pero esto no era una comedia?

Claro. Y un drama. Porque John se descubre teniendo no un hijo, sino dos, y luego tres. Y es columnista, lo que le permite mucha libertad a la hora de escribir, pero siempre tiene la sensación amarga de que quiere ser reportero, plan que se fustra cuando nace su primer hijo. No tiene amigos, excepto un colega de universidad mujeriego al que mira constantemente entre la devoción y la incredulidad porque él es reportero y hace esas cosas que le gustaría hacer a él.

No es una película tan amable como pueda parecer: es como si espiáramos al protagonista por un agujerito. Y hay momentos dulces, y momentos amargos. Como la vida misma, vamos.

Después se mudan a un barrio más tranquilo, pero es demasiado idílico y John vuelve a sentirse insatisfecho. Y más tarde, se vuelven a mudar, pero esta vez a Pennsylvania; el clima es frío, y obtiene un trabajo como redactor de noticias que tampoco le llena del todo. La mejor escena tiene lugar ahí, cerca del final, cuando John se topa con su colega el reportero después de muchos años sin contacto: hablan un rato, se miran, descubren que siguen siendo los mismos de hace quince años, y se van. Así leído suena hasta sosa, pero la escena hay que apreciarla en su conjunto porque vale oro.

Entonces, la revelación la tienes tú. Esta película (y seguramente, el libro en el que está basado) trata de mostrarnos la vida de una persona tal y como es, como si les espiáramos por un agujerito. Por supuesto, hay altos y bajos; de hecho, Grogan se pasa medianamente insatisfecho la mitad del metraje. Piensa incluso en abandonar, en cierto momento. Pero es feliz a su manera, busca serlo, y tiene casi todo lo que podría pedir.

A la veracidad del conjunto contribuyen los actores, que están increíbles: tanto Owen Wilson como Jennifer Aniston tienen química y se transforman en sus personajes hasta el punto de que dejas de ver a las estrellas para ver al matrimonio Grogan.

¿Y el perro? Es el hilo conductor del filme. Tanto es así, que cuando muere de viejo, la película termina sin atar algunos de los cabos sueltos, por ejemplo: en una escena, uno de sus hijos le dice a John que podría hacerse un libro a partir de sus viejas columnas, y si no llegas a ver que Una pareja de tres está basado en un libro, ni sabes qué ocurrió al final con dicha sugerencia.

En resúmen, la película merece la pena verla. Y no sólo por ser un rara avis en el mundo de las comedias románticas norteamericanas, sino porque tiene un valor humano muy alto. Vale, es posible que odiéis esa denominación tan manida tanto como yo, pero sabed que, durante dos horas, seréis John Grogan y no lo lamentaréis: reiréis, lloraréis.

Esta película no es una tontuna romántica al uso, sino un retrato de cómo su protagonista se hace adulto.

Como la vida misma, vamos.


Sobre esta noticia

Autor:
Seth Fortuyn (7 noticias)
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Tipo:
Opinión
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